José Antonio Marina: "Cuando hablamos de ética no hablamos de ninguna asignatura teórica"

Los profesores son las verdaderas fuerzas del cambio, aunque naden a contracorriente de un sistema educativo que les desprecia. Así lo cree el filósofo, escritor y pedagogo José Antonio Marina, que nos recibe en la sede de la Universidad de Padres, un centro de investigación que él mismo fundó en 2008 con el propósito de impulsar una “movilización educativa” que involucre a toda la sociedad. Porque solo en el marco de la convivencia puede resultar efectiva la ardua tarea de mejorar la educación.

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360: ¿Cuáles son los objetivos de la Universidad de Padres?

J.A.M: Facilitar a los padres la tarea de educar a los hijos e informarles de aquello que está pasando en el mundo educativo y de cómo pueden aprovechar las oportunidades para ofrecérselas a sus hijos. No solo estamos hablando de ayudar en la primera infancia, sino en toda la adolescencia, a tomar decisiones que para el futuro van a tener importancia. Hemos entrado en la sociedad del aprendizaje y todos, incluidos los padres, tenemos que estar aprendiendo continuamente. Queremos que se den cuenta de que aquellas cosas que les explicamos para que las apliquen a sus hijos también les sirven a ellos mismos. En un mundo tan cambiante, aprender es el recurso que tiene la inteligencia para adaptarse al ambiente. Cuando el ambiente era muy estable, el periodo de adaptación era corto. Todas las grandes compañías están ahora preocupadas por este asunto. Por eso ha aparecido un cargo muy atractivo: el chief learning officer, el director general de aprendizaje.

360: ¿Cuál es el estado de la educación en España?

J.A.M: Paralizado. No tenemos un sistema educativo desastroso, tenemos un sistema educativo mediocre. Todas las mediciones internacionales dicen que estamos hacia la mitad, pero el problema es que no avanzamos, estamos estancados, y no es por falta de dinero, sino de gestión. No hemos sabido nunca gestionar bien la educación.

360: ¿Cree que llegará algún día ese pacto de Estado por la educación con el que a todos –gobiernos y oposición– se les ha llenado siempre la boca?

J.A.M: Desde el siglo XIX –porque no es una cosa de ahora– la educación en España está muy ideologizada, por cuestiones religiosas, políticas, económicas... Todo el mundo ha querido utilizar la escuela con un fin propio. Eso significa que es muy difícil llegar a un pacto. En segundo lugar, precisamente porque no se ha hecho un pacto, todo el mundo maneja la idea de un pacto como una jaculatoria. Un pacto, de entrada, no resuelve nada; solo marca unas reglas del juego para no deshacerse unos a otros. Y luego viene la pregunta de quién tendría que estar en el pacto: si son solo las fuerzas políticas o si son las fuerzas políticas y los agentes sociales. Habría que empezarlo desde abajo, porque toda la sociedad española debería sentirse implicada en ese pacto.

360: ¿Qué papel tienen las nuevas tecnologías dentro y fuera de las aulas?

J.A.M: Las tecnologías están cambiando la forma de relacionarnos e influyendo en nuestra vida personal, familiar y laboral. La pregunta es si estamos utilizando las tecnologías lo suficientemente bien en la escuela. Acaba de presentarse un estudio de la OCDE que dice que los resultados no mejoran aun introduciendo mucha carga tecnológica. Nosotros creemos que se está utilizando la tecnología únicamente para buscar información, y los ordenadores tienen más información de la que podemos procesar; lo que tenemos es que saber introducir las tecnologías dentro del mismo proceso de aprendizaje. Espero que en los próximos años haya una reformulación pedagógica del uso de las tecnologías. Las nuevas tecnologías nos permiten personalizar mucho la enseñanza. Hay alumnos que van más lento y otros más rápido, y un profesor tiene que amoldarse a una de las velocidades. Pero con los nuevos programas tecnológicos se puede adaptar a la velocidad que lleve cada alumno. También es importante recordar que un ordenador no es sustituto de un libro. Qué más da que uses o no el ordenador si es para conectarte a la Biblioteca Nacional. Puede sonar algo ofensivo, pero siempre digo que un burro conectado a Internet sigue siendo un burro.

360: La inteligencia colectiva ¿no es un concepto que homogeniza?

J.A.M: Hoy todo se hace en red, pero hay redes inteligentes y hay redes estúpidas. Las redes que se organizan para un proyecto concreto, por ejemplo, son fantásticas, porque permiten que muchas personas colaboren en ese proyecto con una fluidez enorme. Otras son para movilizar, que también son muy interesantes. Y otras son redes de comunicación que surgen de la colaboración; el caso más espectacular es la Wikipedia: la misma red es un producto creativo y allí se construye un corpus de trabajo que permite que muchas personas participen en un proyecto común. Sin embargo, el uso que algunas personas dan a Twitter, por ejemplo, no sirve para nada, solo atonta a la gente. Por eso nos encontramos con tantos disparates dichos en Twitter, porque se está usando una red social de una forma muy estupidizante. No tendría por qué ser así, claro. Una red social es una red de carreteras, por donde pueden ir conductores suicidas o las ambulancias que les van a salvar.

360: ¿Cómo puede transmitirse a los alumnos la importancia de la ética empresarial?

J.A.M: Primero tienen que aprender sobre la ética en general, porque la ética empresarial no es una ética especial. Otra cosa es que las empresas ya tengan una deontología especial. Lo importante es que todo el mundo se dé cuenta de que debemos desempeñarnos en el nivel ético de una convivencia que sea lo más grata posible, porque tanto en la vida privada como en la vida corporativa la ética es necesaria. Todo el mundo insiste en la importancia económica que tiene la confianza para la mayoría de las empresas. Cuando la confianza se quiebra –con la corrupción, por ejemplo– se da una alteración ética. A todos nos interesa fortalecer el nivel ético de una sociedad, y eso permite también un mejor funcionamiento de las estructuras económicas. Una parte importante de principios que nos pueden parecer económicos son principios de tipo ético. ¿Por qué tenemos en todos los países democráticos una ley contra el monopolio, cuando el mercado no dice ‘no’ al monopolio? ¿De dónde viene esa necesidad? De la protección ética del cliente, no del mecanismo del mercado. Son leyes éticas, no económicas. Hay leyes que protegen la desigualdad del contrato, porque se considera que una parte es más débil que la otra. Un ejemplo es el contrato laboral, que intenta proteger al trabajador. Está regido por leyes éticas y no estrictamente por leyes de la competencia económica. Por eso la teoría general del contrato fue un progreso. El capital social de una comunidad depende de los valores éticos con los que está funcionando. Cuando no funcionan bien, antes o después, todos resultamos perjudicados.

360: ¿Cree que en las escuelas de negocios se está teniendo lo suficientemente en cuenta la formación de directivos?

J.A.M: Todas tienen una asignatura de ética empresarial, pero es una especie de asignatura de tercera categoría, que no la fundamentan con la suficiente contundencia. También en el resto de los sistemas educativos hay una tendencia a pensar que queda bien eso de la ética, pero lo abordan con cierta ñoñería. ¿Cómo no vamos a decir que ser bueno está bien? La enseñanza de la ética debe ser muy dramática: o vivimos bajo un régimen ético o vivimos bajo la ley de la selva. Todos tenemos intereses, pero sabemos que hay otra serie de obligaciones con los demás. Por eso buscamos un sistema que defienda el derecho. Las empresas, que son personas jurídicas, tienen la misma responsabilidad que las personas físicas; claro que tienen que mirar por su beneficio, pero también tienen responsabilidades respecto a la sociedad. Se trata de buscar el bienestar personal, cumplir con las obligaciones legales y comportarse con los demás de una manera justa y solidaria, para humanizar la convivencia. Igual que se considera una competencia básica aprender a emprender, otra es aprender a convivir. Un reto todavía pendiente es unir a las grandes empresas del mundo para que se conviertan también en líderes sociales. Las empresas son una concentración de talento, que producen beneficio para ellas y para la sociedad.

360: La ética ¿es rentable?

J.A.M: La ética es rentable para personas o instituciones que quieren mantenerse en el tiempo, pero la falta de ética es muy rentable puntualmente. Para el especulador, o para el corrupto, la falta de ética puede ser rentabilísima, eso sí, por poco tiempo. Si queremos que el mundo se mantenga, lo único rentable es la ética.

360: Con la crisis migratoria, ¿a Europa se le han visto las vergüenzas?

J.A.M: Hay que reconocer la gravedad del problema, y su difícil solución. Europa ha reaccionado con muchísimo retraso. Y España también es Europa. Hemos actuado con cierta impostura: decimos que los refugiados están protegidos por el derecho internacional y hay que acogerlos, pero ¿qué pasó con Ruanda, con la guerra civil, donde murieron dos millones de personas? ¿Por qué no hicimos nada? ¿Qué pasa con la gente que viene porque se está muriendo de hambre? Qué más da que vengan porque les persiga un enemigo o porque no tengan qué comer. ¿Qué pasa con el hecho de que haya zonas del mundo que son muy ricas y zonas donde están viviendo en extrema necesidad y que, por tanto, van a quererse acercar al otro mundo? Lo que ha pasado con la crisis de Siria es que la avalancha ha sido ya incontenible, y en ese momento han visto que tenían que tomarlo en serio. Intentar reducir los motivos de esa emigración es la única solución: en unos casos es la guerra y en otros casos es la pobreza o la tiranía. No hemos sabido hacerlo; hay inmigrantes que tiran el pasaporte porque tenerlo no es la mejor manera de protegerse. Lo hemos hecho muy mal y mucho me temo que vamos a seguir así hasta que no tengamos un plan para evitar las causas. Es muy desasosegante. Es verdad que es un problema mundial, pero tenemos medios para poder hacerle frente. Todos los datos que nos da la FAO, por ejemplo, demuestran que se produce la cantidad suficiente de alimentos como para poder alimentar a toda la población. Pero el desequilibrio llega al punto de que en unos países se mueren de hambre mientras en otros destruyen los alimentos para mantener los precios. ¿No habría una forma de tratar esto de una manera inteligente y ética? No es cuestión de medios, es cuestión de gestionar esos medios. Los problemas tienen solución, pero es importante marcarse un plazo para conseguirla.

360: La educación en valores como la solidaridad, el universalismo o la inclusión, ¿podría ayudarnos a cambiar nuestro modo de ver al otro, desde la persona con discapacidad hasta el refugiado sirio?

J.A.M: Cuando hablamos de ética no hablamos de una asignatura teórica; se trata de cómo eso se lleva a la vida. Nunca ha habido educación en valores, sino enseñanza en virtudes. La educación en valores es un invento moderno para no tenerse que comprometer con las cosas prácticas. Las virtudes son hábitos psicológicos que llevan a la acción y que están dirigidos a la aplicación de valores. Cuando una persona tiene la virtud de la justicia, no es que sepa lo que es justo, es que se ha acostumbrado a actuar regido por unos valores. No se trata de aprender los conceptos de justicia, compasión o solidaridad; se trata de que las personas adquieran el hábito de buscar la justicia, ser compasivas y ser solidarias. Las estructuras psicológicas son lo único que enlaza con la acción. Es igual que fumar. Según Aristóteles, la ética es el estudio de las virtudes necesarias para ser feliz.

Etiquetas: Entrevista

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