Normativa de accesibilidad: ¿por qué no se cumplen con mayor rigor?

«Si uno no vive la discapacidad o situaciones de movilidad reducida en su propia persona, o en familiares directos y amigos, las actuaciones de inaccesibilidad no se perciben», escribe en esta tribuna Enrique Rovira-Beleta, arquitecto experto en accesibilidad.

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Nuestra sociedad española, europea y mundial está envejeciendo. Se calcula que en el año 2030 un tercio de la población española será mayor de 60 años. Las expectativas de vida aumentan gracias a los avances médicos y tecnológicos. Por ello, es muy necesario que, sin falta, se implementen los requerimientos de la normativa de accesibilidad en todas las actuaciones que se realicen en nuestras ciudades, pueblos y en todos los productos y servicios que nos rodean y que utilizamos a diario. De este modo, podemos conseguir mejorar la calidad de vida de toda la población; con un diseño accesible, normalizado y de uso habitual para todos.

Personalmente, propongo que la accesibilidad bien realizada pase desapercibida para la mayoría de usuarios, excepto para aquellos que la necesiten. Por ejemplo, como responsable de la accesibilidad en el Comité Organizador de los Juegos de Barcelona’92, supervisamos las instalaciones deportivas olímpicas –que fueron también paralímpicas–, y las viviendas de la Villa Olímpica que posteriormente algunas fueron la Villa Paralímpica. Hoy en día todo el mundo las utiliza de forma normalizada sin apercibirse de su accesibilidad.

Normativa de accesibilidad, una necesidad invisible para muchos

Este siglo XXI es el de la arquitectura accesible para todos, especialmente para la gente mayor, porque hoy en nuestras familias, los abuelos son más mayores y, con el paso de los años, más dependientes. Cuando llegan las vacaciones estivales, muchos no pueden estar unos días de vacaciones con sus familiares directos debido a los inconvenientes que se encuentran cuando dejan su vivienda y entornos habituales. ¿Es posible que puedan ir al pueblo con nosotros? ¿Y al hotel, o al camping, o a nuestra segunda residencia, o acompañándonos en el viaje? La respuesta más común es que no, ¡debido a que no son accesibles para ellos!

Hoy el número de «vehículos privados con ruedas» ha aumentado, sobre todo en ciudades y pueblos con calles y vados accesibles y carril-bici: coches, motocicletas, bicicletas, segways, escúters, triciclos con o sin motor… facilitan la movilidad y los desplazamientos a sus usuarios con el mínimo esfuerzo. También las empresas de transporte público, municipales o privadas, están mejorando la accesibilidad de sus vehículos, paradas y señalización, tanto en bus como en metro, tranvía, taxis o autocares. El objetivo de que sean más cómodos y seguros para sus clientes, especialmente personas con discapacidad y/o de movilidad o comunicación reducida.

Cómo cumplir mejor la normativa de accesibilidad

Entonces, ¿por qué no se cumplen con mayor rigor los requerimientos de la normativa de accesibilidad existente en nuestro país? Seguramente sea porque si uno no vive la discapacidad o situaciones de movilidad reducida en su propia persona, o en familiares directos y amigos, entonces estas actuaciones de accesibilidad no se perciben. Por ello hay tantas rampas-«toboganes», con una pendiente muy acusada, pero que la mayoría de personas las superan sin darse cuenta de esta circunstancia. En cambio, las personas con discapacidades motóricas y, sobre todo, usuarias de silla de ruedas no pueden. Para evitar estas situaciones, propongo cinco consejos:

  1. Mejorar la formación sobre accesibilidad en todas las carreras universitarias, especialmente en Arquitectura, Ingeniería, Diseño y Ciencias de la Salud. Actualmente, la UIC Barcelona-School of Architecture es la única universidad en España que imparte una asignatura obligatoria de accesibilidad y un postgrado en accesibilidad online interactivo.
  2. Mejorar la información existente sobre la accesibilidad de cada población, dirigida al público en general, mediante páginas web y nuevas tecnologías accesibles.
  3. Aumentar las sanciones por el incumplimiento de las normativas de accesibilidad vigentes.
  4. Aumentar las subvenciones para premiar la  realización de actuaciones que superen los requerimientos normativos.
  5. Impulsar un nuevo sello de calidad que certifique el nivel de accesibilidad, otorgado por instituciones gubernamentales, colaborando con Colegios de profesionales especialistas en accesibilidad.

(*) Enrique Rovira-Beleta es arquitecto y director de la Consultoría Rovira-Beleta sobre Accesibilidad.

Etiquetas: Discapacidad Urbanismo