El emprendimiento en la Generación Z

«Los centennials quieren retos y quieren resolverlos por su cuenta: según un estudio reciente, un 36% prefiere trabajar por cuenta propia o montar una empresa a hacerlo por cuenta ajena. Pero, además, quieren hacer las cosas bien, emprender de forma responsable”, reflexiona Neus Portas, Team Coach de Teamlabs.

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Los centennials son los nuevos jóvenes: los millenials ya han madurado y han dejado paso a la última letra del abecedario, lo que implica, según algunos expertos, que es la última etiqueta. A partir de aquí, todo se mezcla. Ya no hay antes ni después de la era digital, ni de la crisis. Todo será “post”. Tendemos a una población que ya no se definirá por la generación a la que pertenece.

 

Algunos estudios nos explican cómo es este segmento de la población que nació a partir del 1994. Sus gustos, aficiones, preferencias, hábitos de consumo. Son un nicho de mercado interesante para muchas marcas, pero con unos hábitos de consumo muy diferentes a las anteriores generaciones. Entre otras cosas, porque esta es la primera generación que no sabe cómo era la vida antes de internet.

 

A los centennials también se les llama Generación Z. Hay quien dice que por los zettabytes, no solo como unidad de medida sino como símbolo de la cantidad de información que manejan los componentes de este grupo. Una facilidad de acceso que ha cambiado las reglas de juego en el sector educativo y, por ende, en el profesional (dicho sea de paso, las salidas profesionales son, cada vez más, el factor decisivo a la hora de elegir qué estudiar –o incluso si tiene sentido estudiar–).

 

Ya no necesitan –o no tanto– de alguien que les explique el contenido, sino más bien un acompañamiento en este acceso a la información y proceso de aprendizaje. Aprender para una finalidad en concreto. Buscar lo que necesitan solo cuando lo necesitan.

Han crecido con la democratización del aprendizaje, gracias al acceso a cursos, lecturas, expertos y posts a un clic de distancia. Con una aplicación directa con la que aprender haciendo: lo necesito, lo aprendo, lo aplico y, según los resultados, aprendo y vuelvo a aplicar, una metodología que usamos en Teamlabs en los procesos de aprendizaje de los chicos.

 

La Gen-Z, además, tiene acceso inmediato a todo: información, productos y servicios, que les atiende y sirve al momento. Lo quiero aquí y lo quiero ya. Pero además de ser un consumidor exigente, también es un consumidor profesionalizado, que rompe la dicotomía emisor-receptor: un prosumer que igual recibe la información que la emite.

 

Aprender y emprender

Esta forma de crecer y aprender hace que, igual que consume productos, los ofrezca, y que, igual que demanda servicios, los cree. Sumado a que ya nacieron en un escenario de inestabilidad económica, no se plantean un trabajo para toda la vida porque saben que ya no existe. Y que, puestos a vivir el presente, la opción de emprender es tan válida como la de trabajar por cuenta ajena. Es incluso compatible: simultánea o correlativamente. Pero en ambos casos, la decisión se basa, sobre todo, en el proyecto: quieren retos, quieren sentir que merece la pena, que generan algún impacto. Y a esos retos que resolver, otro añadido: ¿por qué no hacerlo por uno mismo?

 

Según un reciente estudio sobre la Generación Z elaborado por Deusto Business School y Atrevia sobre la Generación Z, un 36% prefiere trabajar por cuenta propia o montar una empresa. Además, la edad para emprender ha pasado de los 35 a los 24.

En mi día a día como Team Coach de proyectos emprendidos por centennials, veo dos perfiles: los que buscan su pasión y los que persiguen el sueño “startupero” de innovar, vender y reinvertir.

 

Emprender con propósito

Entre los primeros, algunos parten de sus habilidades y otros –muchos– de su propósito. Y es que, igual que se ha desdibujado la línea entre los profesional y lo personal, también ellos trasladan sus pasiones a su proyecto. Pero, además, quieren hacer las cosas bien, emprender de forma responsable. Sienten casi la necesidad de ofrecer una propuesta que ayude a mejorar su entorno o minimice su impacto.

 

Es, por ejemplo, el caso de las libretas Aedra, que querían lanzar un proyecto de libretas motivadoras pero no querían basar su modelo en una materia prima que sabían que era un bien escaso. Así que buscaron alternativas hasta descubrir el papel piedra que, además, es impermeable.

 

O el de la aplicación para reducir el abandono de perros, que educa a los niños antes de tener un animal de compañía y les guía cuando el animal ya forma parte de la familia. Un proyecto que nació de la mezcla de una preocupación personal con una tendencia innata al entorno digital.

 

O de los bolsos de Evana y Tía, en un sector aparentemente clásico como el de la moda, que han sido diseñados con un patrón especial para que se puedan ensamblar en los centros penitenciarios sin necesidad de maquinaria ni conocimientos en marroquinería y cuyas fundas se realizan en India en una comunidad de mujeres en riesgo de exclusión.

 

Y &bitio, una aceleradora de proyectos creativos realizados por personas con discapacidad.

 

Todos ellos han buscado el modelo de negocio después de la idea. El propósito va por delante del dinero, aunque son conscientes de que quieren vivir de sus proyectos y, por tanto, tiene que ser sostenible también económicamente.

 

Conciencia social no elegida

Aun así, y a pesar de tener un foco de impacto tan claro en sus proyectos, probablemente los componentes de la Generación Z no han hecho una reflexión tan profunda de sus valores de consumo como podemos tener los de otras generaciones anteriores. Les ha venido dado. Han crecido oyendo hablar del calentamiento global, de la contaminación en las ciudades, sin que les sorprenda que un coche se pueda enchufar y dando por sentado que los residuos se reciclan.

 

Por eso, porque no han tenido que reflexionar y decidir (ya no hay opción, en realidad) hace que a menudo caigan en ciertas incoherencias, como reclamar derechos para colectivos, pero luego comprar productos de marcas que transgreden esos derechos, con tal de obtener un precio más económico.

 

Lo que es seguro es que, cada vez más, cuando emprenden, buscan ser responsables con su entorno. En parte, por conciencia, porque quieren generar impacto dentro de sus posibilidades. Y en parte, porque saben que les aporta algo que contar, un elemento básico de marca con lo que conectar con sus potenciales clientes.

 

Confío en que la Generación Z dé paso a consumidores concienciados y, sobre todo, a emprendedores que plantean sus proyectos desde la búsqueda de impacto en el entorno como elemento fundamental para la sostenibilidad no solo ambiental o social, sino también económica.

 

Por Neus Portas, Team Coach del grado LEINN 

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