El reto del agua, acceso y abastecimiento

En 2010, Naciones Unidas reconoció el agua como derecho universal. Pero esto no garantiza que todos podamos acceder a un agua de calidad. Facilitar el acceso al agua potable de manera sostenible y equitativa es el reto del siglo XXI. ¿Cómo hacer frente a este desafío que afecta tanto a países desarrollados como a países en vías de desarrollo?

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Según Naciones Unidas, toda persona tiene derecho a cerca de 60 litros diarios de agua salubre, aceptable (color, olor y sabor), accesible (la fuente debe encontrarse a menos de un kilómetro del hogar) y asequible (con un coste que no supere el 3% de los ingresos de la casa) para uso personal y doméstico.

El acceso al agua potable se mide por el número de personas que pueden obtenerla con razonable facilidad, a través de conexión doméstica o pública, pozos, albercas o fuentes protegidas y controladas. Es un indicador de la salud de la población de un país y de su capacidad para conseguir agua, depurarla y distribuirla. Pese a que en 2010 más de 6.000 millones de personas (89%) utilizaban fuentes de agua potable mejoradas (alcanzando así la meta fijada por los Objetivos de Desarrollo del Milenio), el 11% de la población mundial aún carece de acceso a este recurso natural indispensable para vivir.

Sin acceso al agua potable, es difícil que las poblaciones salgan del círculo de la pobreza, las enfermedades y la pérdida de productividad y capacidad de desarrollo. “El agua es imprescindible para la vida humana, para los ecosistemas y para el desarrollo económico y social. El reto reside en encontrar sistemas de gestión que aseguren el acceso a toda persona al agua potable en cantidad y calidad adecuadas. Y esto es común a todos los países del mundo”, afirma Alberto Guijarro, responsable de Campañas, Base Social y Ciudadanía de Ongawa, una ONG de ingeniería social.

“Mejorar las condiciones básicas de abastecimiento del agua y servicios de saneamiento, lo que continúa afectando a la salud y la dignidad de las personas, así como a su capacidad de desarrollo, desarrollar sistemas de tratamiento del agua, ya que todavía más del 80% del agua usada en las ciudades va a parar a ríos, lagos y zonas costeras sin ser tratada, y mejorar la extracción del agua y el uso de las reservas subterráneas del mundo” son las prioridades fundamentales en la gestión del agua, explica a Tres Sesenta Ger Bergkamp, director ejecutivo de la Asociación Internacional del Agua (IWA por sus siglas en inglés).

Reservas naturales

Aunque tres cuartas partes de la Tierra son agua, solo el 3% es dulce. Proteger las reservas naturales de agua fresca es un desafío a escala local y global, porque, “al final, tanto los países industrializados como en vías de desarrollo se enfrentan a las mismas amenazas relativas a la existencia de reservas de agua dulce”, pone de manifiesto un estudio recogido por el Proyecto para un Sistema de Agua Global (GSWO por sus siglas en inglés).

En los países en vías de desarrollo, se extrae del estudio, la amenaza de la sequía e incluso de la desaparición de los ríos comparte causas y características con el estado de los de los países ricos. Muchos ríos y cuencas hidrográficas están contaminados por productos de desechos industriales, de la agricultura y de origen doméstico, mientras que otros se están secando porque las personas utilizan más agua de la que la naturaleza puede reponer. La diferencia es que las soluciones que pueden adoptar los países industrializados (más centrados en el tratamiento de los síntomas que en la protección de sus recursos) son muy caras y a veces inalcanzables para los países más pobres.

Especialmente en países en desarrollo, el reto es encontrar modelos de gestión que faciliten el acceso de los sectores sociales con bajos ingresos. “Garantizar la sostenibilidad en la gestión eficiente del agua implica que hay que ser conscientes de lo que cuesta, sin hacer que su coste sea un impedimento para acceder a ella por parte de quienes no tienen recursos. En estos casos, hay que diseñar sistemas de tarificación adaptados a estos colectivos, tarea nada sencilla pero imprescindible”, apunta Guijarro.

Este concepto de tarifa social del agua (por medio de la cual las personas que pueden pagar más pagarían más por ella) es una solución por la que abogan muchos expertos y profesionales del sector, porque “es una manera de asegurar que toda la población de un determinado lugar tiene posibilidad de disfrutar del agua. No olvidemos que es un recurso natural gratis, de todos, y que los costes asociados al agua son consecuencia de los servicios necesarios para que podamos disfrutar un agua de calidad”, explica Ignasi Fainé, director de Responsabilidad Social de Aguas de Barcelona (Agbar).

Calidad y seguridad

La seguridad del agua es un concepto que ha adquirido relevancia en los últimos años. Significa la disponibilidad de una cantidad razonable de agua de calidad para uso doméstico, higiene, ecosistemas y producción mientras se mantienen unos niveles aceptables de riesgo para las personas, el medioambiente y la economía.

La mejor opción para garantizar un suministro de agua segura y de calidad es establecer un plan de control y gestión en los abastecimientos orientado a la prevención de riesgos. Porque el desarrollo y la aplicación de planes de seguridad es la forma más eficaz de garantizar un control y una vigilancia sistemáticos de una zona de abastecimiento. En España, pese a los problemas de sequías que a veces azotan el país, contamos con un agua de calidad y un buen sistema de suministro.

“El sistema de abastecimiento español es de los mejores del mundo. En una perspectiva global, no existen muchos países en el que el porcentaje de cobertura en agua y saneamiento sea de cerca del 100% y España es uno de ellos. No olvidemos este dato cuando hay más de 1.000 millones de personas en el mundo que no tienen acceso al agua potable”, apunta el director de Responsabilidad Social de Agbar.

Un dato que corroboran desde la Asociación Española de Abastecimiento de Aguas y Saneamiento (AEAS). “En España, las infraestructuras de abastecimiento (almacenamiento, transporte, tratamiento y distribución) son suficientes para garantizar el suministro incluso en periodos secos”, explica su director general, Fernando Morcillo. Pero advierte que todavía es necesario mejorar la gestión de los pequeños abastecimientos, a través de “una estrategia de renovación y reposición adecuada”. Reconoce que aún queda camino por recorrer y apunta que una buena manera de avanzar sería potenciando “la creación de unidades de gestión que agrupasen varios municipios (muchas veces con infraestructuras comunes) para alcanzar una mayor eficiencia”.

Un instrumento indispensable para la gestión eficiente y sostenible del agua es la planificación hidrológica. “La gestión integrada de los recursos hídricos es fundamental para garantizar que todos los procesos están acoplados en un mismo conjunto, porque lo que pasa en la Cuenca del Ebro en Zaragoza afecta a lo que pasa en el Delta del Ebro en Tarragona”, matiza Enrique Cabrera, catedrático de Mecánica de Fluidos de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y director del Instituto Tecnológico del Agua (ITA).

Para alcanzar una gestión integrada eficiente es necesario el compromiso de todos los actores involucrados a todos los niveles (internacional, nacional, regional, local). Pero en España el tema del agua está muy politizado y falta consenso para alcanzar soluciones a largo plazo. “Los problemas son globales, pero las soluciones están parceladas”, opina.

En la era de la globalización, en un momento en el que ya somos siete mil millones de personas y todos conectados de una u otra manera, las soluciones globales e integradas son indispensables.

Ciudades del futuro

Según datos de Naciones Unidas, se calcula que en 2050 habrá más de 9.000 millones de habitantes en el mundo, de los cuales más del 60% se concentrará en núcleos urbanos. “La mayoría del crecimiento urbano se va a concentrar en los países desarrollados y las economías emergentes. Las ciudades tienen que desarrollarse a través de un enfoque mucho más integrado, que dé lugar a una gestión y un saneamiento del agua más eficientes”, apunta Bergkamp.

Reconoce que es una ardua tarea, pero hay que empezar priorizando y señala cuáles deberían ser las primeras medidas: desarrollar unos planes integrados de abastecimiento de agua y saneamiento, en los que el agua se use y reutilice de manera más eficiente; diseñar técnicas de reducción de fugas y mejora de la eficiencia energética, a través de sistemas de tratamiento y distribución; crear un sistema de servicios de agua y saneamiento sostenibles, por medio de unas tarifas apropiadas de agua; establecer una organización y coordinación adecuadas entre los distintos proveedores de servicios, y desarrollar una innovación y unos buenos servicios basados en una tecnología pionera. Pero, ante todo, se necesita un cambio de comportamiento que dé lugar a nuevas formas de colaboración. “El agua debe ser un elemento integrador”, defiende Fainé, quien sabe que el tándem públicoprivado es clave para desarrollar y mantener las infraestructuras necesarias para proporcionar unos servicios de calidad.

“Las empresas podemos aportar tecnología y conocimiento y las administraciones podrían bonificar con deducciones o subvenciones en la base de la cuota o premiar a las empresas que mejor lo hagan. Hay que fomentar la incorporación de este tipo de criterios en los contratos. ¿Por qué no puntuar extra en los concursos a quienes integren criterios de eficiencia energética?”, concluye.

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