¿Cómo viven su salud las personas con discapacidad?

Según los resultados del I Estudio DKV sobre los hábitos de salud de las personas con discapacidad, seis de cada diez encuestados ven su estado de salud como regular o insatisfactorio.

«Se encierran en casa y se van apagando». Esta frase, que todos hemos oído alguna vez, es uno de los verbatims extraídos en las 400 encuestas con las que se ha elaborado el I Estudio DKV sobre los hábitos de salud de las personas con discapacidad. Lo que esconde detrás es una de las principales conclusiones del informe: el concepto global de vida saludable se sustenta sobre tres pilares fundamentales –bienestar emocional, físico y social– y, si uno de los tres falla, el equilibrio se rompe. Además de esta conclusión, la investigación ha arrojado otros datos muy relevantes a la hora de conocer la realidad de personas con discapacidad. Por ejemplo, de acuerdo con las encuestas realizadas, seis de cada diez personas con discapacidad ven su estado de salud como regular o insatisfactorio y dos de cada tres consideran que su estado emocional es indiferente regular o malo respecto a su discapacidad.

Partiendo de la definición de salud y bienestar de la OMS, el informe analiza la autopercepción de las personas con discapacidad para detectar sus buenos y malos hábitos, las barreras y obstáculos a los que se enfrentan y analizar sus contextos y actitudes sociales de cara a conocer hacia dónde deben dirigirse las políticas públicas y privadas. «La falta de información hace invisible la vida de estas personas y, teniéndola, contribuiremos a mejorar sus condiciones», explicaba Miguel García –director de Comunicación y Negocio Responsable de DKV– en la introducción al informe, en la que destacaba el papel de las medidas de prevención y apoyo, así como la importancia de fundaciones como DKV Integralia, donde hoy trabajan más de quinientas personas.

En cuanto al bienestar físico, destaca que el 63,1% de los encuestados considera que su salud es regular, insatisfactoria o muy insatisfactoria y que más de la mitad practica alguna actividad física o deportiva. Sin embargo, en el aspecto cualitativo, la mayoría apuntan a las dificultades económicas que les supone mantener unos hábitos de vida saludable –más del 34% afirma que es su principal obstáculo para ello–. David Camps, responsable de Innovación Social de DKV, durante la presentación de estas conclusiones, destacaba, además, algunos factores llamativos como la incidencia del tabaquismo, un mal hábito que tiene el 29% de los encuestados, por encima de la media entre las personas sin discapacidad. «No tenemos que caer en la culpabilización de la persona: existe la pobreza, la exclusión, y la discapacidad, que son los factores que pueden estar detrás del sedentarismo, el tabaquismo o la alcoholemia», reclamaba Daniel Aníbal García de Diego, secretario de Organización de COCEMFE, que incidía en la necesidad de políticas públicas que atajen de raíz estos problemas.

Salud emocional e inclusión laboral

Todos los presentes coincidieron en señalar la importancia del bienestar emocional, a menudo infravalorado al hablar de vida saludable. El 55% de los encuestados afirmó que mantener una actitud positiva es uno de los hábitos que han adquirido para sentirse mejor emocionalmente y el 68% declaró que su discapacidad ha tenido consecuencias en el ámbito familiar.

Por último, en cuanto al bienestar social destaca que, aunque más de la mitad de los encuestados declara estar bastante o muy satisfecho en ese aspecto, el 43% aseguró tener menos vida social que antes del reconocimiento de su discapacidad. Uno de los factores importantes en este ámbito es el laboral, en el que se encuentran algunos de los mayores obstáculos al hablar de integración: los procesos de inserción suelen ser largos –en el 49% de los casos, es superior a dos años– y las oportunidades de empleo son menores –el 44,9% afirma haber perdido oportunidades laborales por falta de accesibilidad o adaptación del puesto de trabajo a sus necesidades–. Sin embargo, la mayor parte de los encuestados declara que la participación y la aportación de valor a la sociedad tienen un efecto especialmente beneficioso para su salud.

Las conclusiones del informe permiten desmontar tópicos como que las personas con discapacidad van más al médico –de hecho, dos de cada tres encuestados declaran ir al médico igual o menos que antes de tener discapacidad–, que viven encerrados en sí mismos o que no hacen deporte. «Tener discapacidad no es estar enfermo», destacaba Mª Pilar Díaz, experta en discapacidad y profesora de la Universidad de Barcelona, encargada de supervisar el estudio. Al final del acto, abogaba por abandonar un modelo médico que entiende que a la persona con discapacidad hay que rehabilitarla para convertirla en otro «modelo social que sea base de una sociedad verdaderamente inclusiva».

Etiquetas: Salud

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