La inclusión social a través del deporte

El deporte puede ser algo más que un juego. Puede ser un elemento unificador, de autoestima y generador de relaciones sociales. Analizamos por qué la actividad deportiva es una buena herramienta de inclusión y cohesión social.

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Nunca antes había jugado al béisbol. Tampoco había oído hablar de Canadá. Y, mucho menos, se había subido antes a un avión. Larissa jamás se imaginó en su Siria natal que algún día cogería un bate y jugaría al béisbol en un equipo mixto junto a chicos y chicas de otras nacionalidades.  “Entrenamos los martes y jueves, y jugamos partidos los fines de semana. Los sábados y domingos también tengo que madrugar, pero no me importa, porque me gusta el béisbol y me encanta mi equipo. He hecho muchos amigos”, afirma encantada esta niña siria de 11 años, ojazos verdes y una sonrisa que desarma. 

Hace poco más de un año, Larissa y su familia llegaron a Canadá vía Líbano huyendo de la guerra que está devastando su país de origen. Aterrizaron en Toronto un frío día de invierno, sin hablar una sola palabra de inglés, y con muchas esperanzas e ilusiones en su equipaje. “Tanto la familia que nos patrocina como la organización que nos ayuda con los trámites nos animaron a buscar actividades que nos gustaran y que nos hicieran integrarnos con más facilidad en esta nueva sociedad. El deporte fue una de las alternativas que más nos gustó a mis dos hijos mayores y a mí”, recuerda Kadan, padre de Larissa. Porque el deporte, además de un actividad física entretenida y uno de los fenómenos sociales más relevantes, es una gran herramienta de inclusión y cohesión social, especialmente para los colectivos más desfavorecidos: inmigrantes, personas con algún tipo de discapacidad, en riesgo de exclusión social, mayores... 

La actividad deportiva funciona en muchas ocasiones como un gancho motivacional para que ciertos individuos y colectivos accedan a diferentes ambientes sociales en los que de otra manera sería complicado intervenir, explican los educadores del Centro Fundación Rafa Nadal (CFRN), organización que ayuda en España a niños y adolescentes socialmente desfavorecidos que corren el riesgo de quedar excluidos de la sociedad. “El deporte no solo es actividad física en sí misma, sino mucho más. Significa pertenecer a un grupo de iguales, mejorar como persona y favorecer las relaciones interpersonales, prevenir los malos hábitos y facilitar la socialización con el entorno”, señala su directora de Proyectos, María Francisca Perelló. 

Debido a los beneficios psicológicos, socio-afectivos y de inserción social, a través del deporte se puede desarrollar la personalidad de los individuos y ayudarlos a superar con más facilidad dificultades relacionadas con el entorno que los rodea. Esto hace que luego se sientan más capacitados para realizar las mismas tareas de esfuerzo y superación en la vida cotidiana, y se produzca un innegable crecimiento personal. Este es el motivo por el que muchas personas encuentran en las disciplinas deportivas una especie de refugio o vía de escape. “El placer de pertenecer a un grupo y su reconocimiento social es, junto con el sentimiento de esfuerzo y superación conjunta, muy gratificante”, señalan los educadores del CFRN.

El deporte y la actividad física son vehículos que ayudan a derribar barreras y a conseguir sociedades más inclusivas e igualitarias. Ya lo dijo Nelson Mandela: “El deporte tiene el poder de transformar el mundo, de inspirar, de unir a la gente como pocas otras cosas. Tiene más capacidad que los Gobiernos de derribar barreras sociales". 

Una poderosa herramienta de unión

Según el Libro Blanco del Deporte de la Comunidad Europea, este puede desempeñar un papel destacado en programas de ayuda exterior, en el diálogo con países asociados a la UE y como parte de la diplomacia pública europea. A través de acciones concretas, el deporte ofrece un potencial considerable como herramienta  para promover la educación, la salud, el diálogo intercultural, el desarrollo y la paz.

Se trata de un gran medio de socialización que fomenta hábitos buenos y saludables, y permite que las personas en riesgo de exclusión formen parte activa de la sociedad. “La práctica deportiva es una poderosa herramienta socializadora, ya que da lugar al encuentro de personas con hobbies en común, lo cual es siempre un buen punto de partida y hace que nazcan relaciones sociales entre nuestros beneficiarios”, explica Marta Navarro, coordinadora de Programas Deportivos de Fundación Deporte y Desafío, una organización que trabaja por la integración social de personas con discapacidad física, intelectual y/o sensorial a través del deporte. 

Mediante la promoción de la actividad física, aumenta la libertad de las personas y crece la autoestima, promoviendo su independencia y ayudándolas a descubrir su potencial social, mental y deportivo. “Somos seres sociales y tener redes sociales de apoyo favorece a una vida más saludable, especialmente importante a nivel psíquico. Sabernos acompañados, tener cerca gente que empatiza con nuestras dificultades, nos ayuda a enfrentar los problemas cotidianos”, añade Navarro. 

“El deporte es una herramienta fundamental para el desarrollo de cualquier individuo o sociedad”, señala la directora de Proyectos de la Fundación Rafa Nadal. “Permite obtener unos valores, una disciplina y, sobre todo, un desarrollo personal y social que mejora al individuo en sí y sus relaciones. Las personas que viven en situación de vulnerabilidad o riesgo social son las que más lo necesitan y, gracias al deporte, podemos equilibrar un poco esta balanza de desigualdad en nuestra sociedad”. 

El deporte no hace distinciones entre raza, sexo u origen. No discrimina credo, estrato social o convicción ideológica. “En una competición, ya sea de manera oficial o simplemente en un juego en la calle, todos partimos del mismo punto y con las mismas condiciones frente al deporte. Por eso, es una gran herramienta que favorece la inclusión social”, apuntan los educadores del CFRN. 

Transmisión de valores

Naciones Unidas subraya que el deporte es un foro de aprendizaje de cualidades como la disciplina, la confianza o el liderazgo, además de una enseñanza de principios básicos como la tolerancia, la cooperación o el respeto. Forma a las personas a ser mejores a través de valores como la responsabilidad, la honestidad o la empatía, todos útiles para desenvolvernos en el día a día, no solo en las prácticas deportivas.

“Los valores que fomenta el deporte pueden provocar cambios a nivel social: trabajo en equipo, vida saludable, respeto y compañerismo, exigencia, constancia, superación. Sin duda, valores todos ellos válidos para provocar un cambio social en ambientes donde haya situaciones de vulnerabilidad o riesgo de cualquier tipo”, apunta Navarro, de Fundación Deporte y Desafío. Como señala la Guía de Deporte, Actividad Física e Inclusión Social del Consejo Superior de Deportes, son muchos los papeles que este puede desempeñar a la hora de detectar, reconocer y buscar soluciones a los distintos problemas que radican detrás de las situaciones de exclusión social. Aunque –remarca– no cambia los problemas sociales per se

Una cosa es innegable: cómo ayuda a resistir los procesos de exclusión e invertir el sentido de estos, y su carácter unificador y de resolución de conflictos. Algunas de las repercusiones más interesantes son las extensas implicaciones sociales y culturales que conlleva, como el fomento de las relaciones entre iguales, la comunicación entre desconocidos o los contactos e intercambios. Es lo que se denomina capital social. 

Efectivamente, se trata de un elemento importante en la generación de relaciones sociales. Pero es también una disciplina en la que entra en juego la competitividad, un arma de doble filo. “El deporte es muy bueno para ayudarnos a transmitir aquellos valores que nos ayudan a jugar mejor y ganar al otro (instrumentales). Pero es más difícil cuando intentamos transmitir valores que nos identifican emocionalmente con el contrincante (éticos)”, explica Javier Durán, profesor de Ciencias Sociales de la Actividad Física, del Deporte y del Ocio, y experto en el deporte como medio de transmisión de valores. Desde su punto de vista, el deporte no deja de ser competición y en ese contexto es muy difícil la identificación emocional. “Para ello, hacen falta muy buenos educadores y profesionales que no quieran solo tener buenos deportistas, sino también buenas personas”.

Impulso institucional

Con el fin de impulsar el acceso universal a una práctica deportiva de calidad, el Consejo Superior de Deportes –en colaboración con las Comunidades Autónomas, entidades locales, universidades y con la participación del sector privado– ha puesto en marcha el Plan Integral para la Actividad Física y el Deporte (Plan A+D). Se trata de un documento que recoge objetivos, ejes estratégicos, programas y medidas para el periodo 2010-2020 y que tiene en cuenta cuatro principios fundamentales: la relación de la actividad físico-deportiva con la salud, la práctica deportiva y su relación con la educación, la igualdad efectiva de género y el deporte como elemento de cohesión social. 

Pese a esta iniciativa gubernamental, muchas voces afirman que todavía es necesario más impulso institucional que fomente el deporte como herramienta de inclusión y cohesión social. “Deberían abrirse las puertas a todos los colectivos, adaptar instalaciones (colegios, universidades, centros deportivos) y reglamentos. Fomentar el deporte desde la más temprana edad sería un agente socializador muy potente para todos”, opina la coordinadora de Programas Deportivos de Fundación Deporte y Desafío.

Desde su punto de vista, es difícil impulsar el deporte inclusivo en una sociedad que todavía deja de lado a colectivos minoritarios. Una opinión que también comparten desde la Fundación Rafa Nadal, para quienes las instituciones públicas deben favorecer más en el deporte a personas con discapacidad o a las barriadas más desfavorecidas de las ciudades. “Muchas de estas barriadas caen en el olvido institucional y carecen de servicios y espacios para la práctica deportiva. Son necesarios programas adecuados que impulsen el desarrollo de estas zonas de manera continuada para llegar a observar cambios, modificar hábitos o inculcar valores duraderos”, opinan los educadores de la organización.

Las entidades privadas, por sí solas, no pueden llevar a cabo todo ese trabajo que impulse, establezca y desarrolle iniciativas deportivas que produzcan cambios sociales notables y duraderos. Es imprescindible que las instituciones públicas apoyen y respalden económicamente dichos proyectos. “Más que impulso, lo que hace falta es compromiso ético por parte de las instituciones. Falta impulso comprometido”, opina el profesor Durán. 

Compromiso es lo que no le falta a Larissa, que estaba deseando que empezara la nueva temporada de béisbol para poder reunirse con su equipo. “Este juego la ha ayudado a hacer más fácil la transición y a encontrar algo que de verdad le motiva”, explica su padre, Kadan. “El año pasado quedamos los segundos, pero este año vamos a ganar la liga”, concluye Larissa entre risas.

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