Fast food y contaminación ambiental

La comida rápida causa un gran impacto en el medio ambiente. Como demuestran muchos estudios, desde la materia orgánica su hasta envoltorio son una fuente continua de residuos.

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La hamburguesa que sirven en un establecimiento de comida rápida suele pesar, de media, 125 gramos. ¿Es esto suficiente para relacionar el fast food y contaminación ambiental? Pues sí. Producir ese mismo trozo de carne supone la emisión de 2,5 kilos de gases de efecto invernadero a la atmósfera: unas 20 veces más, en su mayoría, de dióxido de carbono. Provienen de las diferentes fases del proceso de producción, desde el propio metano que expulsan las vacas hasta el combustible utilizado para transportar las hamburguesas al destino final. Si añades patatas fritas –algo habitual en este tipo de menús–, son 2,2 kilos más. A esa huella hay que sumarle que la producción de esos 125 gramos de ternera ha supuesto un consumo de unos 2.400 litros de agua, en su mayoría invertidos en los campos de cultivo para alimentar al rumiante.

  1. Fast food y contaminación ambiental según datos oficiales 
  2. Las pizzas al horno y las talas de árboles
  3. La composición de sus envoltorios puede resultar tóxica

Fast food y contaminación ambiental según datos oficiales 

Son datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación), que alcanzan cifras difícilmente asumibles si las ponemos en contexto: según datos de la propia McDonalds, la empresa vende unas 75 hamburguesas por segundo en todo el mundo. Desde que se fundó en 1940, han vendido más de 100.000 millones. Ese volumen de negocio requiere más de 25 millones de vacas al año para satisfacer la demanda. 

Las hamburguesas, por su indiscutible popularidad, son un buen indicador del impacto en el medio ambiente de lo que hoy se conoce como comida rápida o fast food en su denominación universal. Normalmente, se circunscribe a restaurantes que sirven platos de producción industrial, con sabores y precios atractivos, dirigidos a quienes no quieren dedicar demasiado tiempo a alimentarse. Según un estudio del Ayuntamiento de Nueva Jersey, los más de 10.000 locales de comida rápida que hay en el Estado liberan al año 2.220 toneladas de sustancias químicas volátiles que emiten carbono a la atmósfera, más que todos los coches con motor diésel, afectando directamente al cambio climático y la salud pública.

Las pizzas al horno y las talas de árboles

Las pizzas son el otro referente en este tipo de establecimientos. Y en algunos casos, no salen mejor paradas. Según un análisis reciente de la publicación Atmospheric Enviroment, las pizzas de elaboración artesanal –hechas en horno de leña–, pueden ser altamente impactantes para el medio ambiente. Para el estudio, expertos de siete universidades se enfocaron en las emisiones de las pizzerías en la ciudad de Sao Paulo, Brasil, cuyos habitantes sienten especial debilidad por la comida italiana. Cada establecimiento quema al año una media de 307.000 toneladas de madera para el proceso de cocción, y esto no solo resulta contaminante para la atmósfera, sino que supone la tala de más de siete hectáreas de bosque de eucaliptus cada mes. Solo en la ciudad brasileña hay unos 8.000 establecimientos que producen y sirven cerca de un millón de pizzas diarias. 

La composición de sus envoltorios puede resultar tóxica

Otra de las consecuencias de la relación fast food y contaminación ambiental es su cualidad de «comida para llevar». Esto conlleva, en muchos casos, que disponga de envoltorios y embalajes para que el cliente pueda transportarla fácilmente. No solo su fabricación puede ser dañina para el medio ambiente; su composición, puede ser perjudicial para la salud. Un estudio reciente publicado en la revista Environmental Science & Technology Letters analizó 400 unidades envases de papel y cartón más de 30 cadenas de comida rápida de Estados Unidos, y detectó, en una tercera parte, compuestos fluorados (PFAS) que, en contacto con la comida, pueden resultar tóxicos. En Europa, este elemento químico está mucho más restringido: el envase no debe contener en ningún caso más de 0,05 miligramos por kilo, mientras que en Estados Unidos puede ser hasta el 0,5% del peso total. 

Por supuesto, en lo que respecta a fast food y contaminación ambiental hay excepciones a la regla. Existen cadenas de comida rápida socialmente responsables, implicadas con el medio ambiente. En una época en que la industria vira el timón hacia la lucha contra el cambio climático, el reto es que dejen de ser, precisamente, eso: una excepción. 

Etiquetas: Contaminación