Inversiones éticas: rentabilidad y responsabilidad

La Bolsa Social es una apuesta por inversiones éticas en proyectos que mejoren nuestro entorno y protejan el medio ambiente. Es la primera en ser aprobada por la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

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En estos tiempos convulsos, cada vez cobra más relevancia en el mundo el debate sobre el acaparamiento de poder de los gobernantes. Pero eso no debe eclipsar otra realidad paralela: existe más información que nunca, y eso también empodera a los gobernados. El ciudadano, cada vez reclama comportamientos más éticos y denuncia en mayor medida las injusticias sociales, sencillamente porque han dejado de pasar desapercibidas. También como consumidor: las empresas están en el punto de mira y ya no pueden descuidar su responsabilidad con la sociedad. Y como inversor: el solo criterio de la rentabilidad pura ya no es suficiente. De ahí la aparición de las inversiones éticas: el ciudadano quiere saber a qué se destina su dinero.

Un escenario que favoreció el nacimiento, hace dos años, de La Bolsa Social. Solo publican a empresas y proyectos con un enfoque transformador, que aporten algo positivo a la sociedad y/o al medio ambiente. Ya existían algunas iniciativas parecidas, la novedad es que esta es la primera reconocida (y supervisada) oficialmente por la Comisión Nacional del Mercado de Valores. El inversor aporta directamente al capital de estas empresas y se convierte en socio. “Hemos logrado ya cinco proyectos por valor de más de un millón de euros. Desde 90.000 a 300.000 por cada uno”, cuenta José Moncada, su fundador. Son empresas, efectivamente, con potencial de rentabilidad, pero también de mejorar la sociedad. Como Nostoc Biotech, pioneros en bioagricultura, soluciones naturales de fertilización y protección de cultivos, basadas en microorganismos vivos. Reducen así el abuso de químicos en los campos de cultivo.

Inversiones éticas y emprendimiento responsable 

Utopic_US es una lanzadera de iniciativas innovadoras y colaborativas que busca transformar la sociedad desde un espacio de coworking. O Whatscine, en la que desarrollan, como dicen ellos mismos, “tecnología que está cambiando la forma en la que las personas con discapacidad audiovisual acceden a los contenidos de cine y televisión”. Han reunido ya 300.000 euros para expandir su actividad por todo el continente americano. Farmidable, por su parte, acerca los productos sanos de temporada y locales del productor al consumidor. Lo hacen por medio de de comunidades naturales de consumo, por ejemplo, los colegios. Finalmente, Auara, marca de agua mineral de calidad, en botellas de material 100% reciclado, cuyos dividendos se emplean en acercar el agua potable a las comunidades más necesitadas.

“Atendemos a empresas que veamos que tienen un impacto positivo en el medio ambiente o la sociedad, que necesitan capital bien para echar a andar, bien para crecer. Muchas no pueden acceder a capital bancario, porque están en sus primeras fases, aunque ya estén funcionando. Es un momento delicado en el que, si no tienen el capital necesario, no pueden dar el siguiente paso, y corren el riesgo de desaparecer. No solo desaparece una empresa con potencial para crear riqueza, sino un proyecto capaz de mejorar nuestra sociedad. Es una oportunidad perdida”, alerta Moncada.

Ofrecen dos líneas de financiación: “La de crecimiento, para esas empresas que tienen potencial, pero necesitan capital para expandirse con más fuerza. Hay otra línea para empresas que están en la fase inicial, tienen ya diseñados su plan y su modelo de negocio, y necesitan capital para dar esos primeros pasos”, explica el fundador. Dos opciones distintas pero con un mismo: objetivo de atraer inversiones éticas. 

Inversiones éticas: responsabilidad pero también rentabilidad 

Los criterios de selección son férreos: un comité de seis expertos, en el que participa la asociación Analistas Financieros Internacionales, analiza el potencial de rentabilidad de cada proyecto. “No debemos olvidar que es una inversión financiera y se busca que tenga retorno”, matiza Moncada. También se mide en esta fase del proceso el impacto en el medio ambiente y la sociedad. “Debe ser medible con criterios empíricos”, explica el fundador. Y se estudian las posibilidades de crecimiento, no solo en facturación, sino también en la repercusión de ese impacto positivo. “Deben aportar un buen modelo de negocio, un proyecto rentable y escalable. Analizamos su modelo de negocio, su equipo, su mercado, su competencia, su propuesta de valor, sus proyecciones... Seleccionamos las más prometedoras” cuenta Moncada. “De ahí, nuestro Departamento de Análisis las estudia con mayor profundidad. Es un análisis financiero y legal con la colaboración del prestigioso despacho de abogados Gómez Acebo y Pombo. A quienes pasan estos filtros, los publicamos en la Bolsa Social. Abrimos la inversión a cualquier persona, desde 500 euros, en un periodo de dos meses. La mayor parte son particulares y business angels, con un sentido ético aparte de la rentabilidad. También hay algunos fondos de inversión, banca privada...”. Durante esos dos meses, la entidad Triodos Bank crea una cuenta en calidad de fideicomisario. Si no se cumplen los objetivos de financiación prefijados por el emprendedor, se devuelve a los inversores su aportación.

“En estos dos años, hemos visto que se ha producido un profundo cambio de mentalidad en la gente”, cuenta Moncada. “Cada vez se preocupan más por el impacto que tengan sus inversiones. Se preguntan: ‘¿Qué estoy haciendo con mi vida?’ O más bien: ‘¿Qué está haciendo mi banco con mi dinero? ¿A quién le presta mi fondo de pensiones?’ Cada vez temen más ser corresponsables del daño que le estamos haciendo al planeta, de las guerras, de la explotación infantil... Empieza a haber consciencia y conciencia. En esto tiene mucho que ver la época en la que vivimos, en la que hay más información que nunca. A la hora de invertir, para muchos ya no tiene sentido mirar solo los criterios económicos. Ahora, el inversor añade otro criterio con la misma importancia, que ya es innegociable: la clase de sociedad que estamos construyendo. Nosotros facilitamos el acceso a estas inversiones éticas. Es una herramienta para que la gente pueda destinar parte de sus ahorros a inversiones acordes con sus valores, en proyectos que nos mejoren como sociedad”. Según Moncada, no es un fenómeno reciente. “Es un cambio de mentalidad que viene de lejos. Me he encontrado con gente que lo estaba deseando. La Bolsa Social les ha dado la vía y se sienten muy identificados. Ya no solo es un criterio ético, también de gestión de riesgo de las empresas.

Inversiones éticas y medio ambiente

Hace años, el impacto en el medio ambiente era una externalidad que no contaba mucho en los criterios de inversión. La contaminación de una empresa no restaba directamente en la cuenta de resultados. Pero hoy el consumidor es más responsable y consciente, está más empoderado, porque hay más información. Igual que los inversores. Nos estamos cargando el planeta, y eso pesa dentro de las empresas. Soy optimista con el momento de cambio que estamos viviendo”.

La empresa tiene, por tanto, un plan ligado a una necesidad de capital. Pero el inversor debe ser realista y analizar la información. “Se invierte en capital y, si se consigue la cifra pretendida, la rentabilidad del inversor depende de la buena o mala marcha de la empresa. Puede llegar a perder lo invertido; por eso, aunque nuestros criterios de selección son rigurosos y proporcionamos muchísima información, el inversor debe analizar siempre muy bien, de forma individual, el proyecto al que está aportando su dinero”.

Sí existen garantías procedimentales. “Somos la primera plataforma de este tipo reconocida y supervisada por la CNMV. Pero quien invierte no tiene garantizado que la empresa vaya a ser rentable y a tener retornos y compartir ganancias. Por eso, es fundamental saber muy bien en qué se está invirtiendo”.

Inversiones responsables: Las acciones del cambio

La Bolsa Social es una iniciativa de financiación participativa (denominada a menudo con el anglicismo equity crowdfunding) pionera y, hoy por hoy, la más importante. Se diferencia del crowdfunding en que se invierte en el capital de las empresas directamente, no es una mera donación. Un punto de partida en nuestro país que ya llevaba tiempo funcionando en nuestro entorno. Precisamente, Moncada decidió emprender esta aventura cuando trabajaba en París y conoció varias experiencias de éxito. “Yo era lo opuesto al mundo de la innovación y el emprendimiento: era funcionario europeo”, explica. “Trabajaba para la autoridad europea del Mercado de Valores en París, en legislación financiera, y antes en Bruselas y en el Tesoro Español”.

“El sector de la inversión con impacto social está mucho más desarrollado en los países de nuestro entorno. En la Bolsa de Londres, incluso cotizan ya empresas sociales. Hay grandes fondos de inversión de impacto social. Conocí varios fenómenos de emprendimiento social con un fuerte apoyo financiero. Y pensé: ¿por qué no desarrollar un espacio que junte a estos emprendedores sociales que están mejorando el mundo, la sociedad y el medio ambiente, que necesitan capital, con inversores que buscan rentabilidad y al mismo tiempo mejorar la sociedad?”. La Bolsa Social, además de otra vía de inversión, es un nuevo paso de empoderamiento para el ciudadano que quiere un mundo mejor.

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