¿La transformación del capitalismo?

“El desafío frente al que nos encontramos va ser un viaje, similar a la Revolución Industrial, que llevará décadas, generaciones o siglos”. Así de rotundo se muestra el fundador de SustainAbility, John Elkington, al analizar el papel del sector privado en la lucha contra el cambio climático. ¿Hemos entrado en la ineludible senda de la sostenibilidad?

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El espacio por el que discurre ese futuro que Elkington proclama queda atravesado por una realidad que determina el equilibrio de fuerzas en el siglo XXI: 40 de las 100 mayores economías del mundo son corporaciones, según recoge el Estudio del Poder 2014, realizado por la red de investigadores Transnational Institute (TNI). Las empresas y su capacidad de influencia juegan un papel indispensable ante cualquier reto de nuestro época. También –y muy especialmente, dado su impacto medioambiental- en la lucha contra el cambio climático. “A diferencia de los CEOs que creen que ya han logrado integrar las prácticas de sostenibilidad en sus empresas, creo que sólo estamos en el inicio de un nuevo período de transformación para el capitalismo” escribe este autor de más de una veintena de libros sobre responsabilidad corporativa en un artículo publicado por el New York Times.

No existen soluciones simples frente a desafíos complejos. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible –que serán presentados en septiembre ante Naciones Unidas- evidencian la necesidad de articular alianzas entre el sector público y el sector privado. Más de 8.000 empresas y 4.000 organizaciones de la sociedad civil de 145 países ya se han adherido al Pacto Mundial para llevar su voz a los programas de Naciones Unidas. El Global Compact o Pacto Mundial es una iniciativa voluntaria que trabaja por la implantación de Diez Principios básicos de conducta empresarial en materia de derechos humanos, normas laborales, medio ambiente y lucha contra la corrupción.

La Unión Europea, en su Séptimo Programa de Acción y Medio Ambiente, establece un objetivo para el año 2050 que hace unos lustros nos podía parecer inalcanzable, pero que hoy se sitúa en el centro de gravedad de nuestra convivencia: “Vivir bien, respetando los límites de nuestro planeta”. ¿Es posible ese equilibrio entre crecimiento y sostenibilidad? ¿Cuál es la clave para conseguirlo? Hans Bruyninckx, director de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), pone el foco en la innovación: “Si utilizáramos todo el potencial de Europa para innovar, podríamos llegar a ser verdaderamente sostenibles y ponernos a la cabeza en materia de ciencia y tecnología, mediante la creación de nuevas industrias y de una sociedad más sana”. Como suele afirmar el cineasta Woody Allen, “el futuro interesa porque es el sitio donde vamos a pasar el resto de la vida”. Y las empresas lo saben. Garantizar la sostenibilidad es, a día de hoy, una autoexigencia que también juega a su favor.

La Declaración del Clima, a través de cual más de un centenar de empresas pedían al Gobierno de Obama que implantase medidas de lucha contra el cambio climático en favor de un modelo económico respetuoso con el medio ambiente, es un buen indicador de que este compromiso se hace efectivo. Se celebró hace poco más de un año, y entre los firmantes figuraban multinacionales del tamaño de Apple, Intel, Gap, Levi Strauss o eBay.

¿Asistimos realmente al despertar de una filosofía de empresa basada en la sostenibilidad, como mantiene el decano Elkington? Si en algo coinciden los líderes políticos y empresariales, el mundo académico y la cada vez más dinámica sociedad civil –con esa excepción que confirma la regla de una reducida comunidad negacionista– es que el clima está cambiando y, con él, la forma de hacer negocios. “Es fundamental que todos contribuyamos. De hecho, muchas empresas son parte del problema, y por eso deben ser parte de la solución”, sostiene Mar Asunción, responsable del Programa de Cambio Climático de WWF España. “En todo sector existe la posibilidad de ser socialmente responsable. El cambio climático ofrece muchas posibilidades para las empresas, es un win-win”, añade. Además de buscar alternativas a la “loca carrera por el petróleo” y potenciar las energías renovables, las iniciativas para minimizar el impacto del transporte, fomentar el consumo y la agricultura local o apostar por una gestión de residuos que llegue a cero desechos, por citar varios ejemplos, también aparecen hoy como temas subrayados en la agenda de las empresas.

Para Asunción, el reto más acuciante es la transformación del modelo energético, ya que el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero y la emisión de CO2 a la atmósfera son consecuencia de la quema de combustibles fósiles. Para controlar las emisiones de gases nocivos, se deberían dejar el 80% de las reservas de combustibles fósiles sin extraer. Con este rumbo viajamos hasta Barstow (California), donde nos topamos con Mojave Solar, la planta desde la que Abengoa Yield produce energía limpia capaz de abastecer a unos 91.000 hogares. La compañía ha desplegado su modelo de negocio por Norteamérica, Sudamérica y Europa. Sólo gracias a su planta en California, se evitará la emisión de 223.440 toneladas de CO2 anuales a la atmósfera. Una contribución nada despreciable que persigue el objetivo que California se he marcado de lograr el 33% de la producción total de electricidad a partir de fuentes renovables para el año 2020. Por su parte, la holandesa Philips ha desarrollado una línea de negocio muy fuerte basada en el alumbrado eficiente. Su fuerza comercial: reducen el impacto medioambiental al mismo tiempo que reducen la factura. De nuevo la cuadratura del círculo pasa por una inversión muy potente en innovación sostenible.

“En cualquier caso, no se puede dejar todo en manos del voluntarismo de las empresas. Se necesita una regulación, pero para ello los gobiernos deben crear un marco necesario que incentive las buenas prácticas”, opina Asunción. José Luis Blasco, responsable de Cambio Climático y Sostenibilidad de KPMG, apela a una “regulación con limitaciones progresivas y de largo plazo, un instrumento que impulse, por ejemplo, las grandes eficiencias obtenidas en automóviles o electrodomésticos”. En todo caso, este socio de KPMG recuerda que “la seguridad jurídica es clave para atraer el capital privado”.

El cambio de modelo energético también abre la puerta al negocio de la rehabilitación de edificios, a través del cual se podrían crear 150.000 empleos directos en España, que podrían triplicarse si sumamos los indirectos, según los datos publicados por la consultora Climate Strategy. Algunas empresas han querido predicar con el ejemplo y han comenzado por remodelarse a sí mismas, convirtiendo a sus sedes eficientes e inteligentes en las mejores banderas de la innovación sostenible. Los edificios de Endesa son un ejemplo. Sólo en su sede social en Madrid se ha conseguido ahorrar un 46% en emisiones de CO2, más de un 21% en electricidad, 35% de gas y un 28% de agua. DKV Seguros también está marcando tendencia: su sede de Zaragoza, diseñada por la división de Arquitectura de Aguirre Newman, integra medidas de eficiencia energética, uso de materiales sostenibles y neutralidad de carbono. El 60% de la energía en la sede de la aseguradora proviene de fuentes limpias y se han instalado sistemas de presencia, detectores crepusculares y programadores que permiten aprovechar mejor la luz natural. Y el sistema utilizado para la gestión del agua permite ahorrar el equivalente a lo que consumen anualmente cien zaragozanos.

Gestión del agua y residuos cero

En el mercado del agua operan a nivel mundial 300.000 empresas, según datos de la gestora Pictet. Considerada como el petróleo del siglo XXI, compañías como Clean Harbors, Veolia, Suez, Aqua America, Sulzer, Flowserver, Waste Connection, Tetra Tech, Ecolab o Alfa Laval, llevan a cabo proyectos de desalinización y reutilización. PepsiCo, por ejemplo, tiene un "balance de agua positivo" desde 2009. Esto significa que compensa el agua que usa en su proceso de producción mediante el reciclaje del líquido en su cadena de suministro agrícola, así como la recogida de agua de lluvia en las comunidades cercanas a sus plantas de fabricación.

En lo que concierne a la gestión de residuos, el grupo DuPont Building Innovation, dedicado al desarrollo de materiales de construcción basados en métodos de innovación científica, plantó cara a un reto que parecía impensable: redujo sus desechos a cero, y lo logró en tan sólo tres años. Una tarea menos sencilla cuando se trata de productos electrónicos, que acumulan unas 40 millones de toneladas de residuos al año. Contienen, además, materiales tóxicos que complican su reciclaje. Estados Unidos y China son los dos principales productores de estos residuos. Sólo el país asiático incinera más de 2,3 millones de toneladas cada año.

Aun así existen proyectos que alientan el optimismo. Umicore, que era una compañía de minería y refinería, a mediados de los 90 reenfocó su estrategia hacia la tecnología de materiales; ahora la empresa recicla más de 20 metales, procedentes de los restos de procesos productivos y de productos al final de su vida útil, como pilas recargables. En el sector de la moda, Puma ha lanzado la colección Incycle de zapatillas biodegradables y camisas, chaquetas y mochilas reciclables. Interface, dedicada al diseño de interior, ha lanzado una colección de moquetas 100% recicladas, fabricadas con redes de pesca desechadas. Desde el lanzamiento del proyecto en 2012, conocido como Net-Works, la empresa ha recogido más de 38.600 kilos de redes, ayudando así a 4.500 aldeanos de comunidades costeras de Filipinas. Las redes recogidas son recicladas por el fabricante italiano de hilo Aquafil y transformadas en hilo de nylon que Interface utiliza para producir sus pavimentos textiles. Tras su éxito en Filipinas, han decidido extender la iniciativa a la región del Lago Ossa en Camerún. Interface ya fue reconocida como la Gran Empresa más sostenible en los International Green Awards de 2012.

Movilidad sostenible

La industria del transporte es la segunda con más impacto en el calentamiento global. “Es el sector que más descontrolado está: casi ha duplicado sus emisiones de CO2 desde 1990 y a una velocidad doble respecto a las demás industrias”, explica el portavoz de Equo, Juantxo López de Uralde. Las medidas propuestas en los últimos 30 años siempre han apuntado a la necesidad de una progresiva limitación de la dependencia al petróleo, pero incluso los ministros de transporte de los 51 países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) admitieron de forma unánime que falta determinación a la hora de impulsar políticas útiles frente al reto de la movilidad sostenible. Frente al inmovilismo, aparecen nuevos operadores y empresas como Blablacar, Blue Move o Uber, que han encontrado en el carsharing un nicho de negocio.

La cooperación con las administraciones es fundamental. Solo así se puede, por ejemplo, ampliar las líneas de autobuses que unan los centros urbanos con zonas empresariales, extender los carril-bici o dotar a los aparcamientos de dispositivos de recarga para coches eléctricos. Green eMotion, que nació en 2011 con un presupuesto de 42 millones de euros, forma parte del plan Transport 2050, una estrategia de la Unión Europea que pretende alcanzar una reducción del 60% de emisiones de CO2 derivadas del transporte terrestre para 2050. Entre los 42 socios firmantes de la iniciativa se encuentran empresas como Enel, Iberdrola, Bosch, IBM, Siemens, BMW o Renault; además de varios ayuntamientos, universidades e instituciones de investigación.

La progresiva sustitución de actividades físicas por virtuales es otra manera de limitar el uso del coche. Iniciativas como el teletrabajo, la administración electrónica o las conference calls podrían jugar un papel relevante en la reducción de gases. Algo que ya advierte el informe Cambio Global España 2020: “Toda política dirigida hacia el bienestar de los ciudadanos y hacia la sostenibilidad ambiental en los ámbitos urbanizados debe estar asociada a una reducción de la movilidad obligada, como los viajes cotidianos de la residencia al trabajo, al estudio o a la compra”.

“Cualquier intento de enfrentar el desafío del cambio climático será inútil si no se entiende como parte de una batalla mundial superior. Nuestro sistema económico y la concepción de nuestro planeta están en guerra”, escribe Naomi Klein en This Changes Everything: Capitalism vs. the Climate Change. Las palabras de Klein no tendrán ninguna resonancia alarmista para quien haya leído las conclusiones del Quinto Informe de Evaluación del IPCC de Naciones Unidas, que muestran que el calentamiento es ya un fenómeno global causado por la actividad humana.

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