Profesionales sanitarios y solidarios

Fundación Talita Aragón reivindica que las personas con Síndrome de Down no son eternos niños, y trabaja en iniciativas orientadas a lograr una integración de la discapacidad en la que la discriminación positiva se diluya por no ser necesaria.

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Fernando Gasca, profesional de DKV y fundador de Talita Aragón, es un ejemplo de cómo se puede compaginar la labor médica con la solidaridad. Porque la solidaridad es saludable y una cualidad que demuestra quiénes somos, cómo somos, qué valores tenemos y defendemos. Es nuestro valor añadido, un diferencial sin igual.

Hace varios años se constituyó Fundación Talita Aragón, fruto de la coincidencia de dos familias en tener un hijo con discapacidad intelectual. La intención de estas familias fue dotar a sus hijos de una vida plena con un proyecto personalizado, un proyecto vital propio, y vieron en Talita Fundación Privada (Barcelona) un ejemplo para aplicar en Aragón.

Fernando y su mujer prepararon su vida para recibir a Pablo como lo hacen otros padres y aguardaron con ilusión el día en que verían la cara por primera vez a su bebé.

Se plantearon los retos que supone la paternidad y sintieron la responsabilidad por una nueva vida que traían al mundo. Pensaron en cómo crecería Pablo, en sus primeros pasos, sus primeras palabras, su primer día de colegio, sus compañeros dentro y fuera de las aulas y su integración en el entorno laboral.

Ellos sabían que, como todos los niños, Pablo tendría que convivir con la diferencia y que, para ello, para poder potenciar sus capacidades únicas, necesitaría un acompañamiento real y efectivo que le permitiera crecer y desarrollarse.

Cuando Pablo nació, una de las inquietudes de Fernando y Elena era el futuro escolar de su hijo, ya que, hoy por hoy, no está garantizado el apoyo a escolares con necesidades educativas especiales en cualquier colegio.

La educación, la revolución silenciosa

El principal proyecto de la Fundación es el aula itinerante, un acompañamiento educativo que realizan educadores de la Fundación en las escuelas ordinarias, para apoyar a los alumnos en sus necesidades educativas específicas, dentro de su horario y dentro del entorno escolar. Desde la Fundación se atiende a familias con niños con discapacidad intelectual o necesidades del aprendizaje tales como el Síndrome de Down, TGD (Asperger, Autismo), retraso mental, parálisis cerebral, distrofia muscular, trastornos motrices, Síndrome de Williams, Síndrome de X frágil, Síndrome de Giles de La Tourette, trastornos conductuales, trastornos adaptativos y relacionales, TDAH (Trastorno por déficit de atención-hiperactividad), retrasos globales madurativos, trastornos del desarrollo o dislexia.

Fernando compagina su labor como padre y en la Fundación con la de médico de familia en Zaragoza. Su experiencia le permite tener una visión de la discapacidad muy crítica y a la vez con grandes perspectivas. “A todos se nos llena la boca con los derechos de las personas con discapacidad intelectual, pero ¿qué hacemos al respecto?” Fernando asegura que se ha avanzado mucho en la integración de las personas con discapacidad intelectual en el ámbito de la educación gracias a la lucha diaria de las familias y al apoyo de entidades como DKV, pero falta que esta integración sea efectiva también en el plano social. “Las personas con discapacidad intelectual ven en el trabajo la posibilidad de realizarse; son muy cumplidores, buenos compañeros y muy agradecidos”, asegura, “pero todavía hay muchas barreras que debemos superar”.

El primer paso, asegura, es trabajar para que la discapacidad no se vea en la sociedad como un eterno luto. “Estamos predispuestos negativamente hacia la discapacidad”, comenta el padre de Pablo. “Tenemos que aprender a tratar a las personas con discapacidad, ser pacientes y saber escuchar en lugar de tratarlos como a eternos niños”.

Pablo tiene 6 años y va a un colegio ordinario, donde cuenta con materiales adaptados a su ritmo de aprendizaje. Cuenta con un refuerzo en el aula, un profesional de la Fundación Talita Aragón que le acompaña en los momentos que se valora que son necesarios. Pablo tiene la suerte de contar con una familia y un entorno que hace favorable su desarrollo de una manera normalizada, aportando apoyos de todo tipo (apoyo en el aula, formación para los profesionales que trabajan con él, formación y apoyo para sus padres, formación e información para los padres de los niños que conviven con Pablo, etc.), siempre teniendo en cuenta su dignidad como persona.

Sus padres han querido compartir lo que han aprendido sobre qué es lo mejor para él con otras familias que también estaban desorientadas ante la discapacidad. Hoy Pablo juega feliz con sus dos hermanos y va construyendo su futuro paso a paso, como uno más.

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