Tipos de contaminantes en el agua y sus posibles efectos sobre la salud

A pesar de que en los países de renta alta el agua del grifo es segura, seguimos consumiendo agua embotellada. Bien por sabor o porque no nos fiamos del cóctel de sustancias químicas que pueda contener. Tenemos motivos, pero el agua embotellada también puede tener efectos negativos sobre nuestra salud.

contaminación del agua

El agua es vida y, en promedio, las personas consumimos unos dos litros diarios. En España, Europa y en general en los países de renta alta, el agua de consumo en la red de distribución pública es segura. Esto es así gracias a que existe una legislación (EC, 1998; EC, 2017; WHO, 2011) y una vigilancia que garantiza que el agua que llega a nuestras casas no representa un riesgo para nuestra salud. A pesar de ello, el consumo de agua embotellada no cesa de aumentar año tras año, en parte debido a motivaciones subjetivas como el sabor y la percepción del riesgo. Pero, ¿cuáles son los tipos de contaminantes en el agua y sus posibles efectos sobre la salud?

Los riesgos para la salud que entraña el agua tratada

La calidad del agua depende de su origen (subterráneo, río, embalse, marino, etc.), sus características y el tratamiento de potabilización. Esto explica que la calidad y el sabor varíen geográficamente. En países de renta alta, la seguridad microbiológica está garantizada por los procesos de tratamiento y desinfección, y las infecciones transmitidas a través del agua son anecdóticas.

Sin embargo, existe una percepción de riesgo debida a la posible presencia de agentes químicos. Los contaminantes químicos pueden ser de origen natural (arsénico, flúor, etc.), agrícola (nitrato, pesticidas), de la propia red de distribución (plomo, por ejemplo), del tratamiento del agua de consumo (trihalometanos y otros subproductos que derivan del proceso de desinfección), y de actividades humanas diversas (metales, por ejemplo).

Los subproductos de la desinfección son de especial interés, ya que algunos son volátiles y permeables a la piel, y todas y todos podemos estar expuestos a través de la ducha, el baño, etc. La exposición crónica a niveles incluso por debajo del máximo regulado se ha asociado a un aumento del riesgo de cáncer de vejiga, también con exposiciones a través de la ducha y el baño (Villanueva, 2015). Por tanto, a nivel individual podemos hacer poco para evitar esta exposición, y la solución ha de ser a nivel comunitario a través de mejorar la calidad del agua en origen y el tratamiento.

Origen y efectos de los tipos de contaminantes en el agua

  • El nitrato proviene de los fertilizantes utilizados en agricultura intensiva y residuos ganaderos (purines). En zonas agrícolas, el nitrato en agua subterránea es un problema habitual. Diversos estudios sugieren que la exposición crónica a nitrato, a niveles por debajo del máximo regulatorio, podrían incrementar el riesgo de determinados tipos de cáncer (colorrectal, principalmente) (Ward, 2018).
  • El arsénico es un componente natural de la corteza terrestre. En algunas zonas del mundo, las formaciones geológicas tienen concentraciones especialmente altas, y el agua subterránea que circula por ellas contiene niveles elevados de arsénico. Esto ocurre en agua de pozo en Bangladesh, algunas zonas de la India, América Central, América del Sur, Taiwan, determinados lugares en China, etc. A niveles elevados de exposición, el arsénico en agua causa cáncer de pulmón, de piel y de vejiga, y también se asocia a efectos cardiovasculares, queratosis en la piel, neurotoxicidad, diabetes, efectos adversos en el embarazo, entre otros perjuicios para la salud (WHO, 2011).
  • De manera similar, el flúor también es un contaminante de origen natural y está presente a concentraciones elevadas en el agua de consumo en algunas zonas del mundo (Etiopía y Valle del Riff, por ejemplo). Produce deformaciones esqueléticas y oscurecimiento de los dientes. En cambio, dosis bajas de flúor se aplican en algunos países como medida poblacional preventiva para la salud dental. La fluoración del agua es un tema controvertido, ya que algunos estudios sugieren que incluso a niveles bajos puede producir efectos neurotóxicos adversos, especialmente en población vulnerable (niños, embarazadas) (WHO, 2006).

Los tipos de contaminantes en el agua de consumo en aumento: los microplásticos

La lista de posibles contaminantes en agua es larga. Además de los químicos regulados, la calidad del agua puede estar amenazada por sustancias que no están legisladas y no se monitorizan regularmente. A estos contaminantes les llamamos “emergentes” y es el caso, por ejemplo, de las sustancias perfluoroalquiladas (PFAS), los residuos farmacéuticos, los microplásticos, etc.

En estos casos desconocemos el grado de exposición de la población, y también se desconoce los posibles efectos en salud. Aunque los niveles esperados son bajos, la presencia conjunta de múltiples contaminantes a bajas concentraciones podría originar sinergias, dando lugar a efectos cóctel. Se trata de una cuestión que se está investigando actualmente.

En los últimos años, varios estudios han mostrado la presencia de microplásticos en agua de consumo, especialmente en agua embotellada, lo que plantea preguntas y preocupaciones sobre el impacto que podrían tener en la salud humana. Los microplásticos son ubicuos en el ambiente y se han detectado en aguas marinas, aguas residuales, agua dulce, alimentos, aire y agua potable (WHO, 2019).

El origen de los microplásticos en el ciclo del agua es diverso: principalmente a partir de la escorrentía superficial y efluentes de aguas residuales (tratadas y no tratadas), pero también a partir de desbordamientos de alcantarillas, efluentes industriales, residuos plásticos degradados y deposición atmosférica.

Actualmente se desconocen los posibles riesgos para la salud de los microplásticos, que podrían asociarse a las partículas en sí mismas, a productos químicos asociados (monómeros no adheridos, aditivos del propio plástico, y sustancias químicas del ambiente adsorbidas en la superficie) y microorganismos que pueden adherirse y colonizar la superficie formando un biofilm (SAPEA, 2019).

Nuevas estrategias para controlar la calidad del agua

Ya que la lista de posibles contaminantes del agua es tan larga, en los últimos años se están desarrollando y planteando nuevas maneras de evaluar la calidad del agua más allá de la composición química y la cuantificación de determinados contaminantes. Se ha desarrollado una amplia gama de ensayos in vitro para evaluar efectos en diferentes procesos biológicos (Milou, 2018).

Para la evaluación de la calidad del agua, los efectos toxicológicos que se consideran más relevantes incluyen la carcinogenicidad, los efectos adversos sobre reproducción y el desarrollo, la modulación de los sistemas hormonales, la reactividad del ADN y las respuestas adaptativas. Dichos ensayos también se pueden implementar en el monitoreo junto con análisis químicos.

El monitoreo basado en efectos puede proporcionar información sobre los riesgos para el ambiente y la salud de las personas asociados a exposiciones complejas de mezclas de microcontaminantes presentes en concentraciones bajas. Dicho enfoque se ha introducido recientemente en la Directiva Europea de Agua Potable, aunque quedan algunos desafíos, en particular relacionados con la selección e interpretación de bioensayos (Milou, 2018). El uso de este tipo de bioensayos, por ejemplo, ha mostrado en algunos estudios que el agua embotellada puede presentar disruptores endocrinos.

La desigualdad de acceso al agua segura

Sin embargo, a pesar de que el acceso a agua de consumo segura es un derecho básico universal (UN, 2010), algunas partes del mundo siguen sin acceso a ella (WHO/UNICEF, 2017). Esto contribuye a casi dos millones de muertes anuales, principalmente debido a enfermedades diarreicas en niñas y niños menores de 5 años (WHO, 2019b). El sexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible recoge la importancia del acceso a agua segura, saneamiento e higiene para el pleno desarrollo de las sociedades. A pesar de las mejoras, sigue habiendo camino para recorrer para mejorar la salud y el bienestar de todas las personas (Damania, 2019).

Finalmente, el crecimiento de la población, el cambio climático y el uso creciente de agua en agricultura, entre otros usos, suponen una presión sobre los recursos hídricos a nivel global (Whitmee, 2015). A pesar de que existe tecnología para desalar agua marina, este proceso requiere de una tecnología y unos recursos económicos disponibles solo en algunos países.

El agua es un recurso natural amenazado, su disponibilidad para las generaciones futuras, especialmente en las poblaciones más vulnerables, está comprometida.

Dra. Cristina Villanueva es epidemióloga ambiental especializada en contaminantes del agua y salud, y Associate Research Professor en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).


Bibliografía

Damania R, Desbureaux S, Rodella A-S, Russ J, Zaveri E. 2019. Quality Unknown: The Invisible Water Crisis. doi:10.1596/978-1-4648-1459-4. Available: https://openknowledge.worldbank.org/bitstream/handle/10986/32245/9781464814594.pdf?sequence=8&isAllowed=y

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