¿Qué sabemos sobre la vacuna contra el coronavirus?

La pandemia ha acelerado el desarrollo científico hasta límites antes insospechados. Aquí están, de momento, sus resultados.

vacuna covid

Investigadores a lo largo de todo el globo terráqueo se encuentran en medio de una frenética carrera para encontrar la vacuna contra el coronavirus, una lucha contra el reloj y contra los diversos brotes y oleadas, que han golpeado ya más de ciento cincuenta territorios. La coordinación se ha revelado como uno de los factores más importantes de todas estas investigaciones. Los proyectos relacionados con la vacuna superan ya los 150 y, de ellos, 23 se encuentran en fases avanzadas. Aunque la vacuna no es el único recurso científico para detener al virus –véase, por ejemplo, una medicación adecuada–, es el más importante y efectivo: su inmensa relevancia radica, principalmente, en la capacidad de imposibilitar la transmisión del virus.

Ensayos de la vacuna contra el coronavirus

Una de las vacunas más prometedoras es la conocida como ChAdOx1 nCoV-19, desarrollada por el Instituto Jenner —con participación de la farmacéutica AstraZeneca— de la Universidad de Oxford, en Reino Unido. En este caso, el proyecto ha sido formado alrededor de la atenuación de un virus del resfriado común que, tras su uso, conseguiría generar anticuerpos y células T, ambas aptas, en principio, para crear una respuesta inmune contra el virus. El laboratorio, que estima sus probabilidades de éxito con altas expectativas, ha comenzado recientemente la fase III –o, lo que es lo mismo, la última y más exhaustiva de las fases clínicas, que cuenta con un gran número de voluntarios humanos–. Varios países europeos ya han firmado un contrato con la propia farmacéutica con el que llegarían a suministrar hasta 400 millones de dosis entre varios estados de la Unión Europea, entre los que se incluye España.

Junto a la empresa británica se hallan otras dos prometedoras investigaciones. Una de ellas está siendo desarrollada por China por la compañía Sinovac Biotech. Esta vacuna, denominada CoronaVac, se realizaría a partir de partículas del virus inactivas y purificadas. Al igual que en el caso europeo, este proyecto se encuentra también fase III. Hasta ahora, según la empresa asiática, ninguna de las dosis probadas en los 743 voluntarios ha mostrado graves efectos adversos. Lógicamente, las esperanzas puestas en esta vacuna se relacionan con la respuesta inmunitaria que habría logrado en esos mismos voluntarios. Actualmente, la empresa se halla construyendo instalaciones cuya capacidad de fabricación alcanzaría los 100 millones de dosis por año.

La tercera vacuna más esperanzadora se encuentra en territorio norteamericano, dentro de las instalaciones de la compañía Moderna. La investigación centra sus esfuerzos en el uso de un pequeño fragmento del código genético del coronavirus inyectado al paciente. La respuesta inmune, según reportó la empresa en una fecha tan temprana como el mes de mayo, habría sido similar a la de las personas infectadas con la COVID-19. Esta vacuna, sin embargo, posee un carácter más experimental que las anteriores, ya que se basa en principios diferentes a la de cualquier vacuna creada para otras enfermedades. Las dosis de la vacuna, cuya denominación se conoce por mRNA-1273, actuarían a raíz del uso de ARN –o ácido ribonucleico– que, inoculado en pequeños fragmentos, transmitiría diversas instrucciones genéticas. La tercera fase comenzará en el mes de julio con una muestra de alrededor de 30.000 personas. España, además, participará en su producción.

El consenso de los expertos, sin embargo, señala la posible aparición de estos instrumentos a lo largo del año 2021. Según María Neira, directora del Departamento de Salud Pública y Medioambiente en la Organización Mundial de la Salud (OMS), es posible que a comienzos del año que viene se pueda comercializar una vacuna contra el coronavirus. Mike Ryan, director del Programa de Emergencias Sanitarias de la misma entidad, ha ofrecido también declaraciones similares. Las observaciones habituales, sin embargo, recalcan siempre una prudencia razonable: normalmente se tardarían años, si no décadas, en desarrollarla. Por mucha aceleración que se pueda otorgar a las investigaciones hay fases que son imposibles de evadir, ya que las garantías de seguridad médica son obligatorias a la hora de comercializar productos masivos como estos.

A pesar de los enormes avances logrados, por tanto, cabe esperar aún varios meses hasta que la vacuna logre comenzar a reabrir nuestras comunidades de nuevo. Los tiempos de desarrollo, aunque la espera se antoje eterna, se revelarían como los más cortos de la historia de la humanidad a la hora de conseguir un logro de este calibre: nunca, hasta ahora, un grupo de científicos había trabajado en tamaño contrarreloj y su consecución se alza en el horizonte, ya cercano, como otro hito del progreso.

Pelayo de las Heras Álvarez

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