Zimmermann: "La economía digital tiene una clara vertiente social"

José Luis Zimmermann, experto en transformación tecnológica y creación de nuevos negocios, considera que esta era de cambio es clave para afrontar retos como la lucha contra cambio climático o la erradicación de la pobreza

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Después de pasar por la Federación Española de Comercio Electrónico y Marketing Directo (Fecemd), y la Asociación Española de Comercio Electrónico (Aecem), José Luis Zimmermann (Madrid, 1974) dirige, actualmente, la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital). Considerado uno de los gurús de la transformación hacia el cambio de modelo en nuestro país, insiste siempre en la necesidad de socializar la tecnología aplicada a los nuevos negocios. 

¿En qué consiste la economía digital? 

Hay muchos modelos de negocio digital que entran en el mercado, pero no hemos sido capaces de mostrar a la opinión pública los aspectos positivos para la ciudadanía. Por ejemplo, empresas como Deliveroo o Glovo, de reparto a domicilio, han sido muy criticadas por sus salarios bajos o la creación de falsos autónomos. Sin duda, si eso es así, debe denunciarse y mejorarse, pero no se habla de que estas compañías están transformando y ampliando la capacidad de competir del negocio local. Y en muchos casos, fomentando la puesta en marcha de nuevos modelos de negocio. Hay restaurantes en Madrid que han duplicado su demanda gracias a estas plataformas digitales, por ejemplo. Hay tiendas de moda locales que venden casi el 80% de sus productos de forma online, y ni siquiera tienen una web. Los mercados de barrio en Madrid, por ejemplo, gracias a Amazon, están vendiendo más de 13 millones de euros al año por esta plataforma. La economía digital tiene una vertiente social, y hay que darle a conocer.  

¿En qué medida la economía digital sirve para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible? En concreto, los dos más importantes: la erradicación de la pobreza y la lucha contra el cambio climático. 

Es clave, entendida como una herramienta. Porque empodera al usuario. La economía digital, por ejemplo, permite situaciones hasta hace nada impensables, como que Kenia sea el país con más transacciones móviles del mundo. Un país no bancarizado, pero cuyos ciudadanos pueden hacer y recibir pagos con un número de teléfono vinculado a su contrato con la compañía telefónica. En cuanto al medio ambiente, las compañías de car sharing están logrando que mucha gente deje de usar el coche cotidianamente, y eso tiene un impacto muy claro en la reducción de emisiones. La digitalización permite además el big data, que es una herramienta para que las ciudades puedan emplear mejor sus recursos, de una forma mucho más eficiente. Son solo dos ejemplos de muchos.  

Cada vez hay más voces que critican que el modelo basado en economía colaborativa está cambiando su esencia según aumentan sus beneficios.  

La confusión con la economía colaborativa parte de una premisa errónea. Y se ha usado de una manera interesada por esa parte de la industria que se empeña en resistirse a la entrada de nuevos modelos. En ningún caso la economía colaborativa, que es un término que nunca fue acuñado formalmente, debería haberse referido a una actividad que no busca beneficio. Para empezar, aglutina empresas demasiado diversas como para meterlas a todas en una misma denominación.  

¿Cuál sería la denominación correcta de economía colaborativa? 

Que habláramos de modelos de plataforma. Donde esas compañías hacen de intermediarias entre una oferta y una demanda. Por ejemplo entre usuarios, o entre empresas y usuarios. Y muchas de esas plataformas tienen un impacto muy importante en esos sectores en los que operan. Por ejemplo, en los alojamientos turísticos. Claro que es necesaria una regulación que parta del interés general, pero debe tener en cuenta las diferencias y singularidades de estos nuevos modelos.  

¿No ha crecido la relevancia de las empresas digitales mucho antes y en mayor medida de lo que la mayoría esperaba? 

Por un lado sí, pero no olvidemos que Amazon se fundó en 1995, y enseguida quedó claro que, con el potencial de esa idea, se iba a convertir en algo mucho más grande que una mero distribuidor de libros. Porque todas estas compañías son globales desde el momento en que la tecnología digital reduce mucho las barreras. Y España no debería ponerse en contra de su crecimiento, que es lo que está sucediendo desde ciertos sectores reticentes al cambio.  

¿Somos un país preparado para una transformación digital tan rápida como la que se está dando? 

Sí, y se está viendo por parte del usuario, de la ciudadanía, y su enorme capacidad de adopción. Además, disponemos ya de unas infraestructuras y una conectividad que están a un nivel envidiable a nivel mundial y nos permite ser de los primeros en el uso, por ejemplo, de las redes sociales. Y por eso estamos también en la parte de arriba de las listas de número de usuarios de plataformas digitales internacionales. Y eso no se corresponde con la importancia que le está dando en el sector público, concretamente, el legislativo. Hay normas y estructuras fiscales que no se han cambiado desde hace 40 años.  

¿Qué supone la economía digital para nuestras empresas? 

Hace falta que pisen el acelerador en esta fase de transformación digital. Porque si no, nos llevará a una pérdida de competitividad. Es una tarea muy importante que pasa por capacitar a las pymes que ya existen, e impulsar la creación de nuevas empresas digitales. Para eso hace falta un cambio de legislación que lo facilite, y no todo lo contrario, como sucede ahora. 

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