Deterioro cognitivo, ¿puede desacelerarse viviendo en vecindarios verdes?

Diversos estudios longitudinales muestran que los espacios verdes podrían ayudar a mitigar los efectos del envejecimiento sobre la función cognitiva. Sin embargo, no todos los estudios transversales respaldan estos resultados.

deterioro cognitivo

El deterioro cognitivo es un tema que cada vez preocupa más en la sociedad en la que vivimos. La población de personas mayores en el mundo está creciendo de manera constante, ya que se espera que en los próximos años se duplique el número de adultos de 60 años o más, pasando de 962 millones en 2017 a 2.100 millones en 2050. 

La población española, que cuenta con una de las esperanzas de vida más elevadas del planeta, se encuentra también entre las más envejecidas. Para el año 2040, se estima que la esperanza de vida en España superará los 85 años, una tendencia que solo comparten Japón, Singapur y Suiza (Foreman et al., 2018) . Con una población creciente de personas mayores, hay una necesidad emergente de estrategias que fomenten un envejecimiento saludable.

El deterioro cognitivo y la pérdida de autonomía personal

Un aspecto fundamental de la salud a edades avanzadas es la función cognitiva, que es un determinante importante de la calidad de vida y la capacidad para llevar una existencia independiente. La función cognitiva disminuye progresivamente con la edad, pero esta disminución puede reducirse con ayuda de factores como el aumento de la actividad física, el apoyo social y o una salud mental mejorada. 

De la misma manera, el medio ambiente también puede servir de apoyo para mitigar el envejecimiento cognitivo (Casarino y Setti, 2015) . Por ejemplo, se ha hallado que las infraestructuras que facilitan el desplazamiento a pie y el acceso a destinos y servicios se relacionan positivamente con una mayor actividad física y, en concreto, con caminar más entre los adultos mayores, lo que a su vez estimula la función cognitiva.

Existe un interés creciente en la influencia de los entornos urbanos en la salud, ya que, debido a la reciente aceleración de la urbanización, aproximadamente la mitad de la población mundial vive actualmente en ciudades (Naciones Unidas, 2015) . En España, alrededor del 80% de la población vive en ciudades, incluyendo un número creciente de adultos mayores. 

Los entornos urbanos a menudo se caracterizan por niveles más altos de factores estresantes, como la contaminación del aire y el ruido, que se consideran perjudiciales para la salud y, específicamente, podrían afectar a la función cognitiva y aumentar el riesgo de demencia. 

A su vez, las ciudades a menudo ofrecen poco acceso a los espacios verdes, que son beneficiosos para la salud y la función cognitiva. Entendemos por espacios verdes aquellas áreas parcialmente o totalmente cubiertas por vegetación (por ejemplo, árboles, pastos y arbustos), que incluyen, entre otros, bosques, parques, jardines y calles bordeadas de árboles.

La relación entre espacios verdes y deterioro cognitivo

Estudios recientes han observado que una mayor disponibilidad o un mejor acceso a los espacios verdes en el vecindario residencial puede ser beneficioso para la función cognitiva en la edad avanzada. 

En un estudio longitudinal realizado recientemente con más de 5.600 funcionarios públicos británicos de la cohorte Whitehall II (de entre 45 y 68 años de edad al comienzo del estudio), se observó un deterioro cognitivo más lento entre participantes que vivían en barrios con más espacios verdes (de Keijzer et al., 2018) . El deterioro cognitivo se evaluó mediante una batería de pruebas cognitivas que los y las participantes realizaron repetidamente durante un período de 10 años con el objetivo de proporcionar la trayectoria de su función cognitiva. La batería incluía pruebas de razonamiento, fluidez y memoria a corto plazo. La exposición residencial a espacios verdes se obtuvo a partir de índices del nivel de vegetación alrededor del domicilio obtenidos a partir de imágenes por satélite. 

Al ajustar los análisis para una amplia gama de posibles factores de confusión, incluidos los factores demográficos, los factores del estilo de vida y cuatro indicadores del estado socioeconómico individual y del vecindario, se estimó que vivir en vecindarios más verdes se asociaba con un deterioro cognitivo un 4,6% más lento.

Otro pequeño estudio longitudinal con 281 participantes halló que una mayor disponibilidad de parques en la infancia y la edad adulta se asoció con un mejor envejecimiento cognitivo (Cherrie et al., 2017) . Para este estudio, se volvió a contactar a una cohorte de nacimiento cuando sus participantes tenían 70 años y se evaluó la disponibilidad de parques que habían tenido en sus sucesivos domicilios. 

Las y los participantes repitieron pruebas cognitivas a los 70 y a los 76 años, proporcionando una estimación del deterioro cognitivo a una edad más avanzada. Los hallazgos sugieren que una mayor disponibilidad de parques públicos desde la infancia hasta la edad adulta puede ayudar a frenar el deterioro cognitivo en la vida posterior.

Aunque los estudios longitudinales sugieren asociaciones beneficiosas entre la exposición a largo plazo a los espacios verdes y un deterioro cognitivo más lento, los estudios transversales proporcionan resultados mixtos. Un gran estudio que contó con 249.405 participantes observó que más espacios verdes en el vecindario se asociaban con menores probabilidades de enfermedad de Alzheimer (Brown et al., 2018) , pero un estudio realizado con 949 participantes no encontró asociación entre la proximidad respecto a un parque y función cognitiva (Clarke et al., 2012) . 

En contraste, dos estudios (que contaron con 2.424 y 7.505 participantes, respectivamente) hallaron una asociación perjudicial, en la que una mayor disponibilidad de espacios verdes aparecía relacionada con un mayor riesgo de demencia y/o deterioro cognitivo (Wu et al., 2015) , (Wu et al. , 2017) .

¿Cómo podrían los espacios verdes en el entorno residencial beneficiar al envejecimiento cognitivo?

La exposición a espacios verdes puede beneficiar la función cognitiva a través de diversos mecanismos. En primer lugar, los espacios verdes son entornos restaurativos, donde el contacto con la naturaleza podría reducir los niveles de estrés (Gong et al., 2016)  y mejorar la salud mental. Dado que el estrés y la mala salud mental aumentan el riesgo de deterioro cognitivo, la exposición a los espacios verdes puede, por el contrario, contribuir a mejorar la función cognitiva (Marin et al., 2011) , (McDermott y Ebmeier, 2009) . 

Además, se ha observado que los vecindarios con mayores niveles de espacio verde fomentan la cohesión social y reducen los sentimientos de soledad, que son predictores muy relevantes de la salud en la población de mayor edad y se han asociado con la función cognitiva (Holtzman et al., 2004) . De esta manera, disponer de más espacios verdes en el vecindario podría contribuir a mejorar el envejecimiento cognitivo al fomentar el apoyo social. 

También se han reportado niveles más elevados de actividad física en vecindarios con más espacio verde, un dato particularmente significativo si se tiene en cuenta que la actividad física puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia (Blondell et al., 2014) . 

Por último, los niveles de contaminación del aire, de ruido y de calor, factores ambientales que son perjudiciales para la función cognitiva, son generalmente más bajos en los vecindarios con más espacio verde.

Conclusiones

Como se ha visto, los estudios longitudinales recientes muestran que una mayor exposición a largo plazo a los espacios verdes se asocia con una disminución más lenta de la función cognitiva a edades avanzadas. 

Estos hallazgos sugieren que la disponibilidad de espacios verdes cerca del domicilio puede contribuir a mitigar el envejecimiento cognitivo y, por extensión, ayudar a mejorar la calidad de vida entre los adultos mayores. 

Sin embargo, la existencia de resultados mixtos entre los estudios transversales no permite que las evidencias disponibles se puedan considerar sólidas todavía. Es necesario seguir investigando para confirmar los efectos beneficiosos observados hasta la fecha.


Escrito por Carmen de Keijzer, investigadora doctoral en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

Referencias
1. Foreman et al. (2018). Forecasting life expectancy, years of life lost, and all-cause and cause-specific mortality for 250 causes of death: reference and alternative scenarios for 2016–40 for 195 countries and territories. The Lancet;392(10159):2052-2090
2. Cassarino & Setti (2015) Environment as ‘Brain Training’: A review of geographical and physical environmental influences on cognitive ageing. Ageing Research Reviews; 23:167-182
3. United Nations (2015). World Urbanization Prospects: The 2014 Revision. DOI:ST/ESA/SER.A/366.
4. De Keijzer et al. (2018) Residential Surrounding Greenness and Cognitive Decline: A 10-Year Follow-up of the Whitehall II Cohort. Environmental Health Perspectives;126(7):077003.
5. Cherrie et al. (2017) Green space and cognitive ageing: A retrospective life course analysis in the Lothian Birth Cohort 1936. Social Science & Medicine;196:56-65.
6. Brown et al. (2018) Health disparities in the relationships of neighborhood greenness to mental health outcomes in 249,405 US Medicare beneficiaries. Int J Environ Res Public Health
7. Clarke et al. (2012) Cognitive function in the community setting: the neighbourhood as a source of “cognitive reserve”? J Epidemiol Commun H; 66:730-736.
8. Wu et al. (2015) Community environment, cognitive impairment and dementia in later life: results from the Cognitive Function and Ageing Study. Age Ageing;44:1005-1011
9. Wu et al. (2017) The built environment and cognitive disorders: Results from the Cognitive Function and Ageing Study II. Am J Prev Med;53:25-32
10. Gong et al. (2016). A systematic review of the relationship between objective measurements of the urban environment and psychological distress. Environment International;96:48–57
11. Marin et al. (2011). Chronic stress, cognitive functioning and mental health. Neurobiol Learn Mem;96:583–595
12. McDermott and Ebmeier (2009). A meta-analysis of depression severity and cognitive function. J Affect Disord;119:1–8
13. Holtzman et al. (2004). Social network characteristics and cognition in middle-aged and older adults. J Gerontol B Psychol Sci Soc Sci;59:P278–84.Blondell et al. (2014). Does physical activity prevent cognitive decline and dementia?: A systematic review and meta-analysis of longitudinal studies. BMC Public Health;14:510

Etiquetas: Naturaleza saludable

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