Menos coches, más ciudad

La llegada de vehículos completamente autónomos, sin conductor, ya es una realidad desde el punto de vista técnico. Gildo Seisdedos, profesor del IE Business School, hace una radiografía de la movilidad urbana del futuro.

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Aunque hablando de innovación en movilidad tenemos tendencia a poner el foco en los nuevos servicios de movilidad emergentes que están desembarcando en muchas ciudades del mundo, no podemos dejar de poner de manifiesto que esta revolución de la movilidad urbana (menos coches, más ciudad) de la mano de la tecnología afecta también a los principales actores tradicionales: el vehículo privado y el transporte público.

En el caso del vehículo particular, parece claro que, aunque sobreviva a esta revolución –que pensamos que lo hará–, también cambiará de manera significativa, ya que confluyen en él cuatro tendencias: conectividad a bordo, car-sharing, electrificación y conducción autónoma.

La adopción de la conectividad a bordo en los vehículos empieza a ser una realidad, ya sea a través del smartphone o a través de un sistema creado por el propio fabricante, y está abriendo interesantes posibilidades, como ofrecer, mediante el análisis de datos en tiempo real sobre el tráfico, rutas óptimas de manera dinámica para evitar los atascos, ya sea a los usuarios, mediante apps que ofrecen información al conductor, o a los gestores del tráfico en la ciudad, que pueden, a través de apps como Waze, obtener información en tiempo real para responder a emergencias (Center for Cities, 2014).

El car-sharing es otra tendencia al alza en la medida en que los asientos de los coches están vacíos más de un 90% del tiempo. No hay evidencia clara de si un sistema bien diseñado de car-sharing consigue reducir la tasa de motorización disuadiendo a ciudadanos de tener su propio coche, pero sí parece claro que contribuye a incrementar de manera significativa la intensividad de su uso, aumentando de 11.700 a 20.400 su kilometraje anual (CSA, 2015).

Las predicciones apuntan a que el mercado de vehículos eléctricos e híbridos se incrementará desde los 2,3 millones de unidades de 2014 a los 11,5 millones en 2022 (IHS, 2015). Si bien en el corto plazo estos vehículos son más caros que los movidos por combustibles fósiles, Tesla y Toyota han demostrado que la electrificación puede llegar a ciertos segmentos del mercado. Este desarrollo puede ser más sencillo en entornos urbanos en los que las distancias recorridas son menores y es más fácil recargar unas baterías cuyos costes están cayendo más rápidamente incluso de lo que los más optimistas podrían predecir.

También están de moda los vehículos autónomos y tienen una importante notoriedad en los últimos tiempos: la llegada de vehículos completamente autónomos, sin conductor, ya es una realidad desde el punto de vista técnico. Google está trabajando en uno que podría estar listo para 2017 y Uber está desarrollando este concepto con la Universidad Carnegie Mellon. Eliminar el factor humano tras el volante podría salvar miles de vidas, evitar importantes daños materiales e incrementar la capacidad de las infraestructuras, al poder viajar los vehículos más cercanos y a mayor velocidad.

En el otro extremo de la vieja dicotomía, tenemos el transporte público, que también está llamado a verse modificado de la mano de la digitalización: surgen nuevos modelos de movilidad bajo demanda. Un ejemplo innovador es Helsinki, que, partiendo de un buen sistema de transporte público, se ha propuesto el ambicioso objetivo de hacer el vehículo particular innecesario bajo el concepto de Mobility as a Service (MaaS). 

Finalmente, cabe hacer una breve referencia a dos modos de transporte, como son pasear y la bicicleta, que también se están viendo impactados por esta revolución en ciernes. Las zonas peatonales crecen incluso en grandes ciudades y las bicicletas sustituyen al vehículo privado en las zonas libres de coches de Copenhague que, dotada de una amplia red de carriles bici, ha reducido los tiempos de desplazamiento e incrementado la seguridad viaria. 

Todo está cambiando. Menos coches, más ciudad.

 

Gildo Seisdedos, profesor del IE Business School

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