Coches eléctricos, la revolución del siglo XXI

La introducción de las energías renovables en el sector energético avanza de forma imparable. Según un estudio de Bloomberg New Energy Finance, en dos décadas se venderán los mismos coches eléctricos que los movidos por combustibles fósiles. Esta revolución conllevará, según la consultora, una caída generalizada en la demanda del petróleo. ¿Estamos ante una nueva crisis del sector?

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Si hubiera que ponerle un nombre al siglo XXI, este podría ser, sin mucho margen de error, el de «el siglo de la concienciación medioambiental». El Acuerdo de París y la firma de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) por 193 líderes mundiales en 2015 han supuesto un giro de 180 grados respecto a la voluntad ciudadana y política de cuidar el planeta. La introducción de las energías renovables en el sector energético avanza de forma imparable, y el sector automovilístico y de transporte, con un gran peso estratégico en la economía, se enfrenta a una auténtica revolución con nombre y apellidos: coches eléctricos

  1. El coste de las baterías de los coches eléctricos, en constante descenso 
  2. Menor precio, mayores ventas
  3. Hacia una electrificación de la economía global

El coste de las baterías de los coches eléctricos, en constante descenso 

La consultora Bloomberg New Energy Finance estima que dentro de dos décadas la venta de coches eléctricos superará a la de vehículos propulsados por combustibles fósiles, de modo que en 2040 una tercera parte de la flota de vehículos mundial será eléctrica. En el informe publicado en Bloomerg Latam admiten que «la adopción de los coches eléctricos se dará con una mayor rapidez de la prevista». ¿El motivo? El progresivo abaratamiento de las baterías de litio que necesitan este tipo de automóviles. «El coste de las celdas de iones de litio ya ha descendido un 73% respecto al precio de 2010», señalan, y vaticinan que en 2030 el precio de una batería será de 73 dólares, mientras que a principios de la década actual era de 1.000 dólares. 

A pesar de estas previsiones (deseables y deseadas), el escenario real actual parece ir un poco más despacio. Una encuesta de Alphabet refleja que el 67% de los españoles creen que el coche eléctrico es la solución ideal para las ciudades, pero solo el 5% ha conducido uno alguna vez, cifra que sube hasta un 14% si solo se tiene en cuenta a los madrileños. «Hay que tener en cuenta que se parte de una cuota de mercado bajísima y cualquier subida de las ventas se traduce en porcentajes altísimos. La clave está en la velocidad a la que se haga el recorrido que queda por hacer», señala Diego Rodríguez, catedrático de Economía y miembro del Grupo de Investigación sobre Productividad, Innovación y Competencia: aplicaciones de la Economía Industrial de la Universidad Complutense de Madrid.

Aunque la concienciación social vaya dos pasos por delante de la realidad, la creciente preocupación por el cambio climático, sobre todo desde la publicación del último informe del panel de expertos de la ONU, y el escándalo del fraude de las emisiones de los coches diésel de Volkswagen, podrían suponer el impulso definitivo del coche eléctrico. 

Menor precio, mayores ventas

Rodríguez, además de la conciencia medioambiental, que cree que «no es el factor determinante en el mercado de masas», señala a otro elemento como la clave para la generalización del coche eléctrico: el precio. Si Bloomberg apunta a la reducción del coste de las baterías, Rodríguez señala a las ayudas públicas: «Ahora mismo es una actividad muy apoyada en mecanismos públicos como las ayudas a la movilidad, beneficios fiscales, incentivos de compra… Su expansión es una cuestión de cuánto dinero público se destina. Yo soy optimista y creo que con este camino para la mitad de la próxima década se habrá logrado la paridad de precios entre el coche eléctrico y el movido por combustibles fósiles». 

Muchos expertos se mueven en esta línea –incluida la propia Volkswagen–, y vaticinan que, en 2050, los vehículos movidos por baterías de ión-litio alcanzarán el 50% de la cuota de mercado. Un escenario que, según Bloomberg, va a «cambiar radicalmente la industria automovilística global y ocasionar trastornos económicos en los países exportadores de petróleo». Esta revolución eléctrica supondrá una reducción del consumo de petróleo de «ocho millones de barriles diarios». ¿Estamos ante una crisis del sector similar a la de 2014?

«Es evidente que la industria petrolera va a resultar afectada. Aunque el petróleo se usa para muchísimas cosas, el sector de la automoción tiene un peso muy importante», opina Rodríguez, aunque no se muestra excesivamente alarmista porque «la transformación eléctrica de los camiones pesados va muy lenta y, además, aquí el competidor es el gas, no la electricidad y, sobre todo, porque el transporte aéreo va a seguir usando sí o sí combustibles tradicionales». 

Hacia una electrificación de la economía global

A finales de 2017, la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) elaboró el informe Previsiones del Mundo Petrolero 2040 en el que reconocían el complicado escenario al que tendrán que hacer frente las próximas décadas: «En los Estados más ricos de Europa, Asia y Norteamérica, el consumo de crudo para el transporte de carretera habrá caído un 30% en 2040, de forma paralela al aumento de las ventas de vehículos eléctricos». Ahora bien, la OPEP dibuja diferentes panoramas en función de la zona geográfica y, mientras que está convencida de que los países desarrollados irán en la dirección señalada, auguran que en los lugares en vías de desarrollo, como la India, la flota de turismo aumentará un 135% que según sus cálculos se traducirá en una subida global de la demanda de crudo del 12,5%. 

«Todo esto es una simulación, son estimaciones, no la Biblia», insiste Rodríguez. No obstante, de alguna manera, «va a haber un impacto seguro y las propias petroleras se están dando cuenta y saben que tienen que adaptarse porque no es solo el coche, sino que se está produciendo una electrificación de la economía». Para Rodríguez, ante el panorama que se avecina, hay una pregunta clave que debe hacerse la industria: «¿Quieren ser solo una petrolera, o una energética global que tenga el protagonismo? Si es lo segundo, tienen que posicionarse con las eléctricas».

Por Alejandra Espino

Etiquetas: Innovación Contaminación