Residuos plásticos: la decisión histórica para regular su tráfico

Más de 180 países han dado un importante paso para regular las exportaciones de residuos plásticos y para adoptar una serie de decisiones en torno a productos químicos y desechos calificados como peligrosos.

Los residuos plásticos y la contaminación que generan suponen uno de los principales problemas medioambientales de nuestro tiempo. Se estima que 100 millones de toneladas de plástico se encuentran en los océanos, el 80-90% de los cuales provienen de fuentes terrestres.

Solo en 2017 se exportaron más de 11 millones de toneladas de residuos plásticos, unas 1.100 veces el peso de la Torre Eiffel. La mayor parte de las veces el tráfico comienza en los países desarrollados. Estados Unidos es el primer exportador, seguido de Japón y Alemania.

Hasta principios de 2018, momento en el que entró en vigencia una moratoria, China era el gran importador mundial. En 2017, recibió casi el 60% de la exportación mundial. Actualmente, los desechos plásticos están inundando el sureste de Asía con cantidades de plástico mucho mayores de la capacidad que pueden tratar. Los principales países afectados son Indonesia, Malasia, Vietnam, India, Taiwán y Tailandia. Algunos de ellos, ya han comenzado a tomar medidas para regular las importaciones. Un ejemplo de ello es que, tal y como se ha publicado recientemente, Malasia ha devuelto a España varios contenedores cargados de plástico no reciclable por violar el Convenio de Basilea, que prohíbe la exportación a países en desarrollo de materiales no reciclables. 

Residuos plásticos: enmiendas al Convenio de Basilea para regularlos

El 10 de mayo de 2019, en Ginebra, la mayoría de países del mundo -a excepción de Estados Unidos- aprobaron una enmienda al Convenio de Basilea para incluir los residuos plásticos en un marco legalmente vinculante, que persigue garantizar un comercio mundial más transparente y mejor regulado. 

Las enmiendas, propuestas inicialmente por Noruega y apoyadas por casi un millón de personas en todo el mundo instando a las partes del Convenio de Basilea a tomar medidas, requieren que los residuos plásticos sean clasificados en el país de origen garantizando la exportación de plásticos limpios y reciclables. Después, será necesario que obtengan el consentimiento de los países receptores antes del envío. Estas nuevas normas deberían impulsar una gestión más responsable de los residuos plásticos en los países de origen, una apuesta clara por la economía circular y dejar de “circular” la contaminación por todo el planeta. 

Además, en esta misma Conferencia de las Partes de los Convenios de Basilea, Estocolmo y Róterdam (Triple COP), con el lema “Planeta limpio, gente sana: gestión racional de productos químicos y residuos”, se estableció una nueva alianza sobre residuos plásticos para movilizar los recursos, intereses y experiencia de empresas, gobiernos, instituciones académicas y sociedad civil para ayudar a implementar las nuevas medidas. El objetivo es proporcionar un conjunto de apoyos prácticos, como herramientas, mejores prácticas y asistencia técnica y financiera, a este pacto.

Otro de los acuerdos a los que se llegó en esta conferencia fue la eliminación de dos grupos químicos tóxicos, que están presentes en alrededor de 4.000 productos, incluidos en el Anexo A del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes. El primero es el Dicofol, que se utiliza como plaguicida en cultivos de campo, frutas, vegetales, plantas ornamentales o té y café. Este causa irritación de la piel e hiperestimulación de las transmisiones nerviosas en los seres humanos, además de ser altamente tóxico para peces, invertebrados acuáticos, algas marinas y aves.  El otro es el ácido perfluorooctanoico (PFOA) y sus sales y compuestos relacionados con PFOA. Este último se ha utilizado hasta ahora en una amplia variedad de aplicaciones industriales y domésticas, como utensilios de cocina antiadherentes y equipos de procesamiento de alimentos o como surfactante en textiles, alfombras, papel, pinturas y espumas contra incendios.

La Unión Europea prohibió el PFOA en junio de 2017 pero se podrá seguir fabricando y comercializando hasta 2020, a pesar de estar reconocido como un disruptor endocrino y como uno de los tóxicos de los PFCs más peligrosos y bioacumulativos. Según el comunicado presentado por los organizadores de la reunión,  estudios médicos han probado que es un factor de riesgo para la aparición de determinados cánceres, como el renal o el testicular, y también de enfermedades tiroideas o la hipertensión durante el embarazo. 

Queda mucho camino por recorrer para conseguir una mayor protección de nuestra salud y del planeta, pero todo paso avanzado nos acerca a un futuro mejor.

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Etiquetas: Contaminación

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