Alberta Parayre: “Cuidam permite a los niños recibir tratamientos que en sus países no existen”

El sistema de voluntariado del Hospital Sant Joan de Déu es un referente a nivel internacional. Cerca de 300 voluntarios prestan sus servicios en este centro barcelonés con único objetivo: hacer que el paciente y sus familiares se sientan cuidados y atendidos en todo momento. Entre sus programas se encuentra Cuidam, una iniciativa con la que DKV Seguros colabora desde su origen y que ha permitido a 150 niños del tercer mundo recibir tratamientos que en sus países no existen.

Miniatura

—360: ¿Cuál es la filosofía del voluntariado del Hospital de Sant Joan de Déu?

—Alberta Parayre: La filosofía del Hospital de Sant Joan de Déu es seguir el carisma del propio San Juan de Dios, quien en su momento tuvo una visión profética de lo que era el cuidado del enfermo, donde no se puede descuidar ningún detalle de la vida de esa persona. No es solamente curar una pierna rota o un estómago que no funciona. Hay que intentar que esa persona no salga tremendamente herida por todo lo que le ha sucedido. Es hacer que se sienta querida y, por tanto, cuidada y curada. El voluntario tiene una función específica en esta situación, que jamás va a interferir con el profesional; lo que hace el voluntario es una cosa, lo que hace el profesional es otra. En países como Sierra Leona quizás estén muy interrelacionadas, porque puede haber un médico que actúe como tal siendo voluntario; aquí no. El voluntario puede dar un plus de humanización que, no es que el médico o la enfermera no lo quieran dar, es que no pueden porque su tiempo no se lo permite. Por ejemplo, una mamá que está sola en el hospital, que pueda bajar a comer porque un voluntario se queda en su habitación y ella sale.

—360: ¿Y cómo se desarrolla el compromiso de los voluntarios?

—A: Cada caso es distinto. Entre un mínimo de tres horas hasta siete u ocho. Lo normal es un día a la semana, algunos vienen dos. Donde hay un niño, hay un paciente, y ahí estamos presentes. Estamos desde lo básico –suplir a todos los padres o abuelitos que estén en el hospital acompañando a un niño y que están solos para que puedan salir de la habitación para comer e incluso ir a trabajar– hasta colaborar con el quirófano. Estamos atendiendo sobre todo a los primeros niños que bajan a las 8 de la mañana, que son las intervenciones quirúrgicas más complejas y largas. Los niños entran en el pre-quirófano con los padres. Es una salita con la camilla del niño, los padres a su lado y también un voluntario, que apoya a esos padres en el momento en el que el niño se va. Es un momento difícil y duro porque es la despedida y saben que el niño se va a enfrentar a lo mejor a una intervención que va a durar cinco, seis horas o más. Y, aunque hay muchas garantías de que las cosas van a salir bien, siempre está el interrogante y luego el proceso de UCI en muchos casos. Ahí está el voluntario haciendo de ángel de la guarda, acompañando a los padres hasta la puerta del quirófano y a veces hasta la habitación. Estamos también en consultas externas, en salas de espera. ¿Qué hace un voluntario en una sala de espera de las consultas externas? Jugar con los niños. Tenemos las salas de juegos donde hacemos talleres chulísimos, algunos de propios voluntarios, otros de entidades externas. Tenemos voluntarios específicos para el programa ‘Cuidam’, para niños del tercer mundo que tienen que recibir tratamientos que en sus países no existen. Son familias que vienen de lugares muy deprimidos del planeta donde, en muchos casos, a lo mejor no han visto en su vida un ascensor ni tanta comida junta como hay en el comedor cuando bajan a comer. Y tiene que haber un voluntario que le acompañe para que sepan que pueden coger un primer y segundo plato, sentarse en una mesa y que es todo para ellos, que no hace falta que se guarden nada en el bolsillo para dárselo a sus hijos, porque estos también van a comer. En todo ese proceso hay un voluntario que les ayuda a vivir ese aterrizaje en un nuevo planeta de una manera agradable. Contamos también con las voluntarias bibliotecarias, que pasan por todo el hospital con la biblioteca ambulante con préstamo de libros, o la ludoteca con préstamos de juegos; voluntarios que nos hacen ayuda en secretaría. También hay, por ejemplo, voluntarias que se dedican a lo que llamamos ‘la acogida’, las cuales todos los días pasan por todas las habitaciones donde ha ingresado un niño. El simple hecho de saber que estamos es un descanso muy grande. Da una sensación enorme de que te cuidan y esto es muy importante. Cuando pasamos un momento difícil, lo más duro de todo, a veces, no es tanto lo que nos está pasando, sino el pensar que a nadie le importa lo que nos está pasando, esa sensación de soledad.

—360: ¿En qué consiste el programa Cuidam?

—A: La realidad del programa Cuidam en San Juan de Dios ha existido siempre, lo que pasa es que no estaba estructurada. Se hacía más por un médico que conocía a otro que estaba en un país con un caso de un niño y a través de la obra social se buscaban los medios y se le traía. Hoy en día mejoramos en la manera de hacer las cosas y las hacemos mucho mejor. No digo perfectas, siempre hay que anhelar hacer las cosas mejor, pero Cuidam ha sido un gran avance en toda esa fuerza solidaria que conlleva este hospital y la propia orden. El hospital San Juan de Dios tiene la puerta abierta a todo el mundo. Un niño de nuestro país tiene acceso de muchas formas: de manera pública, por mutuas, de manera privada... Si es un niño que vive en el tercer mundo y sabemos que aquí en el hospital le podemos ayudar porque tenemos unos grandes porcentajes de éxito en una curación que en su país es absolutamente imposible, buscamos los medios para traerle. Cuantos más medios tenemos, más niños podemos traer para curarles. Un niño en silla de ruedas en Barcelona va a poder hacer casi la misma vida que un niño que puede andar, porque cada vez hay menos barreras arquitectónicas; pero un niño que vive en India, a lo mejor está condenado a no volver a salir de su casa. Un niño que va en silla de ruedas aquí tendrá acceso a una vida profesional y muchas veces con muchas puertas abiertas precisamente porque le vamos a intentar ayudar; uno que vive en un país del tercer mundo no va a tener acceso ni a la escuela, con lo cual su situación va a ser mucho más grave. Un niño de oncología aquí tiene el 85% de probabilidades de curarse y uno en un país del tercer mundo simplemente se muere. Las enfermedades con la que normalmente vienen más niños por Cuidam son cirugías cardíacas o reconstrucciones de esófago y estómago; niños que han tomado lejía de un bote de agua (que en los países del tercer mundo es muy corriente) y se queman todo por dentro, se quedan sin esófago, por lo que hay que hacerles reconstrucción. Estos niños una vez que esto se ha hecho ya están bien, ya se han recuperado del todo, es algo perenne. Ese niño de eso ya no se morirá ni volverá para atrás…

—360: Usted está en primera línea de esa batalla que es la protección de los niños. ¿En qué dimensiones cree que están más desprotegidos los más pequeños, tanto en España como en el tercer mundo?

—A: Si miro al niño nuestro –no solo al niño de nuestro país, sino al que está a este lado del hemisferio–, la desprotección más grande que veo es la falta de valores. Muchas veces la falta clara del concepto de familia, que le crea una situación de gran debilidad y de gran vulnerabilidad. En el tercer mundo, quizás tiene muchísimo más cubierto esto, porque la familia es fuerte y los valores siguen estando. Pero en cambio tiene una desprotección tremenda a nivel de salud, de derechos e incluso de maltrato, al verse obligados los padres a ponerlo a trabajar cuando tiene 10 años, a no tener educación, cosa que aquí todos los niños tienen.

Etiquetas: Entrevista

Comentarios


También te puede gustar...

voluntariado intergeneracional
Voluntariado intergeneracional ante el aislamiento de nuestros mayores
emprendedores sin techo sinhogarismo
Emprendedores sin techo, una alternativa para salir del sinhogarismo
barreras de la discapacidad
Desdibujar las barreras de la discapacidad, una tarea pendiente