Zero Waste: la carrera hacia un mundo sin residuos

Desde ciudades enteras hasta familias e individuos se han marcado el reto de no generar desechos en su vida cotidiana. Un movimiento que cada vez cobra más relevancia, y es clave en la lucha contra el cambio climático.

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Cuando el cambio climático apenas era una teoría defendida por unos pocos y la economía circular era un concepto completamente desconocido, una ciudad australiana de apenas medio millón de habitantes puso el primer pilar para un futuro sostenible: Camberra se marcó, en 1995 el objetivo de no generar ni un solo desecho en 2010, lo que hoy se empieza a conocer como Zero Waste.

Zero Waste: reducir residuos con una economía circular 

Aquellos fueron los primeros pasos de un movimiento que, a día de hoy, ha cobrado una fuerza inusitada y va en ascenso: zero waste, esto es, cero residuos, que es ya un modo de vida al que cada vez se apuntan más sectores de la sociedad, desde iniciativas ciudadanas individuales hasta ciudades enteras como San Francisco, pasando por redes internacionales, como Zero Waste Europe. «Somos una asociación que representa a los municipios que se han comprometido abiertamente con el objetivo de reducir continuamente la generación de residuos y mejorar la recogida selectiva, y replantear la relación de los ciudadanos con lo que consumen, y al manera en que lo hacen», dicen sus portavoces. 

Aunque este término empezó usándose principalmente para los residuos sólidos, o dicho llanamente, la basura que se genera día a día en las ciudades, también se ha extendido a la energía: zero waste es, en definitiva, la economía circular llevada hasta sus últimas consecuencias. Hoy por hoy es una utopía, pero al mismo tiempo, una meta que cada vez se toma más en serio. 

Para delimitar el concepto, la organización internacional sin ánimo de lucro Zero Waste International Alliance (ZWIA) ha establecido estándares globales en el camino hacia un escenario libre de residuos. «Es una manera de guiar a las personas a cambiar sus prácticas para eliminar desechos y diseñar todos los materiales para ser utilizados continuamente, eliminando finalmente el desperdicio y su toxicidad», explican desde la organización. La jerarquía de cero residuos de ZWIA tiene la forma de una pirámide invertida, y va de arriba abajo: reducir, reutilizar, reciclar, recuperar energía y desterrar los vertederos y las incineradoras, ya que los sistemas de conversión a alta temperatura como la incineración, la gasificación y la pirólisis no cuentan como recuperación de energía, mientras el compost y la digestión anaerobia sí encajan en el modelo ZWIA. 

Reducir residuos, una clave para el futuro del planeta

Aunque muchas ciudades como Berlín o Madrid están replanteando sus estrategias de tratamiento de residuos con el foco puesto en el movimiento zero waste, hay otras iniciativas ciudadanas que demuestran que no solo es posible acercarse mucho a sus dictados, sino que resulta sumamente eficaz: según los últimos datos de la ONU, el ser humano genera, a diario, una media de 1,3 kilos de residuos, lo que supone casi 10.000 millones de toneladas. Dos seguidoras de este movimiento, las ecologistas Kathryn Kellog y Lauren Singer, han demostrado a través de sus blogs que todos los desechos que han generado en el último año caben perfectamente en un bote de mermelada de 200 mililitros, esto es: 0,02 kilos. 

La verdadera pionera del movimiento es Bea Johnson, una mujer de 42 años que no ha generado ni un solo gramo de basura desde 2008. Hace cinco años publicó su experiencia en el libro Casa cero residuos: la última guía para reducir tu basura, que se resume en cinco acciones, en línea con los estándares marcados por la ZWIA: negar, reducir, reutilizar, reciclar y pudrir.

Existen otras propuestas más radicales, como la del activista Rob Greenfield, que realizó un viaje por todo Estados Unidos en una bicicleta de bambú, durante el que demostró que un periplo semejante no tiene por qué implicar la generación de residuos. Otra ecologista, Celia Ristow, explica en su libro Litterless la relación directa que existe entre asumir una conducta zero waste de forma individual, y reducir el cambio climático. 

En España comienzan a surgir iniciativas de similar calado. La profesora de inglés Esther Peñarrubia, a sus 36 años, ha decidido reducir al máximo su generación de desechos a través de un consumo responsable, y el diario La Vanguardia recogió su hazaña el año pasado. Como ella misma declaraba en la entrevista, sus medidas clave consisten en «comprar a granel, reparar su ropa y calzado para alargar su vida, no usar nunca bolsas de plástico y, por supuesto, reciclar».  

Son pequeños gestos que, multiplicados por los 10.000 millones de seres humanos que llegaremos a ser a finales de este siglo, pueden ser vitales para el futuro del planeta. 

Etiquetas: Contaminación