Turismo sostenible, otro modo de viajar

El turismo genera riqueza el 10% del PIB mundial, pero también esquilma recursos naturales, empobrece a las poblaciones locales y contribuye a ensanchar las desigualdades sociales. Sin embargo, de un modo aún lento pero afianzado, el turismo sostenible se abre paso.

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El turismo es uno de los más solventes engranajes económicos del mundo. El pasado año generó 2,4 billones de dólares, lo que representa cerca de un 10% del PIB mundial, según un informe de la asociación empresarial World Travel & Tourism Council (WTTC). Es decir, genera un impacto económico mayor al de sectores como la industria química (8,6%), la agricultura (8,5%), la educación (8,4%), la automoción (7%) o la banca (5,9%). Según la Organización Mundial del Turismo, emplea a más de 250 millones de personas, alrededor del 8% de la población activa. Por ello, el concepto de turismo sostenible tiene una gran importancia y recorrido.

Aunque las advertencias sobre las consecuencias de un turismo depredador y desaforado surgieron a partir de los setenta, habría que esperar a la década de los noventa para que se acuñara el concepto de “turismo responsable” para designar aquellas propuestas turísticas apoyadas en principios de sostenibilidad.

  1. ¿Qué busca un turismo sostenible?
  2. El ecoturismo, una baza contra la pobreza
  3. ¿Es posible un turismo responsable low cost?
  4. ¿Existe un certificado de turismo sostenible?

¿Qué busca un turismo sostenible?

“Autenticidad, cercanía, experimentación, conocer de primera mano las costumbres y la cultura de aquellos lugares que se visitan; ser, en definitiva, un poco más viajero y menos turista, y serlo de un modo respetuoso y sostenible, a todos los niveles”, nos explica Carles Tudurí, presidente de la ONG Turismo Justo y director de la agencia Viajes Responsables.

“Por fortuna, cada vez son más los turistas que se informan en profundidad sobre el país que visitan, que tratan de adaptarse a las costumbres y los usos locales, que se despojan de prejuicios y estereotipos, que practican actividades sostenibles, que contribuyen a la redistribución de la riqueza tomándose un refresco en los bares de los sitios visitados, en vez de dar limosnas, y que, en definitiva, tratan de integrarse allí donde van”, continúa Tudurí, sintetizando las recomendaciones del Centro Español de Turismo Responsable (CETR). “Solo observando estas pautas puede enriquecernos la experiencia del viaje”.

El ecoturismo, una baza contra la pobreza

Los países en desarrollo han descubierto en el ecoturismo un instrumento eficaz para activar sus economías sin menoscabar sus paisajes ni arrasar sus recursos naturales. En 2013, la ONU reconoció al turismo ecológico como una herramienta fundamental para luchar contra la pobreza y proteger el medio ambiente. Destinos como Costa Rica (con sus áreas protegidas, como el archipiélago Solentiname), Barbados (con su parque Welchman Hall Gully), Uruguay (con sus playas paradisíacas de Cabo Polonio), Panamá (con sus islas de San Blas) o Chile (con su desierto más seco del mundo, sus selvas templadas en el norte, su hielo en el sur) son algunos ejemplos.

Pero el turismo responsable no solo incluye el turismo sostenible. Susana Conde, fundadora de Agrotravel Turismo Responsable, una de las agencias españolas precursoras en esta práctica, ofrece un ejemplo muy gráfico: “El senderismo pierde su sentido de responsable y respetuoso si dejamos residuos o si no contribuimos a la economía local. Y no olvidemos que un albergue pequeño puede ser más irresponsable e insostenible que un gran hotel. Va mucho más allá del medio ambiente. Agrotravel, de hecho, excluye de sus ofertas a aquellos países que no respetan los derechos humanos o que no son mínimamente democráticos”.

“El turismo sostenible y responsable excede el aspecto medioambiental, que también se observa, por supuesto. Pero es básico el elemento social, que engloba el impacto a todos los niveles sobre las comunidades locales, las condiciones laborales de los empleados, el respeto a otras culturas o la accesibilidad para personas con discapacidad”, apunta Tudurí, “pero es muy difícil encontrar un viaje cien por cien sostenible o responsable, porque toda actividad turística lleva implícita unos impactos, menores o mayores, negativos”.

¿Es posible un turismo responsable low cost?

El 52% de los viajeros de todo el mundo asegura que este año escogería un destino para sus vacaciones valorando factores como reducir el impacto medioambiental o que sus actividades redunden en el enriquecimiento de la comunidad local, según una encuesta reciente realizada por el agente turístico Booking. Asimismo, dos estudios conjuntos de las universidades de Extremadura y Jaén indican que los turistas valoran cada vez más los destinos gestionados de manera responsable y, según datos del UNEP, el 53% de los turistas pagaría un 5% más por mejores salarios en el sector, y el 45%, para apoyar el cuidado del entorno.

Pero lo cierto es que hay un trecho entre lo que uno desea y lo que finalmente acaba haciendo. En 2015, solo un 10% escogió finalmente viajes sostenibles, aunque recuerdan todos los expertos que las cifras oficiales a este respecto no existen. Tudurí, además, matiza: “Cada persona es un turista o un viajero distinto; hay quienes buscan el placer de tumbarse en una playa, mientras que otros desean trabajar en causas solidarias o simplemente conocer otras culturas, imbuirse en ellas, y eso supone costes muy distintos, dependiendo de las actividades que queramos realizar, al igual que el destino en sí; no es lo mismo viajar a Europa que hacerlo a Asia o África (…)”.

¿Existe un certificado de turismo sostenible?

Con una mayor concienciación ciudadana, el turismo responsable crece en volumen. Desde la década de los noventa se han ido proponiendo certificados o sellos de garantía que distinguiesen el turismo responsable, como el CSR Tourism, formulado por distintas entidades alemanas que trabajan en el ámbito del turismo sostenible.

Parece que, por el momento, lo que funciona realmente son los sellos de calidad locales, poco conocidos por el turista y no reconocidos más allá de los territorios donde operan, como la Certificación para la Sostenibilidad Turística, en Costa rica, el Green Deal, en Guatemala, el Smart Voyager, en Ecuador, o el Green Tourism, en Gran Bretaña. Tal vez sea cuestión de tiempo. Recordemos que la campaña de la Bandera Azul, que surgió en Dinamarca en 1987, hoy en día se ha convertido en un estandarte globalmente aceptado.

En cualquier caso, el turismo sostenible no es una mera opción personal, es el único camino posible para viajar de una manera justa, solidaria, respetuosa, sostenible, responsable, integral y accesible para todas las personas. El único modo posible para incluir la ética en nuestra maleta.

Etiquetas: Ética