La implicación de la empresa en el mundo de la cooperación y la ayuda humanitaria

DESDE EL INICIO de la actual crisis económica global, en el año 2008, han cambiado las tendencias de la economía mundial. Esos cambios en la economía y en el reparto global de la riqueza afectan de lleno a las dinámicas de desarrollo y al papel que en el mismo cabe atribuir al sector público, al sector empresarial (en particular a la empresa), a la ciudadanía y también a la cooperación para el desarrollo.

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La empresa se mantiene como actor central en el actual escenario económico y su papel se encuentra en un estado de permanente y dinámica redefinición. Además, el contexto actual, con una reducción drástica de la financiación pública, especialmente en España, comporta de nuevo que el ciudadano, las organizaciones sociales y el mundo empresarial tomen protagonismo en este ámbito. Ahora más que nunca la empresa puede convertirse en un actor clave de la sociedad, no solo como creador de riqueza, sino como valedor de iniciativas sociales y ciudadanas.

En los momentos actuales, la responsabilidad social empresarial debe ser entendida y aplicada de la forma más clara y determinante posible, debe formar parte del ADN de la empresa. En esta crisis, también de valores, es el momento de que personas, instituciones y empresas nos esforcemos en aplicar criterios éticos en todas nuestras actuaciones, incluso en el objetivo final de una empresa, que es ganar dinero, pero no de cualquier manera y a cualquier precio.

En Intermón Oxfam, llevamos más de 50 años trabajando por el derecho que toda persona tiene a disfrutar de una vida digna. Estamos convencidos de que el crecimiento económico inclusivo puede contribuir a acabar con la injusticia y la pobreza, así como un mercado suficientemente regulado que garantice una distribución equitativa de los ingresos públicos. Pero el crecimiento económico por sí solo no garantiza que los beneficios generados por la actividad empresarial alcancen de una manera equitativa a toda la población y, en especial, a los más vulnerables.

Para lograr una reducción de la pobreza y las desigualdades a través de un crecimiento económico sostenible e inclusivo, es necesario contar con la participación responsable de todos los actores implicados: gobiernos (nacionales y locales), empresas y organizaciones sociales. Sin duda, existe amplio consenso en resaltar el papel protagónico que corresponde a la empresa en el impulso económico de los países en desarrollo, especialmente cuando incorpora a las pequeñas y medianas empresas locales.

El mundo empresarial interactúa de manera permanente con personas que viven en el umbral de la pobreza, bien por tratarse de trabajadores, de consumidores, de productores o de comunidades dentro del área de influencia de su actividad económica. La empresa tiende a enfatizar su contribución al mercado a través de la generación directa de ingresos (por ejemplo por la contratación laboral), de su capacidad de dar respuesta a necesidades de la población (por ejemplo vendiendo productos o prestando servicios), o por los recursos que transfiere al Estado (vía tributaria). Sin embargo, se subestiman sus impactos negativos, esencialmente ambientales y sociales, pero a menudo también económicos.

Somos testigos de los impactos de las empresas en la vida de estas personas y, por eso, desde hace más de 20 años, nos acercamos desde diferentes facetas al sector empresarial. Dependiendo de la naturaleza del sector y de los marcos normativos existentes (internacionales, nacionales o locales), demandamos cambios en las políticas y prácticas de las corporaciones (a través de campañas públicas o de diálogo interno), abordamos acciones de incidencia política para modificar marcos regulatorios (tanto la promoción de los estándares voluntarios [Soft Law] como mecanismos para avanzar hacia legislación nacional y normativa internacional [Hard Law]), participamos en procesos multistakeholder para modificar los términos del debate, dialogar y/o influir en un sector concreto, o solicitamos la colaboración (económica o técnica) de empresas para apoyar nuestro trabajo o para llevar a cabo proyectos conjuntos.

Las empresas cuentan en muchas ocasiones con los recursos, conocimientos técnicos y estructuras organizativas necesarias para poder contribuir positivamente al alivio de las miles de personas afectadas, por lo que para Intermón Oxfam este es sin duda un espacio mediante el que contar con recursos adicionales, técnicos y humanos, complementarios.

Ese salto implica, entre otras cosas, pasar de internalizar acciones sociales con marca propia para vestir o maquillar la acción de las compañías con un cierto barniz social a ampliar el rango de actuaciones buscando alianzas amplias con alto contenido social junto a otros actores nacionales e internacionales, profesionales y sociales, a la búsqueda de los mayores impactos e incluyendo la indagación en nuevas líneas de negocio verdaderamente orientadas a las necesidades de sectores con menor capacidad adquisitiva.

José María Vera es director general de Intermón Oxfam

Etiquetas: Opinión

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