Reinventar el automóvil para continuar a la vanguardia del progreso

"Cien vehículos actuales contaminan menos que un vehículo de los años 70”

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La movilidad es indispensable para el desarrollo económico y para la creación de lazos sociales. El mundo es un gran mercado y ello requiere transportar mercancías de un lado a otro del planeta. Internet nos permite comprar pequeñas cosas en lugares muy alejados de nuestro hogar que deben llegar a nuestra puerta. Por otro lado, la movilidad constituye un vector de libertad y de placer, al mismo tiempo que un modo de inclusión en la sociedad. El mundo se nos muestra al alcance de nuestra mano y queremos conocerlo en persona. Sin embargo, la movilidad tiene a su vez impactos sobre la salud y sobre el medio ambiente. El mundo se “urbaniza” a gran velocidad, las ciudades crecen. Necesitamos movernos para vivir bien pero queremos al mismo tiempo respirar bien, no sufrir ruidos, conservar el planeta. Para Renault, la movilidad sostenible debe aportar soluciones que concilien la necesidad de “hipermovilidad” y la aspiración a una mejor calidad de vida. ¿Es sostenible la movilidad tal y como la hemos conocido hasta ahora? El sector del automóvil quiere contribuir a la solución: proponer una movilidad que sea sostenible desde el punto de vista económico, social y ambiental.

Según datos del programa de Naciones Unidas ONU-Habitat, el 50% de la población mundial vivía en 2010 en ciudades y esa cifra debería pasar al 60% hacia el año 2030. El coche ha moldeado nuestras ciudades especialmente desde la segunda mitad del siglo XX, las ciudades han evolucionado y crecido para adaptarse a un número creciente de vehículos. En ocasiones las ciudades se han expandido de forma desordenada. La relación entre el coche y la ciudad tendrá que cambiar. Pero el futuro de la movilidad urbana no se presenta igual en todas las partes del mundo.

No es igual la situación en los países desarrollados, donde encontramos mercados del automóvil maduros, de “reposición”, es decir, prácticamente sin crecimiento, que la situación que se observa en los países emergentes, donde el mercado crece y continuará creciendo en las próximas décadas. Estos últimos países deberían aprender de la experiencia de los desarrollados a la hora de encauzar su crecimiento.

En los países desarrollados se trata de alcanzar una mejor utilización de los medios de transporte. Es innegable el enorme esfuerzo hecho por los fabricantes de automóviles por ofrecer vehículos cada vez más respetuosos con el entorno: cien vehículos actuales contaminan menos que un vehículo de los años 70. O incluso ponen en el mercado ya propuestas revolucionarios como los vehículos eléctricos, de nulas emisiones (incluido el ruido) durante su uso, que dan respuesta a un gran número de necesidades de movilidad en entorno urbanos y periurbanos. La gestión inteligente del tráfico y la flexibilidad de las infraestructuras deben contribuir a un comportamiento más fluido y por tanto menos contaminante. La logística de “último kilómetro”, es decir, el reparto capilar de mercancías, debe racionalizarse e incorporar nuevos sistemas de propulsión de cero emisiones. Los transportes públicos no dejan de mejorar. Y observamos un nuevo comportamiento: los que se alejan del afán de poseer un medio propio (“la propiedad”) y se acercan a darle una mayor relevancia a la “accesibilidad”. Es el reflejo del auge de la “economía colaborativa” en la movilidad: distintas formas de coche compartido. Numerosas empresas están transformando esta demanda en valor económico. Actualmente todo funciona de una manera bastante independiente. Una próxima etapa será la integración de todos los sistemas, es decir, la combinación del transporte privado, el colectivo, el compartido, para optimizar la forma de cada desplazamiento según las circunstancias. Las tecnologías de la información tendrán un papel muy importante que desempeñar en la obra del transporte urbano multimodal.

En cuanto a los países emergentes, la movilidad vendrá condicionada por las transformaciones sociales: la incorporación anual de millones de personas a la llamada clase media, con las mismas aspiraciones que en otras partes del mundo. Y los mismos derechos de movilidad como expresión de su libertad personal que el mundo desarrollado. En Asia, las clases medias representan ya unos 500 millones de habitantes, que equivalen a la población total de la Unión Europea. Hacia 2020 se alcanzarán los 100 millones de vehículos producidos al año a nivel mundial. El número de vehículos en circulación en el planeta crecerá un 30% en los próximos 10 años, la mayor parte de ese crecimiento será debido a los países emergentes. Y también veremos en algunos de estos países un desarrollo de sistemas alternativos de propulsión, como por ejemplo el eléctrico, y de propuestas innovadoras de movilidad mayores de lo imaginado. La imagen de la contaminación durante las Olimpiadas de Pekín dio la vuelta al mundo. Las autoridades chinas son conscientes del reto.

Pero para que la movilidad sea sostenible, esta debe responder también a las exigencias de seguridad. Cada año, según la Organización Mundial de la Salud, mueren en las carreteras más de un millón de personas. A los sistemas de seguridad activa y pasiva que se han incorporado de una forma masiva a los automóviles en los últimos años (la “democratización” de la tecnología) hay que unir dos herramientas clave: la sensibilización y la educación. Buenos vehículos, circulando por carreteras bien mantenidas y conducidos por conductores bien formados constituyen un círculo virtuoso. De nuevo, la situación, el tipo y la gravedad de los accidentes son diferentes según cada país. Y para un futuro no muy lejano el vehículo autónomo, que requerirá de un esfuerzo tecnológico de diálogo permanente de las máquinas entre sí y con las infraestructuras. El “cero accidentes” absoluto es utópico, pero con el desarrollo del vehículo autónomo estaremos más cerca de la utopía.

Finalmente, la movilidad sostenible también es solidaria: productos adaptados para las personas con movilidad reducida, para los que ser capaces de moverse autónomamente confiere un valor especial a las palabras libertad e independencia.

Ernesto de Salas es director de la Fundación Renault para la Movilidad Sostenible

Etiquetas: Opinión

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