Un verano al sol y sin peligro

Además de extremar las precauciones en casa y en la calle para evitar focos de contagio, no hay que olvidar el impacto que el verano puede tener en nuestra salud, especialmente para nuestra piel en la playa y la piscina.

Tomar sol sin peligro

El coronavirus está cambiando nuestro verano. Gel hidroalcohólico, mascarillas, distancia social… La nueva normalidad se ha sumado a nuestras ganas de salir a la calle, especialmente incrementadas este año tras casi tres meses de confinamiento. Más allá del riesgo de contagio, este atípico verano trae consigo nuevos peligros para nuestra piel en la playa y la piscina. Estas son las precauciones que debemos tomar para protegerla en la temporada estival marcada por la COVID-19.

Ten especial cuidado con el sol este verano

Si antes teníamos que tener mucho cuidado con al radiación solar en nuestra piel, ahora debemos prestarle el doble de atención. Durante las semanas de confinamiento más estricto la población apenas ha podido tomar el sol y la piel no ha tenido la oportunidad de adecuarse progresivamente a la radiación ultravioleta. Sin embargo, mucha gente no ha sido consciente de ello y se ha dejado llevar por la emoción de pisar la playa o la piscina como cualquier otro verano, lo que ha incrementado exponencialmente las consultas dermatológicas por quemaduras del sol.

Diez minutos tomando el sol son más que suficientes, según la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Puedes alargarlo hasta 30 minutos, pero en ningún caso más. La exposición excesiva a la radiación ultravioleta es la causa ambiental más común de todos los tipos de cáncer de piel así que, para protegerte de ella, elige el protector solar adecuado teniendo en cuenta el fototipo de tu piel.

Recuerda que el factor de protección solar (SPF) no es el número de minutos que te protege del daño del sol, sino que multiplica el tiempo que puedes aguantar sin quemarte. Es decir, si te quemas a los 5 minutos, la crema con SPF 10 te permite estar hasta 50 minutos en exposición. Además, no es aconsejable exponerse al sol más de tres horas, y menos aún en las centrales del día –de 12 a 16 horas–cuando las temperaturas son más elevadas.

Además de una correcta hidratación para combatir los efectos del calor en nuestro organismo, es recomendable cuidar la dieta para equilibrar la producción de vitamina D que ha faltado estos meses consumiendo alimentos que la contengan como pescados azules, huevos y lácteos así como frutas y verduras.

Lávate con agua y jabón: el gel hidroalcohólico puede quemarte

El gel hidroalcohólico es un complemento más este verano. Nos lo echaremos en la playa y en la piscina, pero también en chiringuitos, supermercados, tiendas y recepciones de hotel. Su uso no es obligatorio, pero nos ayuda a protegernos de contagios cuando no tenemos agua cerca. No obstante, numerosos dermatólogos están desaconsejando utilizarlo por los efectos nocivos que este puede provocar en la epidermis en los lugares con fuerte radiación solar.

«Su alto porcentaje de alcohol, en combinación con la luz solar podría originar quemaduras en la piel», apunta la doctora Marta Frieyro. En su opinión, la absorción rápida de los geles crea la falsa sensación de evaporación total en la piel. «Creemos que sus componentes han desaparecido totalmente de la epidermis y, sin embargo, se mantienen en su superficie por un tiempo prolongado por lo que la incidencia de los rayos de sol puede desembocar en una alteración de la pigmentación (oscurecimiento de la piel) o en una quemadura, en el peor de los casos».

Como alternativa, los especialistas proponen lavarse las manos con agua y jabón que «es una medida de seguridad frente al contagio por coronavirus y no entraña riesgo para la salud de nuestra piel», según la doctora.

Las mascarillas no protegen de los rayos ultravioleta

El uso de la mascarilla ya es indispensable tanto en el transporte público como en espacios cerrados y abiertos cuando no se pueda respetar la distancia de seguridad aunque, con las altas temperaturas, está resultando especialmente incómoda: al quedar la piel cubierta y estar expuesta al calor, no es de extrañar que surjan granos, irritaciones e incluso heridas. Para minimizar daños a la epidermis, los dermatólogos aconsejan hidratarla mañana y noche, reducir el uso de ácidos como el glicólico o el retinol y aplicar vaselinas para disminuir la fricción.

Pero hay otro factor importante a tener en cuenta: no está demostrado que las mascarillas filtren los rayos ultravioleta. Tampoco se ha confirmado que no protejan un mínimo puesto que en función del entramado del tejido –la distancia entre los hilos– y el color, la barrera será mayor o menor. Reme Navarrio, farmacéutica, explicaba en este reportaje las diferencias entre los tipos de mascarilla: «En el caso de las quirúrgicas, que están fabricadas con materiales como celulosas o polipropilenos, el freno frente a los rayos solares es escaso y el nivel de protección es muy reducido». El desgaste, apunta también la experta, empeora la filtración puesto que al agrandarse los huecos, la luz solar entra con mayor facilidad y hace efecto lupa con la condensación de nuestra piel cubierta, por lo que el riesgo de daño es aún mayor.

¿Cómo podemos sentirnos seguros entonces? Aplicando protector solar de la misma forma que lo haríamos sin mascarilla, a ser posible de protección alta (SPF 50) en los primeros días de exposición al sol. Este verano ya cuenta con suficientes retos como para sumarle quemaduras o melanomas en nuestra piel.

Por ETHIC

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