El negacionismo se cuela en los think tanks europeos

Los laboratorios de ideas estadounidenses llevan décadas promoviendo la inacción climática en el país. Desde hace dos lustros, su argumentario se ha instalado también en varios países europeos.

negacionismo Think tanks

Las multitudinarias marchas por el clima que ahora parecen pertenecer a un pasado lejano o las huelgas estudiantiles reclamando medidas más contundentes muestran una realidad evidente: los más jóvenes no dudan ni un momento de que el cambio climático exista. Sin embargo, a pesar de la certeza de los científicos que alertan, año tras año, que el planeta se queda sin tiempo para regenerarse, el negacionismo ha encontrado grietas por las que colarse en el continente europeo.

El llamado contramovimiento climático estaba ya arraigado en Estados Unidos –ha llegado, incluso, a la Casa Blanca–, pero Europa lo vio nacer y coger fuerza durante la última década, coincidiendo con la crisis económica de 2008, y con los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) alertando sobre los peligros que supone para el ser humano la pérdida de biodiversidad.

¿Quién promueve la ideología del negacionismo climático en Europa?

Al menos, es la conclusión de un estudio realizado por investigadores de la Universidad Pompeu Fabra publicado en la revista Climatic Change en el marco del proyecto THINKClima. Tras analizar el trabajo de los think tanks europeos, el equipo liderado por la profesora Núria Almiron, identificó ocho laboratorios de ideas del Viejo Continente que podrían considerarse negacionistas del cambio climático o, por lo menos, defensores activos de la inacción climática: el Centre For Policy Studies (CPS), la Global Warming Policy Foundation (GWPF) y el Institute of Economic Affairs (IEA) en el Reino Unido, el Institut Économique Molinari (IEM) en Francia, el Europäisches Institut für Klima und Energie(EIKE) en Alemania, el Austrian Economic Center (AEC) en Austria, el Liberales Institut (LI) en Suiza y el Instituto Juan de Mariana (IJM) en España.

Almiron reconoce que su investigación tiene como principal objetivo descubrir las razones de la inacción climática generalizada en Europa. «Existen evidencias del cambio climático provocado por el ser humano desde mediados del siglo XIX y tenemos perfectamente identificados a los principales contaminadores climáticos. Entonces, ¿por qué no actuamos en consecuencia?», se pregunta la profesora. La respuesta podría estar, al menos en parte, en este tipo de organizaciones que intentan legitimar el negacionismo. «Pese a que el primer texto analizado por nuestro estudio es de 1994, no hay contenidos negacionistas de relevancia hasta el 2007 y la mayor parte de los textos están publicados entre el 2014 y el 2018», explica Almiron. Tras analizar 1.669 textos publicados por los think tanks catalogados como negacionistas en un periodo de 24 años, los investigadores llegaron a la conclusión de que cada informe del IPCC desencadenó una oleada de publicaciones contrarias a las comunicadas por Naciones Unidas.

El negacionismo llega a atribuir el cambio climático a causas ajenas al ser humano

De la misma manera que numerosos estudios identifican a diferentes think tanks como responsables directos de proteger a las industrias más contaminantes de Estados Unidos, los investigadores de la Pompeu Fabra buscaban averiguar si esa misma conexión podía hacerse en Europa. Y lo consiguieron, ya que parte de la conclusión es que detrás de los laboratorios de ideas europeos están los estadounidenses y su retórica esa casi idéntica: el 22,23% de los textos analizados niegan por completo la existencia del cambio climático, pero el recurso más utilizado por este contramovimiento europeo, en un 63,93% de sus publicaciones, es la crítica «sin base científica a activistas y políticos que combaten el calentamiento global», asegura Almiron. Incluso el 37,30% de los textos llegan a atribuir el cambio climático a causas ajenas al ser humano, mientras que el 29,24% directamente pone en cuestión la legitimidad del IPCC y sus informes.

Además, los autores del estudio aseguran que todos estos think tanks tienen características ideológicas comunes, que comparten con sus homólogos estadounidenses: son centros que defienden fervientemente el libre mercado y la mínima intervención pública, cercanos al conservacionismo político e, incluso, a movimientos extremistas. Algo preocupante, especialmente cuando empieza la década clave para la acción climática. «La eclosión del negacionismo europeo coincide con el surgimiento de corrientes populistas de extrema derecha en el continente, con las que simpatiza [estos think tanks] y tiene muy buenas relaciones», recuerda Almiron.

 

Por ETHIC

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