Deporte y discapacidad. De Thomas Arnold a “Las Sillas Voladoras” y los Juegos Paralímpicos

El primero en comprender todos los beneficios de la práctica deportiva para la formación general de las personas fue el británico Thomas Arnold. Formado en Oxford y especialista en lenguas clásicas, después de ser ordenado pastor anglicano y pasar varios años formando a alumnos para entrar en la Universidad, fue invitado en 1828 a incorporarse al cuadro académico de una escuela pública ajena al circuito de colegios elitistas ingleses.

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Arnold transformó por completo la pedagogía de la institución y construyó un nuevo modelo, totalmente distinto al de las demás escuelas públicas de la época, en el que por primera vez se integró el deporte en el programa educativo y la actividad escolar. Arnold vislumbró, más allá de los evidentes beneficios físicos, los múltiples servicios sociales y psicológicos que el deporte podía ofrecer para mejorar el bienestar general de las personas.

Esta preocupación por unir el ejercicio físico a la función pedagógica no debió ser casual. Su interés por las lenguas clásicas debió llevarle a familiarizarse con la civilización griega, en la que la gimnasia era un elemento característico de la formación y uno de los rasgos dominantes de la vida. El deporte en la antigua Grecia no era entendido tan solo como una actividad de ocio, sino que formaba parte de un conjunto de preocupaciones higiénicas y de salud, éticas y estéticas a la vez.

Arnold creía en la búsqueda de la perfección espiritual por medio del deporte y sembró esta inquietud en el personaje que vendría a marcar la gran diferencia histórica en la práctica deportiva hasta nuestros días: Pierre de Coubertin, quien se convirtió en uno de sus más destacados seguidores. Antes de instaurar los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, celebrados en 1894 en París, el barón de Coubertin viajó durante años explicando su convicción de que el deporte podía ir unido a valores como la paz, la unión entre las personas y el fomento de la comprensión y el respeto mutuos.

La visión de Arnold y Coubertin, totalmente revolucionaria a pesar de que los griegos ya la habían defendido un par de miles de años atrás, sentó las bases de las primeras iniciativas para realizar deporte adaptado, que nacieron entrado el siglo XX y que culminaron con la visión del Dr. Ludwig Guttmann de incorporar, en los años cuarenta, la actividad deportiva al tratamiento rehabilitador de personas con discapacidad y de impulsar la creación de los Juegos Paralímpicos.

Las primeras experiencias que se conocen datan de 1918, cuando un grupo de amputados de guerra se inició en la práctica deportiva en Alemania. Más tarde, en los años treinta, Carl Diem y Wall Witz extendieron la idea del deporte adaptado a otros colectivos para que pudieran salir de casa a practicar actividades físicas sencillas, sin ánimo de competición, sino más bien para fomentar relaciones sociales con su entorno. En esa misma época, concretamente en 1932, en la ciudad inglesa de Glasgow se creó la “Asociación de Jugadores de Golf con un Solo Brazo” y el “Club del Motor”, ambas entidades dedicadas a realizar actividades para personas amputadas en combinación con otras sin discapacidad.

Pero fue después de la Segunda Guerra Mundial cuando se dio un nuevo y significativo paso a favor de la integración de la actividad física en las vidas de las personas con discapacidad. En Estados Unidos, se formó el primer equipo de baloncesto en silla de ruedas –“Las Sillas Voladoras”–, cuyos miembros habían padecido alguna lesión traumática de guerra. Con un impresionante espíritu de superación y una adecuada preparación física y funcional, fueron capaces de dotar este deporte de una nueva dimensión, compitiendo en emoción con “los verticales”, es decir, con los jugadores no discapacitados, tal y como ellos los denominaban. En 1949, se organizó el primer torneo nacional de baloncesto en silla y se formó la National Wheelchair Basketball Association (NWBA). América del Sur se sumaría por entonces a este movimiento como consecuencia de la epidemia de poliomielitis que azotó esta parte del continente americano.

Y fue en esa época cuando entró en escena la personalidad más determinante para el mundo del deporte y la discapacidad, el Dr. Ludwig Guttmann, neurólogo y neurocirujano del Hospital de Lesionados Medulares de Stoke Mandeville (Inglaterra), quien, en 1944, creó el primer centro del mundo para la rehabilitación de personas con lesión medular, incorporando plenamente la actividad deportiva al tratamiento rehabilitador. Guttmann comenzó con la práctica del baloncesto en silla de ruedas, el tiro con arco y el atletismo, para luego incorporar más deportes, incluida la halterofilia. En un principio, buscaba restablecer a través del deporte el bienestar psicológico y el buen uso del tiempo libre del paciente, pero después se dio cuenta de que la disciplina deportiva influía positivamente también en el sistema neuromuscular y ayudaba a la reinserción social.

Cuatro años más tarde, coincidiendo con la celebración de los Juegos Olímpicos de Londres de 1948, el Dr. Guttman organizó unos juegos deportivos internos en el hospital. Tal fue la repercusión que pronto los juegos comenzaron a celebrarse anualmente, creciendo en notoriedad y participación hasta que, en 1952, ya se celebraron con carácter internacional y, en 1960, coincidieron con los Juegos Olímpicos de Roma. En esa ocasión, participaron 400 deportistas en silla de ruedas procedentes de 23 países, que compitieron en ocho deportes: atletismo, baloncesto en silla de ruedas masculino, dartchery (dardos), esgrima, natación, billar, tenis de mesa y tiro con arco. A partir de entonces, los que hoy conocemos como “Juegos Paralímpicos” han ido celebrándose cada cuatro años, coincidiendo con la ciudad anfitriona de las Olimpiadas, y en cada nueva edición se han ido incorporado nuevas disciplinas y ha ido aumentando el número de países y deportistas participantes.

En España, el Comité Paralímpico Español se creó en 1995 y desde entonces se configuró como el órgano de unión y coordinación de todo el deporte para personas con discapacidad en nuestro país. Forman parte de él las federaciones polideportivas y unideportivas paralímpicas y las federaciones no paralímpicas, que son quienes organizan todo el deporte de competición y cuentan con más de 13.000 deportistas afiliados.

En los Juegos de Londres 2012, el equipo paralímpico español estuvo formado por 127 deportistas con discapacidad -98 hombres y 29 mujeres con una edad media de 29 años- , que participaron en 15 de las 20 disciplinas del programa de competición: atletismo, baloncesto, esgrima y tenis en silla de ruedas, boccia, ciclismo, fútbol-5, yudo, halterofilia, natación, remo, tenis de mesa, tiro con arco, tiro olímpico y vela. España consiguió 48 medallas, cinco más que en los anteriores Juegos de Pekín, convirtiéndose en una de las más importantes potencias del mundo en este ámbito deportivo.

Los beneficios de la práctica deportiva

Pero, como ya sabía el Dr. Guttmann, los beneficios del deporte no provienen necesaria ni principalmente de la competición, sino sencillamente de su práctica. El CERMI (Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad), que agrupa a casi 4 millones de personas con discapacidad –un 10% del total de la población española-, ha sido una de las organizaciones que más ha trabajado por la promoción y el reconocimiento de la práctica deportiva. Gracias a las gestiones que realizó ante los poderes públicos, se consiguió en 1998 la modificación de la Ley del Deporte para equiparar, a todos los efectos, al Comité Paralímpico Español con el Comité Olímpico. Según el CERMI, “la práctica de deporte de las personas con discapacidad supone el mayor acontecimiento médico-social producido en el siglo XX. Su evolución ha sido lenta por la incapacidad de la sociedad para comprender, pero ahí están los resultados. El deporte adaptado es una terapia agradable, estimulante y eficaz”.

Efectivamente, los beneficios del deporte adaptado son psicológicos y sociales, además de físicos. El deporte ayuda a mejorar y fortalecer la afectividad, la emotividad, el control, la percepción, la cognición y, lo que es más importante, ofrece un campo adecuado y sencillo para la auto-superación.

Otro de los beneficios viene de la mano de los entrenamientos, que tienden a desarrollar las cualidades mentales y físicas que no solo suponen un mejoramiento para la salud, sino también una preparación para la vida. Entender que todas las personas pueden practicar deportes y recibir este servicio como un bien social más es el principio de la inserción social y, por ende, el primer paso hacia la integración.

Además, la práctica deportiva también desarrolla las capacidades perceptivo-motoras, las habilidades motoras y las capacidades condicionales y coordinativas, mejorando las funciones motoras, sensoriales y mentales, tanto las que se encuentran en las zonas disminuidas como las que no, tratando al individuo como un ser completo. Asimismo, estimula el crecimiento armónico y previene deformidades y vicios posturales.

Son tantos los beneficios ya comprobados que actualmente son una mayoría los hospitales, clínicas, instituciones, escuelas y demás centros con interés en la discapacidad los que han incorporado el deporte como medio terapéutico. Para ello, se deberá tener conocimiento de las características generales de la deficiencia, así como las particularidades de cada individuo: su actitud ante la discapacidad, el grado de afectación, la estimulación recibida, las experiencias motrices anteriores, el momento de aparición de la deficiencia y también, por supuesto, las condiciones del entorno, como la familia.

El deporte nos hace como los demás

De cuánto cuentan la familia y el entorno tiene mucho que decir una pequeña gran fundación ubicada en la parte alta de Barcelona, la Fundación Boscana, llamada así porque se encuentra ubicada en un bosquecillo: “el mejor remedio” según Elena Carandini, la nieta de sus fundadores. Boscana fue creada hace 50 años por Jesús Raventós y Teresa Chalbaud cuando su primera hija, Begoña, nació con una grave deficiencia intelectual. Así nació una escuela para niñas con discapacidad en la que, en un inicio, se contó con cuatro alumnas y en la que hoy hay hasta un máximo de 25, todas ellas ya adultas, entre los 25 y los 70 años, y con diferentes grados de dependencia. La escuela fue creciendo con ellas y acompañándolas a ellas y a sus familias en su evolución: “sus padres fueron haciéndose mayores y al final se quedaron a vivir aquí” y el centro se convirtió en una residencia en los años ochenta. Elena Carandini comenta que siguen sintiéndose una escuela “en el sentido de la preocupación por la estimulación”, pero su principal objetivo ha sido que sus integrantes “sean felices” y “trasladar tranquilidad a sus familias”.

Entre las actividades que organizan, se encuentra un taller ocupacional diario dedicado principalmente a las manualidades, pero, a partir del año 2000, empezaron a integrar también el deporte. Al principio incorporaron el baloncesto, pero, a medida que las chicas se fueron haciendo mayores, se adaptaron a las nuevas circunstancias y así llegaron a la oferta deportiva actual, compuesta por el trekking, la petanca y la piscina tres veces por semana, en colaboración con la asociación BCN Esport, que además organiza campeonatos locales. Carandini destaca la socialización como uno de los beneficios más importantes y también “que no hagamos los deportes aparte de la sociedad. Que seamos como los demás”.

En este sentido, Ana Teresa Raventós, madre de Elena –recientemente galardonada con el premio “Llave de Barcelona” por su contribución como presidenta de Boscana los últimos 25 años–, recuerda con emoción la participación de las chicas en diversas competiciones organizadas por Special Olympics y la antorcha que ellas mismas crearon cuando se celebraron los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 y que pasearon por el barrio llevando a cabo los relevos preceptivos.

El deporte cambia vidas

Creada originariamente también en el entorno de una familia con el mismo afán de superación, pero de características bien distintas, es precisamente la fundación Special Olympics. La convicción de que las personas con discapacidad intelectual pueden aprender, disfrutar y beneficiarse de su participación activa tanto en deportes individuales como colectivos es la que mueve a esta organización, un verdadero movimiento internacional nacido en 1968, en Estados Unidos, de la mano de Eunice Kennedy. Special Olympics cuenta con el reconocimiento del Comité Olímpico Internacional y está presente en 170 países, agrupando a más de 3 millones de deportistas. A lo largo del año, se organizan casi 30.000 competiciones en todo el mundo de los 30 deportes olímpicos de invierno y verano. Pero ¿qué diferencia a Special Olympics de unos Juegos Paralímpicos? Según Enric Blesa, su director general en España, “nosotros hacemos deporte para todos”, es decir, en sus campeonatos no se fomenta la competitividad, sino la participación: todos los deportistas se van con una medalla “y hay pódium para todos”. Eso obliga a dedicar enormes esfuerzos de organización para agrupar a los deportistas en las distintas pruebas según criterios homogéneos de competición y así asegurar que estas se realicen con la máxima dignidad, si bien al final todos son premiados por su esfuerzo y participación. Probablemente se trate de la práctica deportiva más cercana a la filosofía inspirada por el barón de Coubertin, adaptada a las circunstancias de la discapacidad intelectual.

Special Olympics en España está presente en 13 Comunidades Autónomas y promueve la práctica de 16 modalidades deportivas en las que participan más de 16.000 deportistas y 4.500 voluntarios. Los programas de entrenamiento y las competiciones locales y autonómicas a menudo se constituyen en colaboración con las diferentes FEAPS. Según Blesa, Cataluña y Galicia destacan por su nivel de actividad y participación, pero España en general es uno de los cinco países más importantes de Europa (junto con Alemania, Irlanda, Inglaterra e Italia) por su presencia en campeonatos. “Todos los países del mundo en los que está presente Special Olympics comparten la misma filosofía, pero luego cada uno la vive de forma distinta.” La red asociativa en Europa es muy diferente a la americana y, al contrario de lo que pudiera parecer, Blesa explica que en Estados Unidos, por ejemplo, la familia es muy protectora, mientras que “aquí trabajamos la independencia y la autonomía de los discapacitados. Aquí nunca verás a los padres en un terreno de juego: les tratamos como deportistas”.

Según diversos estudios, las personas con discapacidad intelectual tienen un riesgo hasta el 40% mayor de desarrollar disfunciones previsibles, como obesidad, baja condición física, enfermedades respiratorias, enfermedades cardíacas, deficiencias nutricionales, oculares, auditivas, bucales y/o podológicas, y una esperanza de vida más corta. La práctica de alguna disciplina deportiva ha dado sorprendentes resultados en la mejora física y la integración-aceptación. Tal y como dice Blesa, “el deporte cambia vidas”. Lograr mayor reconocimiento social es también, de hecho, uno de los principales objetivos a alcanzar.

El desafío de practicar cualquier deporte

La Fundación Deporte y Desafío trabaja por la integración social de las personas con discapacidad física, intelectual o sensorial a través del deporte al aire libre desde hace 15 años y en ese empeño no hay deporte que se le resista. Han sido pioneros en la introducción de prácticas como el esquí alpino, para el que trajeron a España una modalidad adaptada y monitores y formadores desde Estados Unidos, constituyendo el primer programa deportivo en Sierra Nevada. Cuentan incluso con un monitor amputado como profesor de esquí, Salvador Navas, algo poco habitual de lo que se sienten muy orgullosos. Pero también se han atrevido con el esquí náutico, el golf, la equitación o el buceo. Noelia Peña, responsable de la coordinación de todos los programas deportivos, dice que “la idea es que cualquier persona, tenga la discapacidad que tenga, pueda practicar el deporte que quiera”, pero siempre “con un primer enfoque puesto en la formación, buscando a los profesionales en deporte adaptado para que luego los deportistas puedan practicarlo”.

La fundación considera que el deporte promueve la independencia, aumenta la seguridad en uno mismo y anima a superar otras limitaciones, valores todos ellos imprescindibles para la progresión social y laboral de sus participantes. Tal y como reza su filosofía, de esta forma se demuestran a sí mismos que el límite de su discapacidad está donde cada uno quiera ponerlo: “si puedo hacer esto, puedo hacer cualquier cosa”.

Sus participantes empiezan a los cinco años y sin límite de edad y, aunque los cursos son colectivos, la idea es que el aprendizaje sea individualizado. El año pasado organizaron 58 cursos en distintos lugares de España en los que participaron casi 900 personas y más de 500 voluntarios.

El primer modelo de deporte rehabilitador y terapéutico

Inaugurado en Barcelona en 1965, el Instituto Guttman fue el primer hospital de España dedicado al tratamiento especializado de personas con lesión medular y daño cerebral adquirido u otra gran discapacidad de origen neurológico. Proporciona asistencia médico-rehabilitadora especializada de manera integral, continuada y personalizada, y es uno de los hospitales más avanzados del mundo en su especialidad. Recogió el testigo de las nuevas técnicas desarrolladas por el Dr. Ludwig Guttmann y en su honor adoptó su nombre.

Hoy, en este centro la práctica deportiva está plenamente integrada en el proceso rehabilitador de las personas con discapacidad y es un potente aliado terapéutico para mejorar su salud y bienestar. El Dr. Josep Medina, Jefe del Área de Rehabilitación, comenta que desde que llega un paciente se le integra en actividades físicas y de movilidad encaminadas a buscar una mejora de su independencia y que, en cuanto es posible y en función de la problemática, se le van introduciendo diferentes prácticas deportivas más concretas.

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