La emergencia climática llega a la comida rápida

Las grandes cadenas de comida rápida se han puesto las pilas en materia de sostenibilidad con la incorporación de envases totalmente reciclables y de opciones vegetarianas y veganas. ¿Es suficiente para el planeta? ¿Y es saludable para el consumidor?

La emergencia climática llega a la comida rápida

Seis millones y medio de hamburguesas BigMac vende McDonald’s al día. Y solo hablamos de un producto de la conocida cadena: sumemos las otras hamburguesas y demás productos de origen animal y pensemos que, para producir un kilo de carne de vaca, hacen falta 15.415 litros de agua, más las toneladas de pasto correspondientes. Si en la mayoría de las ocasiones el consumo de comida rápida se hace por placer, conocer el impacto de la industria cárnica para nuestra salud y para el planeta se vuelve cada vez más necesario.

Por ejemplo, según un estudio de la Universidad de California, en Estados Unidos el sector alimentario es responsable del 30% del total de emisiones de gases de efecto invernadero del país derivadas de la producción de carne. Cifras alarmantes pese a que, en dicha investigación, solo se está valorando la producción de carne y no el resto de impactos ambientales que también van en el mismo pedido: la producción de los productos que lo acompañan –por ejemplo, las patatas fritas o los refrescos–, las pajitas y envoltorios plásticos de los vasos, las emisiones generadas en el reparto…

McDonald's se compromete a utilizar envases 100% de fuentes renovables para 2025

Es por eso que las grandes cadenas de comida rápida se están poniendo al día en sostenibilidad. Una primera medida ha sido cambiar los envases, aunque su eficacia ha quedado en entredicho, ya que algunas cajas siguen estando fabricadas con un recubrimiento plástico para proteger los alimentos que hace difícil su reciclado. McDonald’s ha prometido que para 2025 el 100% de sus envases provendrá de fuentes renovables, recicladas y certificadas y parece más que probable que la medida llegue a término, si se tiene en cuenta que ya van por el 85% de sus envases. Sin embargo, faltan muchas empresas por sumarse a este tipo de iniciativas. De hecho, fue uno de los puntos que trataron varios grupos de expertos antes de la última COP25, que pusieron de relieve la contradicción que se iba a vivir durante dicha cumbre al albergar en el pabellón las franquicias que operan normalmente en Ifema y que son de comida rápida y aún poco sostenibles.

Hamburguesas vegetarianas, una de las respuestas del fast food a la emergencia climática

Aunque todo apunta a que la mayor innovación que veremos pronto en las cadenas de comida rápida será en materia de envases para conservar los alimentos de manera sostenible, la medida más popular que ya han implantado varias cadenas ha sido la de crear alternativas vegetarianas y veganas en su oferta, y lo han hecho con muy buen resultado… a pesar de alguna crítica. El gigante del pollo frito (KFC) ha batido récords en Estados Unidos con su «pollo de origen vegetal» de la compañía Beyond Meat. Los dos gigantes de las hamburguesas tienen sus opciones vegetarianas, aunque no en todo el mundo –en algunos países aún están en fase de pruebas–. Aunque los más escépticos ponen en entredicho que estas opciones sean lo que prometen, las pruebas han concluido que en su composición no hay traza de carne alguna. La crítica se ha dirigido más a los métodos de cocinado y manipulación de alimentos, pues no se han separado correctamente de los productos cárnicos y, en ocasiones, se han cocinado en la misma plancha. En España, este hecho ha despertado la crítica voraz de los vegetarianos al denunciarse que esa mala praxis la llevaba a cabo Burger King, unas de las hamburgueserías pioneras en traer la opción fast food vegetariana a nuestro país hace apenas unos meses.

Además del impacto medioambiental, otra de las preguntas clave acerca de este tipo de alternativas verdes es si son más saludables. En ese aspecto hay más reticencias, pues la mayoría de las alternativas a la carne se elaboran con soja texturizada que, en muchos casos, no tiene el certificado de «soja ecológica», el comprobante para saber que esa soja no es transgénica ni es responsable de la deforestación de zonas como el Amazonas. También hay un enfrentamiento claro entre nutricionistas: hay quienes consideran que aún están por ver los efectos de un consumo alto de isoflavonas de la soja en humanos y que su regulación y divulgación es necesaria.

Sin embargo, como apuntan los estudios de la FAO, del IPCC y de numerosas publicaciones científicas, cualquier reducción en el consumo de carne es beneficioso para el planeta. Consumir productos cultivados de forma sostenible y hacerlo con responsabilidad es el siguiente paso para una dieta más sana, ecológica y respetuosa con el entorno.

Por María G. Aguado

Etiquetas: Contaminación Ética

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