El Ébola se resiste

El éxito de una vacuna –aún en fase experimental– puede ser clave en la lucha contra el virus del Ébola, que aún mantiene el rango de epidemia en países como República Democrática del Congo.

Miniatura

El virus del Ébola no sucumbe. Aunque se sospecha que existe desde hace más de diez mil años, se detectó por primera vez en 1976 en Sudán, cerca del río del que toma su nombre. Cuando parece haber remitido, irrumpe de nuevo, desconcertando a expertos, autoridades y sanitarios. El último brote se detectó en Kivu del Norte al nordeste de la República Democrática del Congo (RDC). Desde agosto hasta septiembre de 2018, el brote adquirió rango de epidemia y acabó con la vida de medio centenar de personas.

Por lo general, los síntomas del Ébola aparecen entre los dos días y las tres primeras semanas de haber contraído el virus: fiebre, dolor de garganta, dolores musculares y fuertes cefaleas, a los que siguen náuseas, vómitos y diarreas, que desembocan en fallo hepático y renal, así como en complicaciones hemorrágicas. El contagio se produce a través de membranas mucosas y fluidos corporales de personas o cadáveres infectados. La tasa de mortalidad es voluble, situándose entre el 22 y el 88%.

Este nuevo brote en Congo es preocupante porque el territorio en el que se localiza está controlado por más de cien grupos armados, lo que dificulta el acceso de los sanitarios y, por tanto, el tratamiento adecuado de las personas infectadas, lo que multiplica las posibilidades de contagio al resto de población. Concurre el hecho de que Kivu del Norte es una región muy poblada, que acoge a más de un millón de desplazados internos. Países limítrofes como Uganda, Ruanda, Burundi y Sudán del Sur ya han aplicado un protocolo de urgencia para evitar el contagio.

¿Una vacuna contra el Ébola?

La intervención temprana supone una alta posibilidad de supervivencia, pero no la asegura. Hidratación corporal con fluidos intravenosos y soluciones salinas, estabilización de los niveles de oxígeno y presión sanguínea y tratamiento para la posibles infecciones derivadas del virus a veces basta. Pero no siempre.

Se ha procedido a la vacunación de trabajadores sanitarios, de los que siete ya habían contraído la enfermedad, así como de los casos confirmados en el pueblo de Mangina, epicentro del brote, y en Beni, a unos treinta kilómetros. Esta vacuna, aún en fase experimental, fue probada con éxito en la epidemia de 2014-2016 en África occidental y aplicada, también con excelentes resultados, en el brote declarado en la RDC el pasado 8 de mayo y quedó «oficialmente» extinguido a finales de julio.

En esta ocasión, se está aplicando un tratamiento experimental obtenido de los anticuerpos en la sangre de un superviviente de una epidemia de Ébola anterior. Se ha comprobado que quienes sobreviven a la enfermedad permanecen inmunes a ella al menos diez años, aunque aún se desconoce si esta dispensa se produce ante las cinco variantes del virus. Asimismo, se ha verificado que algunas personas se infectan y son capaces de producir anticuerpos contra el virus, sin enfermar. Todo hace pensar que la sangre de quienes sobrevivieron es la respuesta para acabar de manera irrevocable con esta enfermedad que se ha cobrado la vida de alrededor de ochocientas personas.

Por Esther Peñas

Etiquetas: Salud