Cuidar los océanos y la criosfera hoy, para darles un futuro mañana.

Cuidar los océanos. Esa es la conclusión del "Informe especial sobre el océano y la criosfera en un clima cambiante", elaborado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, y aprobado en septiembre de 2019 por los 195 gobiernos miembros, donde se describen los riesgos y desafíos de índole climática a los que estamos expuestos. Además, evidencia los beneficios de limitar al máximo el calentamiento global.

Cuidar los océanos

Este informe es el tercero de una serie elaborada por el IPCC, el órgano de las Naciones Unidas encargado de evaluar los conocimientos científicos relativos al cambio climático. Su objetivo es facilitar a los responsables políticos la información necesaria para elaborar las políticas climáticas y, además, contribuir con ese conocimiento a las negociaciones internacionales dirigidas a afrontar el cambio climático.

Hay que señalar que el IPCC no realiza investigaciones propias, en este caso el informe fue elaborado por 104 autores y editores-revisores de 36 países, que evaluaron la bibliografía más reciente sobre océanos y criosfera, ya que se incluyeron referencias a 6.981 publicaciones científicas.

¿Sabes qué es la criosfera? Tal y como señala el comunicado del IPCC, “criosfera—del griego kryos, que significa frío o hielo— describe los componentes congelados del sistema Tierra, con inclusión de la nieve, los glaciares, los mantos y las plataformas de hielo, los témpanos y el hielo marino, el hielo lacustre y fluvial, así como el permafrost y el terreno estacionalmente congelado”.

Cambios profundos en las regiones de alta montaña

Según el informe un total de 670 millones de personas viven en regiones de alta montaña, cada vez más expuestos a peligros y cambios en la disponibilidad de agua.

Los glaciares, la nieve, el hielo y el permafrost están disminuyendo y lo seguirán haciendo. Su fusión aumentará los peligros para las personas, por ejemplo, en forma de deslizamientos de tierra, avalanchas, desprendimientos de rocas e inundaciones. También tendrá efectos negativos en las actividades de ocio, el turismo y el patrimonio cultural.

Se prevé que los glaciares de dimensiones menores perderán más del 80% de su actual masa de hielo en un escenario de altas emisiones. Con el retroceso de los glaciares de montaña, también se ve afectada la disponibilidad y la calidad del agua repercutiendo en numerosos sectores, como el agrícola y el hidroeléctrico. Debemos tener en cuenta que estos cambios también afectarán a los habitantes de zonas situadas muchos kilómetros aguas debajo de las zonas de alta montaña.

Fusión de los hielos y subida del nivel del mar

Los glaciares y los mantos de hielo de las regiones polares y de montaña pierden masa, y ello contribuye no solo a la aceleración de la subida del nivel del mar, sino también a la expansión de las aguas cálidas en los océanos.

Según el informe, la elevación del nivel del mar a escala mundial no deja de acelerarse y va a seguir subiendo durante siglos.

De aquí a 2100 podría llegar a registrar una elevación de entre aproximadamente 30 y 60 cm, incluso con una reducción drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero y aunque el calentamiento global se mantenga muy por debajo de 2 °C. Si las emisiones siguen aumentando con fuerza, la subida podría ser del orden de 60 a 110 cm.

Mayor frecuencia de episodios de nivel del mar extremo

La subida del nivel del mar incrementará la frecuencia de los episodios de nivel del mar extremo que tienen lugar, por ejemplo, durante las mareas altas y las tormentas intensas.

Por cada grado de calentamiento adicional, los fenómenos que en el pasado se producían una vez cada 100 años tendrán periodicidad anual a mediados de este siglo en muchas regiones.

Se elevarán los riesgos para los 680 millones de personas que habitan en zonas costeras de baja altitud y los 65 millones de pequeños Estados insulares.

Cambios en los ecosistemas oceánicos

La acidificación y el calentamiento de los océanos, la pérdida de oxígeno y los cambios en el suministro de nutrientes ya afectan a la distribución y la abundancia de la vida marina.

Las comunidades que dependen en gran medida de los productos alimentarios marinos pueden verse confrontadas con riesgos para la salud nutricional y la seguridad alimentaria de sus integrantes.

Hasta la fecha, los océanos han absorbido más del 90 % del exceso de calor del sistema climático.

De aquí a 2100, absorberán entre 2 y 4 veces más calor que en el período comprendido entre 1970 y la actualidad si el calentamiento global se limita a 2 °C. Si se elevan las emisiones, la absorción será entre 5 y 7 veces mayor.

Las olas de calor marinas se han duplicado desde 1982 y su intensidad es cada vez mayor. Las proyecciones señalan un incremento adicional en: frecuencia, duración, extensión e intensidad.

Con un calentamiento de 2 °C, su frecuencia será 20 veces mayor en comparación con los niveles preindustriales, pero si las emisiones siguen aumentando con fuerza, su frecuencia será 50 veces mayor.

Desde el decenio de 1980, los océanos han absorbido entre el 20 y el 30 % de las emisiones de dióxido de carbono antropógenas, y ello ha causado su acidificación. Una incorporación continuada de carbono a los océanos de aquí a 2100 exacerbará el aumento de acidez de sus aguas.

Pérdida de hielo marino en el ártico y deshielo del permafrost

En el Ártico, los valores mensuales de extensión del hielo marino disminuyen para todos los meses del año, y su espesor no deja de menguar.

La estabilización del calentamiento global en 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales supondría que el hielo desaparecería del océano Ártico en septiembre —el mes con menor extensión de hielo— solo una vez cada 100 años. Sin embargo, con un calentamiento global de 2 °C, esa circunstancia podría llegar a producirse cada tres años.

Algunas poblaciones del Ártico, en especial los pueblos indígenas, ya han ajustado sus patrones de desplazamiento y caza en función de la estación y de la seguridad de las condiciones de la tierra, el hielo y la nieve, mientras que algunas comunidades costeras han previsto su relocalización. El éxito de su adaptación dependerá de los recursos financieros, las capacidades y el apoyo institucional.

El terreno de permafrost —congelado durante muchos años— es objeto de calentamiento y deshielo, y las proyecciones apuntan a un deshielo generalizado de ese tipo de terreno durante el siglo XXI. Su deshielo podría incrementar notablemente la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Incluso aunque el calentamiento global se limite a valores muy inferiores a 2 °C, aproximadamente el 25 % del permafrost situado cerca de la superficie (3-4 metros de profundidad) se habrá deshelado de aquí a 2100. Si las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando con fuerza, cabe la posibilidad de que se pierda cerca del 70 % del permafrost que se encuentra cerca de la superficie.

Cuidar los océanos es clave para frenar el cambio climático 

En el informe se llega a la conclusión de que una reducción marcada de las emisiones de gases de efecto invernadero, la protección y la restauración de los ecosistemas, y una gestión cuidadosa del uso de los recursos naturales, permitiría preservar los océanos y la criosfera como fuente de oportunidades que ayuden a adaptarse a los cambios futuros, limiten los riesgos para los medios de subsistencia y proporcionen múltiples beneficios adicionales al conjunto de la sociedad.

“Solo podremos mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales si aplicamos transiciones sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad. Por ejemplo, en los ámbitos de la energía, la tierra y los ecosistemas, las zonas urbanas y las infraestructuras, y la industria. La adopción de políticas climáticas ambiciosas y la reducción de las emisiones imprescindible para dar cumplimiento al Acuerdo de París también protegerán los océanos y la criosfera y, en última instancia, permitirán velar por el conjunto de la vida en la Tierra”, explicó Debra Roberts, copresidenta del Grupo de Trabajo II del IPCC.

Etiquetas: Contaminación Ética

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