Datos plásticos de usar y tirar

El profesor de Ciencias naturales, geógrafo y miembro de Ecodes, Carmelo Marcén, reflexiona sobre la gestión que hace la sociedad de los residuos plásticos.

usar y tirar

Las sociedades avanzan en la búsqueda de la confortabilidad desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, la mayor parte de las veces la herramienta más sencilla descubierta o el producto más elaborado no salen gratis para según qué y quién; primera lección de supervivencia. En la balanza plástica, los platillos, que marcan tanto beneficio o perjuicio, casi nunca están equilibrados; segunda lección extensible a otros muchos ámbitos de consumo/vida. Cabe que parezcan nivelados desde una posición personal, en un momento o episodio concreto, pero no en el caso de la función social que cumplen ni con el atributo de servir para siempre; otra permanente lección, variable en su dimensión y duración.

Si entresacamos enseñanzas del devenir pasado, presente y futuro –ahondamos en sus interrelaciones entre las variables territorio, tiempo y dimensión- vemos que sus conexiones condicionan cualquier hecho social, dejan marcas ambientales o ecológicas. En este último caso, importante aunque cueste apreciarlo a mucha gente, ese rastro lo podríamos llamar huella ecológica. Esas señales, trazas o incluso desastres, son particularmente agresivas cuando detrás de la práctica de vida o del producto concreto, en nuestro caso los plásticos, llevan el sello de usar y tirar; lección contundente como pocas en el escenario del atropellado mundo actual.

Vivimos empujados y abrumados por el “compro vendo”, “quiero me ofrecen”, “necesito y aspiro a”, etc., desde nada más levantarnos. En este contexto, los avispados gestores de lo público -se pueden encuadrar aquí tanto las empresas que nos venden cosas como los gobiernos de todo tipo que regulan las relaciones comerciales y sociales- intuían problemas de futuro. Se dieron cuenta hace mucho tiempo que sirve de poco utilizar una buena parte de las cosas una sola vez; ni siquiera algunas de las que se pueden considerar baratas, que en otro tiempo se desechaban tras el primer uso. Se inventaron aquello de las 3Rs para acabar con el usar y tirar. Una nueva lección para estudiar.

Sea por convicción o necesidad, ahora se valoriza un poco más casi todo que se puede comprar; incluso la fidelidad a una marca concreta o a un producto determinado. Piensen en algo sencillo como ese papel y cartón que recogen y llevan al contenedor azul. Lo hacen sabedores de que, con ligeras manipulaciones, parte de su fibra puede volver a la cadena comercial. Lo mismo  sucede con esa botella de vidrio que, sometida a unos pocos procesos físicos destructivos, puede volver al horno para formar pasta vítrea y conseguir una forma creativa; de paso se ahorran cantidad de materias primas y energía, y también residuos varios. Ahí tienen la lección bien aprendida por mucha gente.

Las cosas no las tenemos tan claras en el caso del contenedor amarillo. En parte por la cantidad de residuos que nos aconsejan llevar allí; en verdad no se parecen en nada. Quizás porque los materiales que depositamos tienen menos glamur tradicional que el papel o el vidrio. Olvidemos los otros residuos –metales y similares- y pensemos en los plásticos. El manual de instrucciones del contenedor, en el mejor de los casos un exiguo cartel con cuatro instrucciones, no nos informa de qué plásticos van allí y por qué. 

Cumplir los deseos recuperadores no es fácil. ¿Será por eso que en las fiestas universitarias, allí donde acude la gente supuestamente mejor educada y con altas responsabilidades de futuro, el residuo plástico esparcido por el suelo refleja un mundo desconcertante?, de usar y tirar. Este tema o no lo hemos estudiado o lo tenemos que recuperar. Imaginamos el sonrojo de dirigentes universitarios cuando miran el estado de los recintos festivos, si es que incluían estos temas en sus respectivos programas, algo que no podríamos asegurar.

Hasta los datos son de usar y tirar

En este asunto del reciclaje de los plásticos hasta los datos son de usar y tirar. No sabemos si tenemos la lección aprendida. Mientras Ecoembes sitúa el reciclado en un 77%, el Ministerio de Transición Ecológica los estima en un 40 y Greenpeace supone la recuperación en un 25%. Con este baile de cifras se despista a quienes quieren colaborar, dejar de usar y tirar de una vez por todas. ¿No será que se está confundiendo la recogida en los contenedores con la posterior valorización de las materias primas plásticas? Vaya embrollo, hasta las lecciones plásticas parecen de usar y tirar.

Pero, al margen de los datos, cada vez más personas somos conscientes de que el residuo plástico es un problema vital, universal, presente y de futuro. Como tal, debe abordarse desde distintos ámbitos: personal, comercial, empresarial, gubernamental, etc. Solamente con una actuación conjunta, cada vez más coordinada, reduciremos la imagen crítica de que los plásticos son de usar y tirar, a la vez que empujaremos a la acción a los despistados usuarios que todavía no se han dado cuenta de que son parte importante en la solución. 


Escrito por Carmelo Marcén Albero, maestro y geógrafo, miembro de ECODES.
 

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