Consuelo Crespo: “Puede haber un retroceso de los derechos de la infancia en España”

Tras trabajar en el terreno en barrios desfavorecidos de Barcelona y con mujeres inmigrantes en Vizcaya, en 1993 comenzó a colaborar con Unicef en su sede de Bilbao. Doce años más tarde se convertiría en la segunda mujer que presidía Unicef España. Consuelo Crespo –una de las 100 mujeres más influyentes de España, según Mujeres&CIA– repasa las conquistas y los desafíos en la lucha por los derechos de la infancia.

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—360: Hay informes muy preocupantes relacionados con la desnutrición infantil. ¿Habéis detectado un retroceso en los derechos de la infancia en España?

—C.C.: Estamos vigilantes porque puede haber un retroceso. Es verdad que hay casos en los que ha empeorado la calidad de la nutrición de los niños. En general, los hogares más afectados son aquellos en los que los padres están en paro, los niños tienen que seguir yendo a la escuela, tienen que seguir alimentándose correctamente y necesitan una atención especial. No es comparable con el grado de desnutrición o de malnutrición que vemos en otros países, pero hay que estar atentos. Hay muchas organizaciones cuyo mandato es trabajar en España y estamos haciendo entre todos un lobby para que los derechos de la infancia sean protegidos. Pero es cierto que hay carencias, han disminuido los presupuestos, hay muchas familias en situaciones dramáticas y eso tiene un impacto directo en la infancia Las instituciones públicas tienen la obligación de actuar en ese sentido.

—360: Comentaba que hay una mayor sensibilidad a pesar de la crisis. Dentro del mapa mundial, ¿cómo se comporta España? ¿Somos un país solidario?

—C.C.: Sí, la crisis ha supuesto que haya más sensibilidad con los temas que tienen que ver con la pobreza, la exclusión o la vulnerabilidad. Hay más reacción. Se respira solidaridad en muchos ámbitos y en la calle. Dentro de la familia se están desarrollando sistemas de solidaridad, porque, si no, la situación sería insostenible. Efectivamente, ha mejorado la percepción del sufrimiento ajeno y de cómo se puede ayudar. La sociedad española, en general, vibra y responde muy bien ante una llamada, pero depende mucho de la cobertura mediática que se dé a las situaciones. Cuando hay un terremoto, un conflicto armado o una inundación y se dan datos terribles en los medios de comunicación, la sociedad española responde maravillosamente bien. Quizá lo que nos falta, y es una labor que tenemos que realizar las organizaciones humanitarias, es educar más la solidaridad, en el sentido de que hay que dotarla de argumentos y de una reflexión intelectual, no solo emocional. Somos uno de los países más ricos del mundo, a pesar de la situación actual. Hay que saber que detrás de nosotros hay más de 180 países, cada uno con más carencias y más pobreza. Hay que trabajar por lograr un equilibrio entre el nivel local, para el que, por que lo estamos viendo, existe una sensibilidad, y el nivel global, donde se da un desequilibrio enorme entre unos territorios y otros.

—360: Y, a nivel internacional, uno de los Objetivos del Milenio es erradicar la explotación infantil, ¿en qué situación nos encontramos a este respecto?

—C.C.: Pues hay datos alentadores dentro de lo que podríamos llamar supervivencia, educación y salud. Se ha mejorado mucho desde que Unicef se creó, por Unicef y por otras organizaciones y porque hay más compromiso político y más compromiso social. Pero en el tema de la protección, hay problemas que están provocados por el propio desarrollo, es decir, algunas partes del mundo han experimentado un desarrollo espectacular (por ejemplo en tecnología), lo que es positivo, pero eso ha creado más desigualdad, porque no todos tienen acceso a ese desarrollo. Por tanto, hay problemas que han surgido y son también producto de los países ricos. En el caso de la explotación sexual infantil, que es una lacra terrible, las mafias que utilizan a los niños y los explotan están creciendo y es muy difícil atajarlo. El turismo sexual o la explotación de los niños en Internet es fruto del desarrollo de una parte del mundo. Los padres deberían estar más alerta y tener más conciencia del riesgo que supone Internet. El hecho de que ese niño esté frente al ordenador y no jugando con sus amigos es en sí negativo. No es que las nuevas tecnologías no sean positivas, pero hay que saber utilizarlas. Los mismos niños se quejan de que han perdido mucho contacto con sus amigos, de que tienen más amigos virtuales que reales. En los países desarrollados, tenemos también que pensar que la educación tiene que adaptarse a los nuevos tiempos y vamos un poco atrás. Esto afecta a los países pobres. La explotación sexual por Internet es un problema nuevo. Respecto al trabajo infantil, sí es vedad que ha habido campañas importantes y en eso se ha mejorado. En la situación de los niños soldado también se ha avanzado, pero los conflictos son ahora mucho más complejos, se ataca mucho más a la población civil y los niños son más víctimas de ello. Se han conseguido cosas, pero, al mismo tiempo, surgen nuevos problemas.

—360: Estáis desarrollando un trabajo muy complicado, muy complejo e ingente en los campamentos de refugiados por la guerra de Siria.

—C.C.: Sí, lamentablemente, es una situación que tiene a Unicef muy preocupada, por que no se están respetando los acuerdos internacionales por las partes del conflicto. Hay unos acuerdos que hay que cumplir y no solo en situaciones de conflicto. Hay que dejar espacios para la infancia, las organizaciones han de tener espacio para poder acoger a los niños, tener escuelas, no escuelas formales, pero que estén en unas zonas protegidas y fuera del estrés que supone vivir un conflicto bélico. Se les tiene que poder vacunar para que no pierdan su proceso. Eso no está sucediendo, pero, además, los niveles de violencia que está sufriendo la infancia son infames. Ya no se distingue entre adultos y niños, entre las zonas militares y las zonas civiles. Además, en estas situaciones no hay una respuesta como la que necesitamos, de donativos, porque la gente lo vincula a un problema político. Así como una persona se sensibiliza enseguida con una catástrofe natural, con un drama inmediato o con la pobreza, si es un conflicto político con tantísimas aristas y tantos frentes, los ciudadanos, que no lo conocen a fondo, se resisten un poco a colaborar. Es importante explicar que en los campos de refugiados estamos trabajando las organizaciones humanitarias, que hay cada vez más millones de personas que huyen y que tienen el drama de salir de sus países, de dejarlo todo, y que, si no tenemos los recursos necesarios, no podemos atenderles ni en las necesidades más básicas.

—360: Sí son positivos los datos de salud e infancia. La tasa de mortalidad se ha reducido mucho y la salud en general ha mejorado notablemente.

—C.C.: La mortalidad infantil ha disminuido muchísimo. Estos son datos del año 2012: casi 30 millones de niños se han registrado al nacer en 80 países. Eso es fundamental, porque un niño que no se registra, y hay muchos, ya deja de ser para siempre ciudadano de ningún país, es un niño que está sin ninguna protección ante las mafias. Esos niños desaparecen y nadie se entera, no tienen derecho a la educación, ni a la salud, porque no son ciudadanos. 5.300 niños vinculados a grupos armados han salido de las milicias y se están reinsertando, que es algo muy complicado, porque siempre se produce un rechazo en las comunidades, incluso en la familia, porque ese niño ya no está ‘limpio’. Es un trabajo que va mucho más allá de llevarle a su casa. En casi 1.800 comunidades, se ha terminado con la práctica de la mutilación genital femenina. Puede parecer que 1.775 comunidades no son muchas, pero se trata de un trabajo de años. Hay que cambiar toda una trayectoria cultural, por lo que es un resultado muy notable. En cuanto al turismo de explotación sexual, en España podemos decir con mucha satisfacción que hay 14 grupos turísticos que han firmado el Código ECPAT, comprometiéndose a cumplir una serie de principios para evitar que en su entorno y en sus locales se realicen determinadas prácticas de explotación infantil. Estos son datos de 2012, pero, si hablamos desde que se aprobaron los Objetivos del Milenio, podemos decir que, desde el año 1990 hasta hoy, el porcentaje de personas que viven en la pobreza extrema se ha reducido a la mitad. El porcentaje de personas con nutrición insuficiente también ha pasado desde 1992 hasta 2012 del 23 al 15%. Había 100 millones de niños que no tenían ningún acceso a la educación y se ha reducido a la mitad. Esto es importante contarlo porque, como los medios de comunicación nos dan la actualidad al instante, siempre estamos viendo el drama al instante, pero no se ve la perspectiva de lo que se ha mejorado. Obviamente, si hubiera decisiones políticas más claras y más firmes, la mejoría hubiera sido mucho mayor, pero estos datos son importantes.

—360: Y ¿cuáles son las conclusiones del informe de Unicef sobre niños y discapacidad?

—C.C.: La conclusión más importante es que está demostrado que cuando a un niño con una discapacidad se le presta la atención que necesita puede llegar a vivir con igualdad de oportunidades. Hacer políticas adecuadas a las personas con discapacidad puede llegar a conseguir su pleno desarrollo. Este informe explica ejemplos muy evidentes de que las mejoras son muy tangibles cuando se lleva a cabo la política adecuada y el tratamiento adecuado con esos niños. En este caso, la presentación la hicimos con niñas que tenían discapacidad auditiva y la forma en que han crecido les permite hablar y expresarse con una capacidad de comunicación magnífica. Muchas veces las barreras sociales son más fuertes que la propia discapacidad.

—360: ¿Y cómo se pueden mejorar las relaciones entre el sector privado y las organizaciones humanitarias?

—C.C.: Las relaciones son muy buenas en este momento. Quizás hay todavía mucho escepticismo, no solo desde el sector privado, sino por parte de muchos ciudadanos que piensan que las organizaciones no somos eficaces ni profesionales. Eso no es cierto. Las organizaciones hemos hecho grandes esfuerzos para profesionalizarnos y ser eficientes y los resultados que se consiguen son espectaculares con los pocos recursos de los que disponemos. También desde las organizaciones se ve al sector privado como el causante de los problemas mundiales, pero en este momento hay un diálogo, se está planificando, nos sentamos en la misma mesa y se empieza a ver de otra manera, mucho más resolutiva y práctica.

—360: Y, para alguien que vive de cerca todo este movimiento de RSC y de valor compartido, ¿cuál debe ser el papel que debe jugar el sector privado en la ayuda humanitaria?

—C.C.: Lo primero que hay que conseguir es que todos se rijan por unas pautas éticas básicas de funcionamiento. La colaboración que se pide a las empresas no es únicamente de recursos económicos para hacer un proyecto concreto y obtener unos resultados concretos, sino que lo esencial es llegar a una sociedad en la que imperen determinados valores (la solidaridad, la coherencia, la transparencia, la eficiencia, el compromiso, etc.) y, a partir de ahí, podremos dedicarnos a crear valor y no a apagar fuegos. En este sentido, también el sector privado tiene mucho por hacer en sus mismas áreas de negocio. Por ejemplo, uno de los avances que ha habido en la reducción de la mortalidad infantil es haber conseguido que se hagan los medicamentos adecuados a los niños, porque antes los trabajadores humanitarios tenían que dividir las pastillas para administrar la dosis correcta. En nuevas tecnologías, todo lo que ha supuesto para las emergencias que médicos y demás personal sanitario puedan trabajar online. Son innumerables las soluciones que puede ofrecer la creatividad que hay en el sector privado y la generación de riqueza y de recursos que puede impulsar. Que haya un diálogo entre los dos sectores es fundamental. También nosotros tenemos mucho que aprender de ellos. En RSC, hay muchas compañías que van por delante de nosotros.

Etiquetas: Entrevista

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