Contaminación lumínica: causas, consecuencias y medidas para reducirla

La contaminación lumínica es uno de los problemas medioambientales que pasan más desapercibidos. Sin embargo, puede acarrear consecuencias muy negativas para la salud como alteraciones del sueño, fatiga, estrés y suele relacionarse con trastornos como la obesidad o el cáncer.

contaminacion luminica ciudades

Hoy, más del 80% de la población mundial vive bajo cielos contaminados por la luz artificial. En España, únicamente el 4% habita en zonas de baja contaminación lumínica. La sobreiluminación y el mal uso que hacemos de ella durante la noche no solo afecta al medioambiente, también perjudica gravemente nuestra salud. La buena noticia es que tenemos los recursos y la tecnología para evitar este problema. Te lo contamos.

Fuentes de contaminación lumínica

Al caer la noche, innumerables fuentes de luz artificial (alumbrado público, hogares, oficinas, escaparates y letreros luminosos, campos deportivos…) se activan y toman el relevo al sol. Luces que nos permiten ver en la oscuridad, realizar nuestras tareas, pero que también comprometen nuestro bienestar y salud.

Para referirse a esta presencia anómala de luz durante la noche, los científicos acuñaron un término: contaminación lumínica. Se trata, más concretamente, de la alteración de la oscuridad natural del ambiente nocturno producida por la luz artificial.

Efectos de la sobreiluminación en la salud humana y la vida silvestre

Como la atmosférica y la acústica, la contaminación lumínica tiene un impacto en la salud humana. Muchos estudios destacan las consecuencias inmediatas sobre el descanso. La luz artificial trastoca nuestro reloj biológico —nuestro circuito circadiano—, lo que conlleva desajustes en la segregación de melatonina, la hormona del sueño.

La elevada exposición nocturna a fuentes luminosas genera cansancio, nerviosismo y puede ocasionar trastornos del estado de ánimo como depresión, al perturbar el ciclo luz-oscuridad [1]. Parece existir, además, una relación entre contaminación lumínica y mayor riesgo de patologías como diabetes, obesidad o cáncer. La luz artificial nos enferma.

Estas fueron algunas de las conclusiones de la conferencia internacional Artificial Light at Night 2020. Considerado el más importante en la materia, el evento reunió a científicos de todo el mundo para abordar distintas cuestiones acerca de la contaminación lumínica y sus efectos en el medioambiente y la salud.

La contaminación lumínica supone también una amenaza creciente para la flora y la fauna. A pesar de su buena fama, debida a su bajo consumo, la luz más contaminante es la luz led (light-emitting diode, o diodo emisor de luz). Este tipo de iluminación puede duplicar la contaminación del cielo nocturno y su uso impacta negativamente en la biodiversidad [2].

La sobreiluminación nocturna afecta a los insectos y a otras muchas especies animales como murciélagos o tortugas marinas; interrumpe su reloj interno y altera sus hábitos de alimentación y reproducción. Las aves se ven especialmente perjudicadas por este exceso de luz y ruido, que las desorienta en sus migraciones.

Contaminación lumínica en el mundo

Europa o Estados Unidos brillan con fuerza en Light Pollution Map, un mapa interactivo que nos recuerda que más allá del resplandor hay un cielo estrellado que la contaminación lumínica nos impide ver. De hecho, el 60 % de los europeos y casi el 80 % de los norteamericanos no pueden contemplar ya la Vía Láctea, según el atlas mundial de brillo artificial del cielo nocturno.

contaminación lumínica

 

El continente africano, en cambio, carece prácticamente de contaminación lumínica, y lo mismo sucede en gran parte de Australia o Rusia, con amplias zonas despobladas. Este marcado contraste entre países se vio reducido debido a la pandemia, que hizo que recuperásemos, en parte, nuestra noche. En los días de confinamiento de marzo y abril, la contaminación lumínica disminuyó hasta la mitad.

Pese a que las luces siguieron encendidas, el brillo nocturno descendió en ciudades como Berlín o Granada. El motivo fue la bajada notable de las emisiones. El tráfico se redujo drásticamente y, sin los óxidos de nitrógeno de los coches y las partículas emitidas por los aviones, la luz escapa al espacio. Un aire más limpio conlleva una menor dispersión y rebote de la luz.

¿Cómo evitar o reducir la contaminación lumínica en nuestro entorno?

Estas son algunas de las medidas que nos permitirían prevenir la contaminación lumínica en nuestros hogares y vecindarios, sin por ello influir en la calidad de la visión:

  • Uso de luminarias apantalladas que dirijan la luz hacia abajo, limitando su emisión por encima de la horizontal o dirigida hacia el interior de las viviendas.
  • Prohibición de cañones y proyectores láser que dirigen la luz al cielo.
  • Limitar la iluminación excesivamente brillante, en particular la luz azul y ultravioleta (longitudes de onda cortas).
  • Utilización de lámparas energéticamente eficientes y de espectro poco contaminante, preferiblemente de vapor de sodio.
  • Emplear la mínima intensidad de iluminación necesaria. Ajustar los niveles a los criterios científicos y recomendaciones de organismos como la Comisión Internacional de Iluminación.
  • Atenuar o reducir de manera progresiva la cantidad de luz del alumbrado público conforme avanza la noche, del mismo modo que la luz solar a lo largo de la tarde.
  • Extinción nocturna del alumbrado público e iluminación exclusiva de aquellas áreas que lo necesiten.
  • En nuestros hogares, no usar el móvil u otros dispositivos electrónicos emisores de luz azul antes de irnos a la cama ni dormir con las luces encendidas o con puntos de luz.

Iniciativas en favor de un ambiente lumínico saludable

En 2007, y con el apoyo de la Unesco, se promulgó la «Declaración sobre la Defensa del Cielo Nocturno y el Derecho a la Luz de las Estrellas» (Declaración de La Palma o Declaración Starlight). Más tarde, «Iluminación Nocturna Respetuosa para la Comunidad de Madrid», elegida como LPI (Light Pollution Initiative) por el proyecto europeo Stars4All, reclamó la aprobación de una normativa autonómica sobre contaminación lumínica.

En la misma línea y con el lema «la noche es necesaria», la iniciativa Slowlight aboga por una iluminación pública sostenible. Su objetivo: lograr mejores entornos, a través de la luz, mediante la creación —dicen en su web— de espacios nocturnos en armonía, en los que la noche recupera protagonismo.

Otros proyectos o asociaciones impulsados por ciudadanos y ayuntamientos instan asimismo a las comunidades a reducir sus emisiones de luz. De este modo, no solo se recuperarán los paisajes nocturnos, se favorecerá la observación de las estrellas y se mejorará nuestra salud y la de los ecosistemas, sino que, además, podría suponer un ahorro en el consumo de energía —y por lo tanto en la factura de la luz— de entre un 25 y un 75%.

 

Elisabeth Lahoz

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