Los 5 retos medioambientales más urgentes

Esta década será crucial en la lucha contra el calentamiento global: según la ONU, tenemos diez años para evitar que sus efectos sean irreversibles. Reducir las emisiones, implantar la economía circular, reducir la desigualdad para garantizar una transición justa o replantear el sistema alimentario son algunos de los problemas que tendremos que resolver cuanto antes para proteger el planeta y los retos medioambientales que se nos presentan.

retos medioambientales

La emergencia climática se ha convertido en el principal desafío al que nos enfrentamos esta década y, a consecuencia de ella, se nos presentan grandes retos medioambientales. Una de cada ocho especies está al borde de la extinción, aunque la pérdida de biodiversidad es tan solo uno de los síntomas de la acuciada crisis socioecológica estructural que vivimos. El Informe sobre los desafíos medioambientales de Europa en 2020, elaborado por la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA), ha detectado varios condicionantes climáticos a los que deberíamos prestar atención y que pueden extenderse al resto del planeta.

«Una cosa es cambiar la forma de pensar y otra materializar un cambio real», apunta Hans Bruyninckx, director de la AEMA. Encontrar una solución a estos desafíos es esencial para garantizar la sostenibilidad de la Tierra. «La atención debe centrarse ahora en la ampliación, la aceleración, la racionalización y la puesta en práctica de numerosas soluciones e innovaciones, tanto tecnológicas como sociales, que ya existen, al tiempo que se estimulan aún más la investigación y el desarrollo», explica. Más allá de abrazar la economía circular, existen cinco retos medioambientales urgentes que, según los expertos, hacen de esta crisis una de la más profundas que se recuerden y, de paso, de las más difíciles de capear.

Los 5 retos medioambientales más urgentes que proponen los expertos 

Las fuentes hídricas se secan, el planeta se desertifica

A nivel mundial, 2019 fue el segundo año más caluroso desde que se tienen datos. La temperatura media global ya es, a día de hoy, un grado más alta. El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha reconocido que, hagamos lo que hagamos, en 2030 estaremos un grado y medio por encima de lo que deberíamos. La desertificación empieza a agudizarse en las zonas ya de por sí más áridas del planeta: según Naciones Unidas, en cinco años 1.800 millones de personas vivirán una escasez absoluta de agua y dos tercios de la población mundial no dispondrán de suficientes recursos hídricos. Las sequías, cada vez más frecuentes, están degradando los suelos, ya de por sí dañados por las técnicas de agricultura y ganadería intensivas e invasivas.

Cuando los árboles desaparecen

Además de sin agua, la Tierra también se queda sin bosques. Los incendios forestales –cada vez más extendidos–, la tala ilegal y la deforestación caminan de la mano. Según la FAO, cada año desaparecen 8,8 millones de hectáreas cubiertas por vegetación, y Europa ya no cuenta con bosques primarios. La actividad humana hace que bosques y selvas desaparezcan cada año al ritmo equivalente a la superficie de Andalucía. Además, a las talas ilegales hay que sumarles los megaincendios (como el que afectó recientemente a Australia), que tan solo en 2019 calcinaron más de 20 millones de hectáreas en todo el planeta, tiñendo de marrón los pulmones verdes del planeta. Por ello, cuidar de los bosques es uno de los retos medioambientales de nuestra lista.

Ciudades superpobladas, ¿fuente de bienestar?

La despoblación de las zonas rurales se traduce en un crecimiento de las urbes, que acaban convirtiéndose en megaciudades. Aunque, a priori, no parece que esto tenga que suponer daño alguno al medioambiente, pero si no se urbaniza de forma «inteligente» y no se transforman las grandes metrópolis en smart cities desde el principio, las migraciones masivas se convertirán en un potenciador de la pobreza y de la erosión medioambiental. Se calcula que en 2050 más de dos tercios de la población mundial vivirá en grandes urbes. Para el medio ambiente, eso se traduce en que la concentración del consumo de energía producirá un aumento de la contaminación del aire, con el consiguiente impacto en la salud humana, aspecto sobre el que también influirá la movilidad urbana: a más personas moviéndose –especialmente en transporte privado– mayor será la polución.

Aire ¿limpio? que respirar

Si a la deforestación y las sequías extremas acaban con los bosques le sumamos la contaminación de nuestros núcleos urbanos, la calidad del aire que respiramos se ve seriamente afectada. Cada año, 7 millones de personas mueren prematuramente por respirar aire contaminado. Además, según el informe sobre calidad del aire en 2019, realizado por IQ Air, el oxígeno que respira el 92% de la población mundial es tóxico. El Banco Mundial traduce estos datos en un gasto de 5 billones de dólares extra en los servicios de salud de todo el planeta derivado por las muertes prematuras consecuencia de la contaminación atmosférica.

Los recursos naturales dicen basta

El último de los 5 retos medioambientales trata sobre nuestra deuda ecológica, que ha llegado a su límite. La organización Global Footprint Network lo dejó claro el verano pasado: en 210 días ya se habían consumido recursos naturales por encima de la capacidad de regeneración de los ecosistemas. La sobreexplotación del planeta ha llegado a un punto de no retorno: si seguimos a este ritmo, necesitaremos 1,75 Tierras para sobrevivir. 

Por Raquel Nogueira

Comentarios


También te puede gustar...

ganadería intensiva
La ganadería intensiva y el cambio climático
planeta salud
Planeta Salud: la nueva estrategia de DKV contra el cambio climático
contaminación del aire interior
Cómo evitar la contaminación del aire interior en tu hogar