La Generación Z y su ADN emprendedor

Inconformistas, con acceso inmediato a todo y en la búsqueda de un emprendimiento sostenible: así es la Generación Z, los más jóvenes que han crecido con la democratización del aprendizaje. Por Neus Portas, Team Coach en Teamlabs.

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Los centennials o Generación Z son los nuevos jóvenes: los millenials ya han madurado y han dejado paso a la última letra del abecedario. Lo que implica, según algunos expertos, que es la última etiqueta. A partir de aquí, todo se mezcla. Ya no hay antes ni después de la era digital, ni de la crisis. Todo será «post» y tendemos a una población que ya no se definirá por la generación a la que pertenece.

  1. La Generación Z no concibe ni sabe cómo era la vida sin internet
  2. Consumir pero también crear
  3. Emprender con un propósito social o medioambiental
  4. Conciencia social no elegida

La Generación Z no concibe ni sabe cómo era la vida sin internet

Algunos estudios nos explican cómo es este segmento de la población que nació a partir del 1994: sus gustos, aficiones, preferencias, hábitos de consumo. Son un nicho de mercado interesante para muchas marcas, pero con unos hábitos de consumo muy diferentes a las anteriores generaciones. Entre otras cosas, porque esta es la primera generación que no sabe cómo era la vida antes de internet.

Hay quien dice que por los zettabytes, no sólo como unidad de medida sino como símbolo de la cantidad de información que manejan los componentes de este grupo. Una facilidad de acceso que ha cambiado las normas del juego en el sector educativo y, por ende, en el profesional. Dicho sea de paso, las salidas profesionales son, cada vez más, el factor decisivo a la hora de elegir qué estudiar –o incluso si tiene sentido estudiar–.

Han crecido con la democratización del aprendizaje (gracias al acceso a cursos, lecturas, expertos y posts a un clic de distancia) y con una aplicación directa con la que aprender haciendo: lo necesito, lo aprendo, lo aplico y, según los resultados, aprendo y vuelvo a aplicar. Esa es la metodología que usamos en Teamlabs en los procesos de aprendizaje de los chicos.

La Gen-Z, además, tiene acceso inmediato a todo –información, productos y servicios–, que les atiende y sirve al momento. Lo quiero aquí y lo quiero ya. Pero además de ser un consumidor exigente, también es un consumidor profesionalizado, que rompe la dicotomía emisor-receptor: un prosumer que recibe la información y la emite indistintamente.

Consumir pero también crear

Toda esta forma de crecer y aprender hace que, igual que consume productos, los ofrezca. Que igual que demanda servicios, los cree. Sumado a que ya nacieron con la inestabilidad económica asumida, no se plantean un trabajo para toda la vida, porque saben que ya no existe. Puestos a vivir el presente, la opción de emprender es tan válida como la de trabajar por cuenta ajena. Es incluso compatible, simultánea o correlativamente. Pero en ambos casos, la decisión se basa, sobretodo, en el proyecto: quieren retos, quieren sentir que merece la pena, que generan algún impacto. Y puestos a ponerse retos, ¿porqué no resolverlos uno mismo?

Según una encuesta de Deusto Business School para el estudio que ha realizado junto con Atrevia sobre la Generación Z, un 36% prefiere trabajar por cuenta propia o montar una empresa. Además, se empieza a emprender mucho antes: la edad para emprender ha pasado de los 35 a los 24.

Emprender con un propósito social o medioambiental

Entre los primeros, algunos parten de sus habilidades y otros –muchos– de su propósito. Y es que, igual que se ha desdibujado la línea entre lo profesional y lo personal, la Generación Z traslada sus pasiones a sus proyectos. Además, quieren hacer las cosas bien y emprender de forma responsable. Sienten casi la necesidad de ofrecer una propuesta que ayude a mejorar su entorno o minimice su impacto: un poco por conciencia, otro poco por dejar su huella.

Por ejemplo, es el caso de las libretas Aedra, que querían lanzar un proyecto de libretas motivadoras pero no querían basar su modelo en una materia prima que sabían que era un bien escaso. Así que buscaron alternativas hasta descubrir el papel piedra que, además, es impermeable.

O el de la aplicación para reducir el abandono de perros, que educa a los niños antes de tener un animal de compañía y les guía cuando el animal ya forma parte de la familia. Un proyecto que nació de la mezcla de una preocupación personal con una tendencia innata al entorno digital.

O de los bolsos de Evana y Tía, de un sector aparentemente clásico como el de la moda, que han sido diseñados con un patrón especial para que se puedan ensamblar en los centros penitenciarios sin necesidad de maquinaria ni conocimientos en marroquinería y cuyas fundas se realizan en India en una comunidad de mujeres en riesgo de exclusión social.

Todos ellos han buscado el modelo de negocio después de la idea. El propósito va por delante del dinero, aunque son conscientes de que quieren vivir de sus proyectos y, por tanto, también tiene que ser sostenible económicamente.

Conciencia social no elegida

Aun así, y a pesar de tener un foco de impacto tan claro en sus proyectos, probablemente los componentes de la Generación Z no han hecho una reflexión tan profunda de sus valores de consumo como podemos tener los de otras generaciones anteriores. Les ha venido dado. Han crecido oyendo hablar del calentamiento global, de la contaminación en las ciudades, sin que les sorprenda que un coche se pueda enchufar y dando por sentado que los residuos se reciclan.

Por eso, porque no han tenido que reflexionar y decidir –ya no hay opción, en realidad– hace que a menudo caigan en ciertas incoherencias, como reclamar derechos para colectivos... pero luego comprar productos de marcas que transgreden esos  derechos, con tal de obtener un precio más económico.

Lo que es seguro es que, cada vez más, cuando emprenden, en una gran mayoría, buscan ser responsables con su entorno. En parte, por conciencia, porque quieren generar impacto dentro de sus posibilidades. Y en parte, probablemente, porque saben que les aporta algo que contar, un elemento básico de marca con lo que conectar con sus potenciales clientes.

Ahora, para que también los que emprenden para ganar dinero busquen generar impacto (o minimizar el daño), se hace necesario que, sobre todo desde las grandes empresas, se demuestre que ser sostenible y ético es rentable y que para ganar dinero hay que hacer las cosas de forma respetuosa. El ritmo es lento, pero vamos por buen camino: hay muchas marcas que trabajan en ese camino y muchos agentes que dan voz a los resultados.

Espero que la Generación Z dé paso a consumidores concienciados y a emprendedores que plantean sus proyectos desde la búsqueda de impacto en el entorno como elemento fundamental para la sostenibilidad no sólo ambiental o social, sino también económica.

Por Neus Portas, Team Coach en Teamlabs

Etiquetas: Opinión Innovación