Movilidad sostenible, claves para recuperar la ciudad

El coche se ha convertido en un “bien” que ocupa el 70% de las ciudades. Además de contaminar, vivir atascado resulta un factor claro de estrés. Recuperar el espacio que ocupan supondría que las ciudades volvieran a ser para lo que fueron creadas: la convivencia.

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Hace años Julio Cortázar encerró en uno de sus cuentos a miles de conductores en un atasco absurdo y sin razón. Al final, aquello se resolvía sin entenderse bien por qué. En un momento determinado y después de días y días atrapados, sus protagonistas volvían a circular, como si no hubiera pasado nada. Y se corría a ochenta kilómetros por hora hacia las luces que crecían poco a poco, sin que ya se supiera bien por qué tanto apuro, por qué esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sabía nada de los otros, donde todo el mundo miraba fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia delante”. En el texto, La autopista del sur, el escritor pone en evidencia el conformismo de la sociedad ante un disparate como es quedarse aprisionado en un coche y no preguntarse los motivos. Porque sí, la motorización nos ayuda y es vital para la sociedad, pero con límites.

No ponerle freno supone que si el coche campa a sus anchas, como actualmente se da en la mayoría de las grandes urbes, acaba por ocupar el 70 por ciento del espacio. Ocurre también que los ciudadanos pasan al año 15 días entre sus cristales. Según la empresa Tom Tom, el barcelonés que se traslada en su auto al trabajo en hora punta, pierde 15 minutos por trayecto: ¡120 horas al año! Y lo peor no sólo es el tiempo que malgasta, sino que el medio de transporte elegido contribuye a una mayor polución, a un mayor ruido y a un deterioro de su salud, que paga las consecuencias de un aire más sucio y del estrés. De ahí la necesidad de una movilidad sostenible. La Agencia de Ecología Urbana de Barcelona la define como la respuesta a los impactos sociales, económicos y ambientales derivados del uso intensivo de los vehículos a motor. “El vehículo privado resulta ser el medio de transporte que más suelo ocupa, más combustible consume y más externalidades genera (accidentes, contaminación, ruido, intrusión visual, congestión, etcétera)”, señala en su web.

Según datos de la Dirección General de Tráfico de 2012, en España hay más de 31 millones de vehículos motorizados; 667 por cada 1.000 habitantes. De todos esos, más de 22 millones son turismos. O sea, que si pusiéramos todos esos autos en fila, darían dos vueltas y pico a la Tierra -el coche de tamaño estándar mide 3,5 metros de largo como media-. Apárquenlos ahora en España; y hagan la foto de las ciudades que tenemos.

Por lo que se refiere a los aspectos ambientales, el transporte es el sector de mayor consumo de energía, un bien que además es escaso. “Se plantea la necesidad de reorientar el modelo actual hacia una movilidad energéticamente más sostenible. Desde 1990 hasta 2007 el consumo de energía por el transporte -y la consecuente emisión de contaminantes a la atmósfera- creció de forma constante, en paralelo al aumento de la movilidad y los tráficos en todos los modos y ámbitos geográficos”, señala el Plan de Infraestructuras Transportes y Vivienda, PITVI, (2012-2024) del Ministerio de Fomento. Pero además, el tráfico motorizado es la principal causa de contaminación atmosférica de las ciudades. “Es el sector que más descontrolado está: casi ha duplicado sus emisiones de CO2 desde 1990 y a una velocidad doble respecto a las demás industrias”, explicaba recientemente Juantxo López de Uralde, director de Equo.

Y esa contaminación nos mata. Según la OMS, el actual sistema “produce 300.000 muertes prematuras al año en Europa. Supone la reducción de la esperanza de vida media de los europeos en casi un año. En España se estiman en 16.000 los fallecimientos prematuros anuales por una inadecuada calidad del aire. Niños, ancianos y personas con patologías previas son los más vulnerables a sus efectos, que nos afectan a todos”, recoge el Observatorio DKV Salud y Medio Ambiente en un capítulo dedicado específicamente a la movilidad sostenible.

Destronar al coche y al peatón; la calle, para el ciudadano

Ante estos inquietantes datos, la movilidad sostenible apuesta por un cambio radical del sistema en el que se recupera la ciudad para lo que nació: para la política, para el ciudadano, para el deporte, para la reunión, para la cultura… Se trata de destronar al coche, de quitarle la prioridad de las vías, del espacio –que como se decía al principio del texto llega a ocupar el 70% del entramado urbano-. “Con la motorización, las ciudades tienen un puñal en la espalda; y hay que sacarlo. Porque si las urbes son para los vehículos, para el ciudadano no queda nada. Hay que hacer planes distintos a los existentes basados en el transporte público y en alternativas al coche”, afirma Salvador Rueda, director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona. Y para sanarnos, para evitar la “adicción” que dice la Comisión Europea tenemos al coche, la solución pasa por buscar la combinación correcta (http://dotherightmix. eu): bicicletas (eléctricas o no), caminos vecinales, rutas al colegio a pie (organizados y vigilados por asociaciones de padres), autobuses, tranvías, cercanías… y según cómo, el coche, para distancias largas.

Rueda habla de cambiar radicalmente la ciudad, de transformar el espacio y de hacerlo sin tirar una sola casa: “En el modelo que proponemos, las vías principales asumen la motorización; el interior tiene un uso peatonal. Y pon peatonal con comillas –advierte-: porque no me gusta la palabra. Debemos recuperar al ciudadano, que es mucho más. Porque el peatón en las ciudades actuales pierde su capacidad para hacer otras cosas más allá de caminar. Yo, como ciudadano, juego, flirteo, camino… ¡hago muchas cosas! Y por supuesto, no olvido que la mejor opción para ese urbanita es trasladarse a pie”, afirma el responsable de la agencia catalana. Para él, la recuperación del espacio pasa por la creación de unas súper manzanas de unos 400-500 metros de lado donde la circulación a motor va por la periferia. Al centro sólo accede el ciudadano, a pie, y ciertos servicios de urgencias, de carga y descarga (a unas horas limitadas) y coches de residentes a una velocidad no superior a 10 kilómetros por hora. En Barcelona esta propuesta, denominada Pacto por la movilidad, está siendo discutida en el Ayuntamiento. De salir adelante -según el técnico- la Ciudad Condal pasaría a tener 7,5 millones de metros cuadrados para el peatón (en vez del medio millón con el que cuenta en la actualidad).

Pero..., ¿cómo? “Empieza a imaginar qué se podría hacer en esos espacios que ocupan los coches y pon bulevares, zonas ajardinadas, terrazas, espacios para el juego de niños, zonas deportivas, pérgolas para los días de sol o lluvia que además captarían energía y servirían para celebrar hasta el Día del Libro, por decir algo”, señala Rueda. ¿Y el coste? “Mínimo. Prácticamente se trata de pintar y señalizar”. Además, según el responsable de la agencia, su iniciativa reduciría en 600.000 kilos las emisiones diarias de dióxido de carbono (actualmente se vierten a la atmósfera de la capital catalana 2.8000.000 kilos). En cuanto al ruido, en una ciudad como Barcelona, donde un 55% de los urbanitas soportan más de 65 decibelios -una cifra inadmisible para la OMS- la cifra se reduciría al 33%, señala el técnico.

En lo que respecta al transporte motorizado, el director de la Agencia de Ecología Urbana apuesta por el público, pero trazado de una forma inteligente. La agencia que dirige fue la responsable de redibujar la red de buses urbanos de Barcelona. Gracias a su actual diseño, se alcanza cualquier punto de la ciudad con un solo transbordo (en el 95% de los casos), se potencia la conexión con otros medios de transporte público y se ofrece una cobertura uniforme a toda la ciudad, señalan desde la organización. Un dato: se estima que las horas laborales ganadas con este sistema son 10 millones.

Rivas Vaciamadrid o cambiar literalmente la ciudad

La Comisión Europea concedió a Rivas Vaciamadrid (Madrid, 81.000 habitantes) el premio Sustainable Urban Mobility Plan, galardón que se otorga a las iniciativas que defienden políticas en las que se integran criterios económicos, sociales y medioambientales. Según Jorge Romea, jefe de Servicio de Movilidad y Medio Ambiente de la ciudad ganadora, su propuesta -que empezó en el año 2009- ha consistido en “cambiar literalmente la ciudad” para dar lugar a más espacio de convivencia. Para ello, han hecho Rivas VaciaMadrid más peatonal, más ciclista (con bicis públicas de motor y sin él), han apostado por el transporte público (haciéndolo más rápido y efectivo) –que ha recuperado y ganado usuarios-; creado “colegios que caminan”: los escolares, gracias a la colaboración de las asociaciones de padres, van andando a sus centros de estudio; han cerrado vías los domingos para actividades de movilidad y han creado zonas de velocidad limitada a 30 kilómetros por hora, entre otras medidas. Al tiempo, dentro de su plan de Rivas Emisiones Cero, la urbe madrileña pretende reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero a la mitad en 2020 y al 100% en el año 2030. Con tal objetivo, compensan sus emisiones con la plantación de árboles, cuentan con placas de energía solar en todos los edificios municipales y por la noche las farolas acompañan con su luz el paso del viandante para así consumir lo necesario... “¿Qué si resulta caro ser sostenible? Al revés; es rentable. Es una oportunidad inteligente para ahorrar en tiempo, ganar en salud, contaminar menos y optimizar los recursos…”, afirma Jorge Romea.

Más cabeza y menos hormigón Si pasamos a la movilidad estatal, quienes construyen las ciudades coinciden en señalar al tren como la mejor alternativa interurbana. En el plan PITVI (2012- 2022), que por primera vez en su historia dedica un capítulo a la sostenibilidad, se apuesta claramente por el ferrocarril y las soluciones de trenes de cercanías, junto con la intermodalidad para aprovechar mejor las infraestructuras existentes. Donde no hay consenso entre la opción ministerial y las asociaciones ecologistas es en la privatización de lo servicios. Según el documento del Ministerio, los principios básicos en los que se apoya su propuesta son: profundizar en la liberalización y apertura al mercado de la gestión de infraestructuras y servicios de transporte, potenciar la participación del sector privado y adecuar el sistema de infraestructuras y prestación de servicios a la demanda real. “Cuando se habla de privatizar hay que tener mucho cuidado. Sólo hay que mirar lo que hemos hecho y aprender: ahora estamos rescatando a las empresas que las construyeron. No es lógico”, señala Víctor Viñuales, director de Ecología y Desarrollo. Pero según él, el debate debe estar más en su utilidad y eficacia. “Hace poco llegó el primer avión al aeropuerto de Huesca, lo que da una media anual de tráfico de un pasajero por día. Hay que poner más cabeza y menos hormigón”, apunta. En cuanto a los costes de las infraestructuras que creamos, Viñuales considera que las obras jamás deben ser el fin, sino las políticas: “El Ave, por ejemplo, ha expulsado a los Mercedes de la carretera, pero resulta muy caro para la gente; es para negocios. No es necesario ir a 320 kilómetros por hora. Si fuéramos a 250 sería más barato y viajaría por tren más gente. Lo que pasa es que no interesa”, afirma.

Para Viñuales, la clave en movilidad sostenible pasa por compartir. “Fíjate en el éxito de Airbnb [una opción turística por medio de la cual los particulares alquilan las casas o habitaciones que no utilizan]. Vale tanto como la cadena Hilton. Y hablamos de una solución sin una sola infraestructura propia. Hay que poner en activo los bienes inactivos y pensar en reutilizar y reciclar lo que ya tenemos. Los tiempos de las infraestructuras puras ya han pasado”, asevera. En este sentido, el responsable de Ecología y Desarrollo apunta que es necesario un cambio de valores en el que sea más importante el acceso que la posesión, como en la música: “Yo disfruto del lujo de la no propiedad. En Barcelona, por ejemplo, soy copropietario de 1.500 bicicletas de las que no tengo que preocuparme por nada”.

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