El ocio, un derecho de todos

Pese estar reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos, el disfrute del tiempo libre no es igual para todo. Más de la mitad de las personas con discapacidad encuentran limitaciones.

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Alberto García apenas oye lo que sucede a su alrededor. Debido a una lesión infantil, ha perdido el 95% de su capacidad auditiva. Alberto es un apasionado de las películas. Stanley Kubrick y Steven Spielberg son sus dos directores fetiche. Pero no pudo disfrutar de la pasada edición de la Fiesta del Cine, que se celebra cada año en Madrid. Durante tres días, muchas salas de la capital abren sus puertas a un precio irrisorio, y logran que el séptimo arte sea mucho más accesible para todos. Menos para personas como Alberto. "Ninguno de los cines en los que proyectaban las películas que me interesaban ofrecían subtítulos o bucle magnético [un sistema que reduce el ruido de fondo para que la gente con audífono pueda escuchar con claridad]".

 

El caso de Alberto se repite en muchos escenarios de ocio: no están preparados para personas con algún tipo de discapacidad. En una sociedad como la nuestra, en el que prima la idea distorsionada de que la realización se consigue por medio del trabajo y el éxito profesional, tendemos a ver el tiempo libre como algo frívolo y superficial, y nada más lejos de la realidad; está recogido en el artículo 24 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: "Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo (...)".

 

Si se trata de un derecho fundamental y universal, debería garantizarse su realización. Pero no es así. Por desgracia, hoy, el ocio sigue siendo un elemento de desigualdad. En caso concreto de Alberto, existe desde 2007 un Ley de Cine que obliga a las salas a facilitar el acceso y disfrute a personas con discapacidad. Sin embargo, no contempla las medidas especiales para sordos. "Su normativa de desarrollo es contraria al artículo 30 de la Convención sobre los Derechos de las personas con discapacidad", denuncian desde la Confederación Española de Familias de Personas Sordas (Fiapas), "que establece que los Estados miembros adoptarán todas las medidas pertinentes para asegurar que las personas con discapacidad tengan acceso al material cultural en formatos accesibles, así como a lugares donde se ofrezcan representaciones o servicios culturales tales como teatros, museos o cines".

 

Los recintos de ocio suelen primar a las personas con movilidad reducida. Instalan rampas cumpliendo, en muchos casos, la normativa actual. Pero se olvidan de que hay muchas personas con otro tipo de discapacidad. Recientemente, en el concierto de Antonio Orozco de la Plaza Mayor de Salamanca, les negaron la entrada a la zona reservada a dos invidentes porque estaba llena de sillas de ruedas. "Es un error pensar que la movilidad reducida la tienen solamente las personas que van en silla", reclamaba uno de ellos después en la redes sociales.

 

Lo cierto es que se ha avanzado en este sentido. Bien sea por las nuevas normativas, bien por la creciente incidencia de la responsabilidad social corporativa en el sector privado, las empresas de ocio toman cada vez más conciencia de la necesaria adaptación de sus servicios a personas con discapacidad. Pero aún queda mucho por hacer, como advierten desde Discapnet, plataforma digital dirigida a este colectivo: "Las personas con diversidad funcional se encuentran a menudo con la barrera de un turismo o espacios de ocio no accesibles. Una escalera, la falta de rampas, baños no adaptados, pueden ser la barrera infranqueable, para que una persona con diversidad funcional no pueda disfrutar libremente de los espectáculos u oportunidades de ocio que se ofertan". Los responsables de la plataforma reconocen, no obstante, que "afortunadamente, cuando se construye un nuevo espacio, cada día más se piensa más en que sea accesible para todos. Cada día se lanzan más ofertas de ocio y turismo accesible. De esta forma no se limita su utilización ni a unas ni a otras personas".

 

Hay mucho margen de mejora: la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social preveía, el pasado 4 diciembre, la consecución del acceso universal "en todos los entornos, productos y servicios". Hoy sigue sin cumplirse. En la última encuesta de Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre integración social y salud, el 69% de las personas con discapacidad denunciaron limitaciones a la hora de acceder a "actividades de ocio y culturales".

 

Desde el Grupo de Investigación de Excelencia sobre Discapacidad de la Junta de Castilla y León, resaltan la importancia del disfrute pleno del tiempo libre en este colectivo: "No deben entenderse las actividades de ocio con fines terapéuticos; antes bien, el ocio es un derecho de las personas con discapacidad de disfrutar de su tiempo libre y como un indicador de calidad de vida". Y concluyen: "Por lo tanto, los servicios y programas que se ofrezcan deben estar orientados hacia la normalización y la participación en la comunidad".

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