Salvemos a las abejas y a los agricultores

El pasado 20 de mayo la Comisión Europea publicó la estrategia Farm to Fork (De la granja a la mesa) cuyo objetivo es hacer que el sistema alimentario de la Unión Europea sea justo, saludable y respetuoso con el medio ambiente.

Salvemos las abejas

Este objetivo reconoce que nuestro sistema alimentario es mejorable y que se debe rediseñar, puesto que la producción de alimentos es responsable de casi un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero y de la pérdida de la biodiversidad.

Además, el sistema agroalimentario tiene repercusiones negativas sobre la alimentación, tanto por exceso como por defecto, consume grandes cantidades de recursos naturales y no permite obtener rendimientos económicos y medios de vida para todos los actores, principalmente para los pequeños productores agrícolas.

El panorama descrito por la Comisión invita al sobresalto, pero también a la reflexión y a la necesidad de actuación.

Medidas para revertir el sistema alimentario actual

Muchas son las acciones que pretende emprender la Unión Europea para revertir la situación, una no menor es la reducción del empleo de los plaguicidas de uso agrario. En concreto la Unión Europea propone medidas para reducir el uso y el riesgo globales de los plaguicidas en un 50 %, así como el uso de los más peligrosos (cancerígenos, mutagénicos, tóxicos para la reproducción y disruptores endocrinos, es decir sustancias que tienen la capacidad de alterar el normal funcionamiento del sistema hormonal de los seres vivos) en un 50 % de aquí a 2030.

Estas medidas parecen querer inaugurar un nuevo tiempo en materia de plaguicidas, después de tantos años de inacción por parte de las autoridades españolas y europeas y, responden a las demandas de las organizaciones no gubernamentales.

Si bienvenidas, en nuestra opinión son insuficientes para abordar de manera efectiva los peligros que ocasiona el uso de plaguicidas. El empleo de estas sustancias químicas constituye un riesgo al derecho humano a una alimentación de calidad libre de tóxicos y por ende al derecho humano a la salud, pero los efectos adversos de estas sustancias no se circunscriben a los seres humanos, sino que se extienden al medio ambiente y son causa de pérdida de biodiversidad, de contaminación de suelos y aguas y, también lamentablemente de zoonosis.

Las dos principales causas de la propagación de las enfermedades zoonóticas como la COVID 19 son los cambios en el uso del suelo incluida la deforestación y la agricultura industrial, ambas están relacionadas directa o indirectamente con el uso de plaguicidas.

Muchos de estos tóxicos están produciendo un declive en los insectos, en particular debe ser destacado el grave impacto de estos productos a los polinizadores, lo que amenaza la continuidad de la agricultura.

Se estima que más del 75% de la producción agrícola de alimentos del mundo dependen de la polinización realizada por abejas, mariposas, polillas, escarabajos, entre otros, que ayudan a que las plantas se reproduzcan.

En particular y en relación a los insectos polinizadores, un estudio europeo realizado en 2017 mostró que los plaguicidas tienen un efecto adverso sobre los insectos. Estos resultados negativos se observan globalmente en todos los continentes con una tasa de declive que se sitúa a niveles próximos al 80 % de pérdida de la biodiversidad de insectos.

Medio ambiente y salud humana es un binomio inseparable, tan solo un medio ambiente sano, libre de tóxicos posibilita el derecho humano a la salud.

La exposición a plaguicidas está vinculada directa o indirectamente con efectos negativos a la salud humana, incluidas, entre otras consecuencias adversas, la toxicidad aguda y crónica, carcinogénesis, desordenes reproductivos y del neuro-desarrollo y alteraciones en el sistema endocrino, etc. Los efectos adversos dependen de la toxicidad de los plaguicidas, el grado de severidad de la exposición y de la vulnerabilidad individuo expuesto.

Por otra parte, cada vez existen más evidencias sobre las ventajas para la salud de una alimentación libre de pesticidas, tales como la reducción del riesgo de contraer cáncer.

Muchos son los peligros con los que nuestra sociedad está lidiando por el uso de plaguicidas y otros tantos habremos de afrontar si no se modifica la actual dependencia de la agricultura del uso de estas sustancias.

Iniciativa para salvar a las abejas

Desde finales del año pasado está en marcha la Iniciativa Ciudadana Europea Save bees and farmers (Salvemos a las abejas y a los agricultores) que demanda eliminar gradualmente los plaguicidas sintéticos en la agricultura de la UE en un 80 % de aquí a 2030, empezando por los más peligrosos, para quedar libres de plaguicidas sintéticos de aquí a 2035.

Únicamente una agricultura totalmente libre de tóxicos posibilitará un eficaz desarrollo de los derechos humanos y el disfrute de un medio ambiente sano.

Para que la iniciativa prospere es necesario recoger un millón de firmas en toda la Unión Europea, al menos 40.500 en España.

La obtención, nada sencilla de este número de adhesiones, obligaría a la Comisión Europea a escuchar la voz y estudiar las demandas de la sociedad que considera que la producción de alimentos debe ser fuente de salud y bienestar, que una agricultura libre de tóxicos es posible.

La Iniciativa Ciudadana Europea “Salvemos a las abejas y a los agricultores”, nos da la oportunidad de influir en las políticas europeas de reducción a la exposición a los plaguicidas y de luchar por un medio ambiente más justo y sano, por todo esto, te pedimos que nos apoyes con tu firma.

¡Actúa desde https://www.savebeesandfarmers.eu/spa/!

Por Koldo Hernández.

Responsable de la Campaña de Tóxicos de Ecologistas en Acción. Máster Derecho Ambiental, doctorado Derecho.

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