El poder de un clic

La tecnología del siglo XXI está dispuesta a erigir Internet como la herramienta democrática por excelencia. Una red global, en la que podemos comunicarnos prácticamente con cualquier persona, en cualquier lugar y momento. La percepción de que Internet tiene un poder incalculable es por todos compartida, pero falta esclarecer cuál es el efecto que produce, o puede producir, en los cambios sociales que vive la gente.

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¿Qué moviliza a la gente?

La potencialidad y el valor de Internet como herramienta útil para la acción social y el activismo residen en la capacidad de contextualizar los problemas y las causas sociales. Partimos del concepto ‘red 2.0’, que representa la actual etapa en la que estamos viviendo, donde Internet nos ofrece la oportunidad de pertenecer a diferentes redes sociales, blogs o foros, comunicándonos e interactuando con gente que comparte nuestros mismos gustos e intereses. Sin embargo, nuestra presencia en una red social más íntima e informal, como Facebook, no es igual a la que tenemos en una red profesional, como Linkedin, que requiere una imagen de mayor seriedad. Estas diferencias son las que rigen el contexto de lo que ocurre en Internet.

Pero el contexto no es el único factor que interviene en la movilización. En contra de lo que podría parecer al tratarse de una red que, como hemos comentado, interconecta todos los rincones del planeta, el factor geográfico es clave para el call to action. Internet es una red global que actúa localmente y en la que la mayor parte de las relaciones que tenemos y de las acciones que llevamos a cabo están condicionadas por nuestro entorno y, por lo tanto, por nuestra situación geográfica.

Entonces, ¿qué ocurre cuando se mezclan el factor contexto y el de situación geográfica? Una de las consecuencias de esta unión es lo que los expertos llaman ‘activismo 2.0’.

Activismo 2.0

Este es el término que resume la capacidad que tiene cualquier persona de adoptar una posición a favor de cualquier causa social o, en muchos casos, verse obligada a tomar la iniciativa para manifestar su descontento sobre algún problema o situación que le genere rechazo.

La globalización del acceso a Internet y la tendencia a la participación social han provocado que surjan en Internet numerosas plataformas de activismo 2.0 y crowdsourcing como: Change.org, Avaaz, Care2, OpenIdeo o Kune; además de redes sociales específicamente dirigidas a las causas sociales, como es el caso de la plataforma Jumo.

Pero el concepto de activismo en Internet es muy amplio y, en muchas ocasiones, la percepción que se tiene de esta actividad está un tanto desvirtuada. Podemos definir, de forma global, a un activista en Internet como toda aquella persona que se involucra de manera activa en una causa, apoyando de manera directa de forma física o electrónica para conseguir un fin u objetivo determinado. Bajo esa premisa, podríamos concluir que casi todos los cibernautas hemos sido activistas 2.0 en un determinado momento de nuestra vida.

Un activista no es un agitador ni un provocador, es una persona que se involucra de manera proactiva en una situación determinada con la que siente afinidad o se siente identificado, lo que genera en él un interés determinado para que sus objetivos se cumplan. Ahora bien, bajo esta premisa, uno de los factores determinantes para que un posible activista sienta afinidad por una causa es el entorno y la localización geográfica de la propia causa. De ahí la afirmación de que una red global es decisiva en la acción social cuando es capaz de conectar a un determinado grupo de personas que comparten un determinado espacio y localización geográfica.

Internet como herramienta de la acción social

La principal capacidad de Internet como herramienta de la acción social es la organización. Las compañías deberían entender mejor que no se trata de “matar moscas a cañonazos”, sino de elaborar una estrategia orientada a los objetivos y targets determinados en cada momento y situación. La tendencia de las campañas de acción social en Internet no pasa por la masificación de la información, sino por la capacidad de persuasión de la campaña en nichos muy concretos, que consiga trascender y materializar dicho esfuerzo en el mundo real. Priorizando la creación y el estímulo de una conversación constante entre ese grupo de stakeholders y consiguiendo de forma paulatina esculpir una creencia sobre el valor y la importancia real de la causa.

Y siempre que nos referimos a creencias y valores, la coherencia es clave. La reputación de las compañías es fundamental para generar una estrategia de comunicación que aporte valor en Internet. No podemos pretender que de buenas a primeras una empresa con una reputación fisurada sea el estandarte de la lucha de problemas con los que ella misma es asociada.

Las estrategias no se han agotado, en realidad son intrínsecamente inagotables, porque para cada acción social deberá haber una nueva y única estrategia. Lo que sí puede acotarse son las herramientas de las que disponemos para llevar a cabo dichas estrategias. La dificultad de la estrategia también reside en la mutabilidad de dichas herramientas. Sin embargo, el camino hacia el éxito siempre será el mismo: saber qué es lo que queremos comunicar, saber cómo, dónde y cuándo comunicar y conseguir comunicarlo bien.

Activismo social y empresa

Las compañías son cada vez más conscientes de la necesidad de estar presentes en Internet, pero muchas de ellas no saben cómo. Para una buena implantación en la red, es importante tener en cuenta que tener una web, un blog, estar presente en redes sociales y plataformas de Internet no es digitalizar el contenido que se tiene en soportes tradicionales y hacer una campaña de SEO. Internet ofrece, pero también requiere, bidireccionalidad y conversación, y aún más si lo que queremos es promover el activismo social.

En este escenario pues, cobra especial relevancia saber a quién queremos dirigirnos con cada acción, qué ofrecemos y qué esperamos de las personas a las que apelamos. Esta es la base de cualquier estrategia. Internet nos da herramientas útiles para la segmentación de los mensajes, la elaboración de estrategias ad hoc para los distintos colectivos y la difusión de contenidos, pero la estrategia debe estar bien tramada para ofrecer a cada destinatario lo que precisa: cumplir con la promesa de valor que le damos como compañía.

DKV Seguros ha seguido estas premisas para su Convocatoria de ayudas a proyectos sociales y ambientales, en la que ha volcado todo su esfuerzo en hacer del proceso de votación de los proyectos un ejemplo de democratización gracias a Internet.

Tú decides: implicación en la acción social

DKV Seguros ha lanzado la Convocatoria de ayudas a proyectos sociales y ambientales, mediante la cual ya se ha apoyado a 69 proyectos a lo largo de las anteriores siete ediciones, repercutiendo a un total de 150.000 personas beneficiarias de los mismos.

Cada año, DKV Seguros hace un llamamiento al tercer sector con el fin de que presenten propuestas orientadas a mejorar la salud de personas desfavorecidas, poner en marcha proyectos terapéuticos innovadores o programas de divulgación para los que precisen de ayuda para su financiación. Estos proyectos hasta ahora eran evaluados por un comité de expertos, que fallaba a favor de hasta 10 oenegés que conseguían el apoyo económico de la aseguradora. Las redes sociales y la voluntad de la compañía para conseguir la implicación de sus públicos objetivos en los proyectos que apadrina DKV Seguros han hecho posible que clientes, empleados, mediadores, proveedores y profesionales sanitarios de DKV sean ahora los jueces de dichos proyectos. ¿Cómo? Gracias a la campaña Tú Decides.

Aplicando la lógica de una red global que actúa localmente, la fuerza de la Convocatoria de ayudas de DKV Seguros reside en el hecho de que el simple gesto de un clic supone para una entidad sin ánimo de lucro y de alcance local la posibilidad de financiar un proyecto social o medioambiental que repercuta directamente en la sociedad. El factor de la proximidad geográfica juega pues un papel importante. ¿Acaso no participaría en un proyecto en el que interviene algún familiar o en el que colabora un vecino si se lo pidiera?

Así lo entendieron en la anterior edición los integrantes de AFAOR, la Asociación de familiares de enfermos de Alzheimer y otras demencias de Ourense, quienes presentaron la propuesta más votada por los clientes de DKV Seguros. ¿Cómo lo consiguieron? Movilizando a la gente de su alrededor mostrando la importancia de participar para cambiar su entorno más próximo, apelando a la solidaridad territorial.

Así pues, tanto los responsables de AFAOR como sus beneficiarios, personas que padecen Alzheimer y sus familiares, hicieron campaña para movilizar a todas aquellas personas de su entorno para que votaran la iniciativa de la entidad y el esfuerzo obtuvo su recompensa. El premio otorgado por DKV Seguros se destinó a poner en marcha talleres paralelos de estimulación psicofísica para personas con demencia, así como un nuevo servicio de Psicoestimulación Domiciliaria.

El espíritu de AFAOR y su experiencia han sido en la VIII Convocatoria de Ayudas Sociales y Medioambientales un ejemplo para animar a las distintas entidades y públicos de la compañía a involucrarse personalmente en los proyectos que se han presentado. Redes de embajadores, correos electrónicos, visitas a sucursales… todas las ideas son válidas para conseguir un mayor número de votos para la propia iniciativa. Activismo 2.0 sin lugar a dudas.

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