Plastic Bank: economía circular para salvar nuestros océanos

La iniciativa canadiense Plastic Bank sustituye el dinero por los residuos plásticos para combatir la pobreza en las zonas más vulnerables. Permite intercambiar estos desechos por todo tipo de productos y servicios, desde la matrícula del colegio hasta combustible para cocinar.

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Plastic Bank es la iniciativa que David Katz y Shaun Frankson pusieron en marcha en marzo de 2013 para intentar que el plástico deje de invadir nuestros mares. Su planteamiento para erradicar el problema del plástico es totalmente novedoso: monetizar los residuos de mil millones de personas para que mejore la vida de las personas que viven en la pobreza.

"Nos hemos equivocado. Todos. Lo último que hay que hacer es limpiar el océano. Sí, un camión entero de residuos plásticos acaba en el océano cada minuto y un incontable número de aves y otros animales mueren por los residuos de este tipo que entran en la cadena alimentaria. Nunca se ha visto un ritmo de extinción tan acelerado y, pese a eso, estoy aquí diciéndoles que lo último que debemos hacer es limpiar el océano. Lo último de todo". David Katz, fundador y CEO del proyecto canadiense Plastic Bank, comenzó así una reveladora charla TED sobre su iniciativa. Mientras miles de personas buscan estrategias para librar los océanos de los plásticos que lo invaden, Katz se pregunta si vamos a conseguirlo limpiándolo y asemeja el problema de nuestros mares con una cocina inundada por un grifo abierto y un fregadero atascado: si limpiamos o desatascamos, el problema persistirá. Lo primero es cerrar el grifo. "¿Por qué no hacemos lo mismo con los océanos?", se pregunta. 

Según Katz, "el 80% del plástico en los océanos proviene de países con pobreza extrema". Teniendo en cuenta este dato, ¿por qué no buscar una manera de monetizar los residuos de mil millones de personas para mejorar la vida de los que no tienen prácticamente nada? "Para quien vive en la pobreza, siempre preocupado por la comida, o el techo, o la seguridad, el reciclaje se queda totalmente fuera de su realidad", reconoce Katz. Así, Plastic Bank se ha convertido en la cadena de tiendas más grande del mundo en la que puedes comprar cualquier cosa usando residuos plásticos en lugar de dinero: desde una matrícula escolar hasta un seguro médico, pasando por servicios de wifi, telefonía, electricidad o combustible para la cocina o las estufas de alto rendimiento. En este sistema, que busca apoyar a quienes viven en situaciones de pobreza, la gente lleva plásticos y estos se convierten en dinero o en productos y servicios que cubren sus necesidades básicas. De esta manera, las personas más vulnerables del planeta son capaces de conseguir una fuente de ingresos fiable mientras recicla y mejora su propia salud y la del entorno. 

Plastic Bank: una apuesta por el plástico social

En este proyecto del banco de plásticos se cumple la conocida frase del universo Marvel: un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Según Frankson, "nuestro poder es nuestra capacidad de ser (o no) consumidores responsables y conscientes, es decir, saber cómo se producen los productos que compramos". Sin consumidores responsables –y sin empresas decididas a cambiar su modelo productivo para apostar por el del "plástico social" iniciado por Katz y Frankson–, su proyecto no podría existir ni mucho menos expandirse. "El plástico que nos llega de países como Haití, Indonesia o Filipinas se limpia, se tritura y se lo vendemos a proveedores de grandes marcas como Marks and Spencer, que ya han autorizado el uso de este plástico social en la fabricación de sus productos. O como Henkel, la empresa alemana de bienes de consumo, que está usando plástico social directamente en su producción", explica Katz. 

De esta manera, este plástico social sirve para cerrar el ciclo de la economía circular a través del reciclaje: "Si ahora compras champú o detergente con envases de plástico social, estás contribuyendo indirectamente a la eliminación de plástico de las vías navegables que van al mar y, de paso, aliviando la pobreza", añade. Pero no solo las grandes empresas pueden unirse a esta revolución: un pequeño comerciante en un mercado en Manila, con tan solo una balanza y un móvil, puede ahora aceptar plástico como forma de pago —ya que, al llevarlo a Plastic Bank, se convertirá en dinero—. Así, envase a envase, se contribuye a acabar con la pobreza… Y con la contaminación de los océanos.
 

Etiquetas: Ética Contaminación

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