Humanizar la tecnología

En los próximos diez años, seremos testigos de transformaciones más profundas que las experimentadas en todo un siglo. Sin embargo, este nuevo mundo no escandaliza a los jóvenes que salen de las aulas. El profesor de Deusto Business School, Iñaki Ortega Cachón, sostiene que la llamada “Generación Z” está dispuesta a utilizar las oportunidades que ofrece la tecnología para hacer del mundo un lugar mejor.

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R2-D2, C-3PO o BB-8. La guerra de las galaxias no se entiende sin esos entrañables androides con nombre de clave de tarjeta de crédito, que acompañan a Luke Skywalker o a la princesa Leia en sus aventuras interestelares. Causan estragos, capítulo tras capítulo, entre los más fieles seguidores de Star Wars; son un semillero inagotable, porque no hay niño que vea la película y no se convierta en fan. Desde que en 1977 apareció el primero de ellos, George Lucas no ha dejado de usarlos, sin saber que, casi 40 años después, en una pequeña localidad suiza, serían los protagonistas de las conversaciones de los tipos más poderosos del planeta.

Allí, en la estación de esquí de Davos, cada año se reúnen en el Foro Económico Mundial los más importantes directivos y gobernantes para hablar del mundo que viene y de cómo responder a los retos que se plantean. Este año la protagonista fue la cuarta revolución industrial. La también conocida como industria 4.0 será la de las fábricas inteligentes y tomará el relevo de la primera revolución del siglo XIX y la máquina de vapor, y de la segunda y la tercera, con la producción masiva y la incorporación de los ordenadores, respectivamente. Esta nueva economía será la de las máquinas inteligentes.

En opinión de Klaus Schaw, en los próximos diez años vamos a ser testigos de transformaciones más profundas que las experimentadas en todo un siglo. La tecnología va a cambiar radicalmente la forma en la que hacemos negocios, compramos y producimos, pero también cómo nos relacionamos, accedemos a la información e influimos en la sociedad. Todos estos avances científicos suponen una excelente oportunidad para la creación de nuevas empresas que solucionen problemas de nuestro mundo.

Termina el informe del viejo profesor alemán, fundador del Foro, alertando de que está revolución traerá en el corto plazo una importante destrucción de empleo por la sustitución de infinidad de tareas cotidianas por máquinas mucho más eficientes.

A muchos de los lectores les parecerá que el World Economic Forum se ha convertido en una pandilla de cinéfilos fanáticos de la ciencia ficción, porque las máquinas no deciden hoy nuestras vidas. Por ello, no está de más dedicar unas líneas a explicar qué hay detrás de los conceptos que han copado los principales titulares de la prensa económica estos años. Big Data, Cloud Computing, 3D, Internet de las cosas... con la demostración palmaria de que la ley de Moore se está cumpliendo: tecnología cada vez más potente y más barata. Tal es así que hoy cualquier pyme puede dar vida a sus máquinas con el IoT (Internet of Things), fabricar desde casa objetos en tres dimensiones, almacenar nosotros mismos y gratis en un espacio virtual más información que la que jamás se ha generado en toda la historia de la humanidad o conocer el resultado de unas elecciones analizando los millones de datos disponibles en la Red sobre los electores. Son sofisticadas máquinas las que están detrás de todas estas megatendencias.

Pero, si aun así quedase algún escéptico, como dicen que todavía queda algún español sin haber visto un solo minuto de La guerra de las galaxias, aquí van dos o tres datos más. En Estados Unidos, los llamados roboadvisors, robots financieros que a través de algoritmos crean una cartera específica para cada tipo de inversor, cobrando comisiones tres veces inferiores, son ya una amenaza real para los asesores financieros tradicionales.

Watson, el sistema de inteligencia artificial de IBM, arrasó en el Cifras y Letras yanqui, ante los mejores concursantes, incluso sin usar conexión a Internet. Por último, más de 60.000 corazones en todo el mundo están controlados por marcapasos que gestionan dos empresas operadas por infalibles algoritmos que esperemos que nunca sean hackeadas por los mismos que cada año roban millones de dólares a las multinacionales aun disponiendo estas de los más avanzados sistemas de ciberseguridad.

Este nuevo mundo no escandaliza a los jóvenes que están hoy educándose en las aulas. Es su mundo, se han socializado con Internet como aliado y sus amigos y parejas vienen de la Red; se han educado encontrando respuesta a sus incógnitas en los buscadores y están reventando el statu quo de todos los sectores de la economía y también de la política. La llamada “Generación Z” sabe que el mundo está lleno de oportunidades.

Ellos están inventándose nuevos empleos, como los hackers buenos; encontrando soluciones a problemas enquistados, como la financiación del emprendimiento con el crowdfunding, o demostrando que sigue mereciendo la pena luchar por causas tan nobles como la ecología, la igualdad y la lucha contra el terrorismo, ahora usando las redes sociales. Son la esperanza de que un mundo dominado por la tecnología será un mundo más humano.

No podemos poner freno a ese torrente de nuevas ideas que bullen en las cabezas de los nuevos millennials. Y nuestra ceguera, cuando no, ha de transformarse en la catapulta que necesitan. Nuestra generación domina el mundo, manda en las empresas, gobiernos e instituciones. Estamos a tiempo de usar ese poder, que aún tenemos, y darles el impulso que necesitan para hacer un mundo mejor.

Al fin y al cabo, en todos y cada uno de los episodios de La guerra de las galaxias, el talento y el valor de los héroes y heroínas, más la ayuda de las máquinas y la imaginación de los guionistas, han hecho posible que la Fuerza (del bien) siempre triunfase frente al lado oscuro.

Etiquetas: Opinión

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