Ángel García Rodríguez: "Los gobiernos tienen que dejar de pisar tanta moqueta"

El padre Ángel nos recibe en un despacho que parece un escenario de Cuéntame. Es, claramente, un hombre de acción y tiene poco tiempo para la entrevista, de modo que encendemos rápidamente la grabadora. Para quien aún no lo sepa, este sacerdote fundó en 1962 la que con el tiempo se convertiría en una de las ONG más populares de España, Mensajeros de la Paz (MDP). A lo largo de más de medio siglo de trabajo social, la organización ha ampliado su campo de batalla y hoy está presente en más de 50 países. Un legado de humanidad con mucho futuro por delante.

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360: MDP lleva más de 50 años trabajando por la paz y la justica social. ¿Cuáles han sido sus principales logros?

Padre Ángel: Sobre todo sensibilizar a la población. Un mundo mejor es posible, y no son solo los curas y las monjas los que pueden hacer un mundo mejor, sino todos los ciudadanos. Además, nunca en la historia de la humanidad ha habido tanta solidaridad como ahora, y eso se debe al trabajo de los políticos -hay que reconocerlo- pero también al de las ONG y de las fundaciones que trabajan por mejorar la sociedad.

360: ¿Y qué desafíos tiene MDP por delante?

P.Á.: Siempre son cosas muy genéricas: que haya paz, trabajo y vivienda para todos… Todo eso se da por entendido. Pero el principal objetivo es que la gente se entienda. Hoy las guerras ya no son de bombas (aunque las hay, por desgracia, como en Irak o en Gaza). Hay mucha guerra dialéctica y mucha guerra de soberbia, especialmente en política, pero también en la Iglesia, en las empresas. Incluso en las familias ahora se mira si manda más el hombre o la mujer…

360: La pobreza y la desigualdad se han recrudecido en los últimos años. ¿Qué pueden hacer nuestros gobiernos para transformar esta tendencia?

P.Á.: Primero dejar de pisar tanta moqueta, no estar tanto en los despachos y pisar la realidad. Es muy curioso que muy pocos gobernantes y políticos hayan ido a comedores sociales, a verlos e incluso a comer algún día. Muy pocos han ido a las empresas y a las fábricas, aparte de para inaugurarlas y “poner el banderín”. Hay que pisar la tierra, ya lo dice el Papa Francisco. Hay que salir a la calle, abrir las ventanas… Ahora en la Iglesia se han abierto las ventanas, pero en los congresos y senados siguen estando cerradas.

360: Uno de los ejes de la actuación de MDP es la infancia. ¿Cómo ayudan a mejorar las vidas de los pequeños con más necesidades?

P.Á.: Sobre todo con comedores, con trabajos sociales, con educación, ayudando en las escuelas… A veces incluso pidiendo que no les desahucien, pagando la luz o el alquiler para que no les echen a la calle. Esto es lo más elemental. A la Madre Teresa de Calcuta a veces la criticaban porque decían que solamente se dedicaba a “dar de comer”, diciendo que lo que había que dar era la caña. Y ella decía que los listos fueran preparando la caña pero que ella les daría de comer para que pudiesen cogerla. Hay que hacer proyectos y leyes, pero lo más importante es vivir: que no haya guerras, que no se muera la gente de hambre. Que haya millones de personas que pasan hambre y necesidad es para echarse a temblar. 360: Ustedes viajan con frecuencia a zonas de guerra. ¿Cree que es viable la paz en zonas de conflicto “eterno” como la franja de Gaza o Irak? Siempre hay que tener esperanza, pero cuando uno lleva tantos años yendo a sitios que siguen en guerra, intentan quitártela. Yo sigo teniendo esperanza, principalmente, porque es necesaria, todos la queremos.

360: Vivimos momentos de cambio, también en la Iglesia. ¿Cómo valora las políticas aperturistas del Papa Francisco?

P.Á.: Hacía falta, es una bendición de Dios. No hay por qué decir que los de antes eran más malos, o más feos, o más guapos. Dejemos a cada época lo suyo, porque si ha habido alguna mala época en la Iglesia fue hace muchos años, cuando hacían Papa al sobrino del Rey, o del que fuera. Esta es una época preciosa. Muchos no están de acuerdo porque querrían seguir siendo los mismos, pero esto también pasa en la sociedad. Hay muchos que no quieren irse del despacho nunca.

360: Y si ponemos el foco en España, ¿qué cambios debemos acometer con más urgencia?

P.Á.: Principalmente en lo social. Ahora que hay elecciones, deberían crear un Ministerio de la Familia. No es posible que al Ministerio de Bienestar Social le den tan poca importancia que lo tengan que “arrimar” a Trabajo, Cultura e incluso Obras Públicas. También pasa lo mismo con las Consejerías. De ahí que le estemos pidiendo al Gobierno que le dé la importancia que tiene a la familia: la infancia, los jóvenes, los mayores…

360: El sector privado puede jugar un papel muy relevante a la hora de enfrentarnos a problemas sociales o medioambientales. ¿Deben pasar las empresas de la filantropía y la acción social a una estrategia social ligada directamente a su gestión?

P.Á.: Las empresas lo que tienen que hacer es crear puestos de trabajo y ganar dinero para reinvertirlo. Las empresas no son ONG. Algunas veces las ONG queremos ser empresas y las empresas ser ONG. Las instituciones hacen fundaciones, no se para qué, y las fundaciones hacen empresas… Si su empresa es una cervecera, pues hágala bien y dedíquese a crear puestos de trabajo, pero también tenga en cuenta su responsabilidad social. Hay pocas empresas hoy que no lo tengan en cuenta: ayudan a fundaciones, a las familias de los trabajadores… Esta es una cultura preciosa que no existía antes. Cantiflas decía: “Yo no quiero que se acaben los ricos, yo quiero que se acaben los pobres”.

360: Su organización está formada por miles de voluntarios. ¿Qué cree que aporta el voluntariado a nuestras vidas?

P.Á.: Nos hace más persona, más hombre. Cuando la persona hace el bien al otro le hace más feliz. Ir a la cama y pensar en que has hecho una obra buena, en a quién has hecho sonreír, vale más que decir que has hecho una operación y has ganado mucho dinero.

360: Desde su Teléfono Dorado ayudan a miles de ancianos que se encuentran en una situación de soledad. ¿Los nuevos hábitos culturales dan la espalda a los más mayores?

P.Á.: Sí, la soledad es la peor enfermedad que tenemos. La madre Teresa decía que causa más muerte la soledad que cualquier otra enfermedad. Y la soledad se puede curar con compañía. Llevamos más de siete millones de llamadas. Y la gente no llama para pedir una beca, ni una pensión: llaman porque se sienten solos. Antes se hablaba con la telefonista, pero como ahora hay contestadores, ya ni eso [risas].

360: ¿Qué le ha aportado Mensajeros de la Paz?

P.Á.: Me ha aportado felicidad, en cuanto a que me ha permitido hacer lo que me gusta. Es como si le preguntases a un padre qué le aporta el ser padre: pues tener un hijo es lo más importante. Por la sonrisa de un niño merece la pena la vida de un hombre. También la oportunidad de poder hacer algo y de saber que no todo está perdido.

360: ¿La solidaridad se agudiza en tiempos de crisis o tenemos una actitud más egoísta?

P.Á.: La crisis ha aumentado la demanda de ayuda pero también los ofrecimientos, la generosidad, el ponerse en el lugar del otro. Todo lo que hacemos es posible gracias a la generosidad de muchas personas y al trabajo de los voluntarios. He de decir que la mayoría de nuestros voluntarios son personas en paro. Los españoles estamos dando al mundo una lección de civismo, de generosidad, de unión ante la adversidad.

360: ¿Qué mensaje quiere trasladar a los ciudadanos?

P.Á.: Ante nosotros está la mayor y más hermosa aventura que se pueda imaginar, el hacer cada día un mundo mejor para todos. La solución a los problemas del mundo es la solidaridad. Amar y dejarse amar… Créanme, ése es el secreto, ésa es la auténtica felicidad, y también es la verdadera esencia del ser humano.

Etiquetas: Entrevista

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