Beneficios del deporte ¿eres realmente consciente de todos?

El deporte está de moda en España. Desde hace unos años, ya no es percibido como ese escenario al que la mayoría asiste como espectador y solo unos pocos participan. También se aleja de la concepción exclusiva de competir. Hoy, el deporte implica un estilo de vida, una herramienta de socialización y una fuente de beneficios para la salud física y mental.

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Los beneficios del deporte son cada vez más obvios. Cuando la política noruega Gro Harlem Brundtland era directora general de la OMS, se refirió así a ellos:  “Tenemos un remedio inmediato, seguro y ajustado para algunos de los principales riesgos de la salud. Es gratis. Funciona para ricos y pobres, hombres y mujeres, jóvenes y mayores. Es la actividad física”. Aunque la sociedad es cada vez más consciente de estas ventajas, la mayor parte de ella no incopora el ejercicio y los hábitos saludables a su rutina.

Durante las últimas dos décadas se ha podido presenciar un proceso de “deportivización” de la población, que puede haber sido generado por el aumento de información sobre los beneficios del deporte en medios de comunicación, colegios, centros sanitarios... Sin embargo, entre los contrasentidos que comporta la sociedad moderna, el deporte no iba a ser una excepción. A la vez que se derribaban unas barreras, emergían otras: la falta de ejercicio físico –en parte debida a la disminución del uso de fuerza en el lugar de trabajo–, la propagación de las dietas altas en calorías, una mayor ingesta de sustancias tóxicas y el predominio de lo que se ha denominado “ocio pasivo” –vinculado sobre todo al uso de las nuevas tecnologías– están relacionados, nada menos, que con la primera causa de mortalidad en los países desarrollados.

Solo en España, las enfermedades cardio y cerebrovasculares provocan alrededor de 120.000 muertes al año (un 96% más que las ocasionadas por accidentes de tráfico), según datos ofrecidos por el INE. Un mayor consumo de altos niveles de azúcares refinados y grasas trans contenidas en la bollería industrial, los snacks o la comida “basura” es, sin duda, un elemento clave, pero no menos nocivo que la adquisición de hábitos sedentarios. La propia OMS declaró en 2013 que el sedentarismo es uno de los cuatro factores con mayor impacto sobre la salud. Estima que aproximadamente 3,2 millones de defunciones al año se deben a la inactividad física. Además, un 80% de los cánceres que se padecen en el primer mundo están directamente relacionados con el hecho de llevar una vida pasiva y comer mucho y mal. Estas cifras justifican el interés por formar e informar a la sociedad sobre los beneficios del deporte para intentar incentivarlo.

La consultoría European Heart Network (EHN) ha realizado un ranking de los países europeos con el mayor índice de sedentarismo, y España ostenta el cuarto puesto. Un 42% de la población mayor de 18 años confiesa “vivir sentado” toda la semana, frente al 6% de Suecia o al 7% de Finlandia. Un fenómeno que se ha convertido, en palabras de la nutricionista Virginia Gómez, en el tabaquismo de nuestra generación.

De hecho, el sendentarismo es la principal causa de obesidad, por encima de los excesos en la alimentación, según una investigación del Centro de Estudios Sociosanitarios de la Universidad de Castilla-La Mancha. El doctor Vicente Martínez Vizcaíno, quien dirigiera el estudio, comprobó que los niños más delgados son precisamente los que más comen: ingieren más hidratos de carbono y hasta 200 calorías más al día que los niños con sobrepeso. “La expresión de los genes relacionados con la obesidad se puede modificar a través de la actividad física. Además, la actividad física en los niños puede diferenciar células madre pluripotenciales a masa magra y así aumentar el metabolismo basal, es decir, el consumo de energía del organismo, de por vida”, explica. Tan solo a los 6 años ya hay una parte de sobrepeso o de bajo peso definida, que viene determinada por la conducta física llevada a cabo hasta esa edad. En clase o en la oficina, frente a los libros o frente a aparatos tecnológicos. En efecto, tanto niños como adultos pasan gran parte del día sentados.

Disfrutar de los beneficios del deporte, una cuestión de educación

Con todo, la actividad física ha ido poco a poco integrándose en las escuelas, abandonando la condición de “extraescolar” y generalizándose en los centros públicos –cuando hace algunas décadas se trataba de una oferta casi única de la educación privada–. La importancia de los beneficios del deporte como vértebra del proceso educativo no debe darse por descontada. Así lo sostienen maestros de Educación Física como Jordi Puig i Voltas, también doctor en Pedagogía. “El deporte escolar es un elemento importante en el desarrollo de competencias comunicativas, culturales y artísticas, en autonomía e iniciativa personal”, afirma. Margarita Alonso, directora de la Fundación IE Business School, tiene claro que “la competición en deportes de equipo desde la infancia enseña a compatibilizar agendas, a desarrollar y mantener amistades, a la resistencia ante el fracaso y al deseo de mejora continua. También se aprende a separar el juego de la amistad, ya que las cosas del campo se quedan en el campo”.

Entre los beneficios del deporte también se encuentran enormes ventajas psíquicas derivadas del bienestar físico, como la reducción del estrés o la mejora de la autoestima. Por tanto, las incertidumbres propias de la adolescencia durante la constitución de la personalidad obligan a que parte del esfuerzo educativo se dirija a promocionar la salud mental. Alonso pone el foco en la situación de las niñas, sobre las que recaen arraigados estereotipos acerca de lo que conocemos como “feminidad”. Los datos responden a esta construcción social: solo el 28,6% de los chicos en edad escolar realizan al menos 60 minutos de actividad física al día, tiempo que los expertos consideran recomendable en dicha franja de edad. Sin embargo, en el caso de las chicas el índice no llega ni al 14%. La distinción de deportes “para chicas” y “para chicos” también coarta la libre decisión de unas y de otros. “Cada vez que a una niña le decimos que no juegue al fútbol porque no es femenino, le estamos cerrando una puerta a que aprenda a hacer networking, a trabajar en equipo, a tener ambición o a delegar. Todas ellas características del liderazgo”, indica Alonso. “Luego, las mujeres están desesperadas por cumplir el canon de la doncellez, y los hombres están desesperados con el triatlón, la bici y el ironman. Para ellos es especialmente complejo, pues en nuestra cultura su productividad está muy ligada a la masculinidad”.

El sexismo en los deportes también se manifiesta en las brechas salariales, en la escasa financiación a clubes femeninos, en los prejuicios sobre las competencias de las mujeres y en su infrarrepresentación en las instituciones deportivas. Tanto es así que de los 106 Comités Olímpicos Nacionales solo cinco están presididos por mujeres. La cobertura que dan los medios de comunicación tampoco ayuda: de acuerdo con un estudio de Women's Sport and Fitness Foundation, solo el 5% de la cobertura deportiva es para deportes femeninos. Muchos son los datos llamativos: por ejemplo, no fue hasta 1996 cuando se fabricó el primer guante de béisbol para mujeres (que lanzó al mercado la empresa Spalding). Más cercano en el tiempo es el hecho de que el Royal and Ancient Golf Club de Escocia mantuviera su prohibición de jugar a las mujeres hasta el Open Championship de 2005. O que hasta 2007 Wimbledon ofreciera un premio de menor cuantía económica a las tenistas femeninas.

Lejos de las grandes esferas y del ámbito institucional, asistimos a una indudable revolución del deporte, que viene acompañada de una irrupción de nuevas actividades no excluyentes por motivos de edad, ni de género ni de condición social. El running es el ejemplo por excelencia. Y es que los runners ya forman parte del paisaje urbano en cualquier rincón del planeta. Un fenómeno ligado al surgimiento de nuevas modas, pero también al convencimiento de que existen multitud de beneficios del deporte. Frente al consumo de energía que supone una jornada laboral, nada mejor que terminar el día desgastando las zapatillas. Al ser una actividad que está al alcance de todos y que puede practicarse en cualquier espacio abierto, cada vez más gente se lanza al asfalto. Las bondades que aporta al organismo son incalculables. Hasta ahora se pensaba que la masa muscular se iba perdiendo a partir de una determinada edad. Pero la Universidad de Illinois desmontó la teoría; demostró que el ejercicio, y en concreto correr, acelera el proceso de regeneración de células para crear nuevo músculo. Además, fortalece los huesos, estimula el cerebro y reduce el estrés. Otra investigación, en este caso la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, reveló que aquellas personas que sufrían migrañas redujeron esos episodios cuando se sometieron a la rutina de salir a correr cuarenta minutos, tres días por semana, durante tres meses.

¿Contraindicaciones?

Para entender el éxito del running, impulsado también por los maratones organizados por empresas o centros municipales, basta con entender una aspiración tan antigua como sana: la superación personal. “En un mundo que cada vez cambia más deprisa, parece que todo y todos nos quedamos obsoletos enseguida. Estamos obsesionados por no envejecer; por eso el deporte se ha convertido en el elixir de la eterna juventud”, añade Margarita Alonso, de IE Business School.

Pero, ¿existen límites en la práctica de ejercicio físico? “No hay contraindicaciones, siempre existen precauciones antes de hacer cualquier actividad deportiva. Pero no es como un fármaco: nadie tiene alergia al ejercicio”, afirma Alejandro Lucía, catedrático de Fisiología de la Universidad Europea de Madrid. Asegura que no existe el deporte perfecto, sino el más adecuado para cada uno, y recuerda que el deporte también significa disfrutar. El entrenador personal Marcos Flórez, licenciado en INEF y promotor de la web estarenforma.com, advierte de que la actividad física de cualquier persona debería incluir tres vértices: cardiovascular, fuerza y flexibilidad. “El primero puede ser nadar, correr, montar en bicicleta, saltar a la comba, patinar... La fuerza consiste en trabajar los músculos contra una resistencia, que puede ser lo que pesa el cuerpo, una banda elástica, mancuernas… Sirve para mejorar el tono muscular y ayuda al aparato locomotor. Por último, la flexibilidad mejora la movilidad del eje que une músculo, tendón, articulación y hueso, ayuda a regenerarlo y contribuye a su longitud máxima”, explica.

Los expertos coinciden en que los límites a la hora de hacer deporte son difíciles de precisar, porque varían en función de cada persona. Eso sí, iniciarse en el ejercicio es tan importante para la salud como hacerlo sin prisas. En vista a los altos niveles de sedentarización de la población, ven más prioritario concienciar a la gente de que, para aprovecharse de los beneficios del deporte, al menos, debe salir a caminar una hora diaria. En el caso de las personas mayores, empezar a correr después de los 60 no es recomendable, pero sí continuar corriendo. Así lo corroboró una investigación realizada por la Universidad de Colorado: las personas de más de 60 años que han corrido habitualmente durante décadas tienen una eficiencia energética como la de los veinteañeros, una mayor agilidad y, en consecuencia, una mejor calidad de vida. Las ventajas no acaban aquí. El entrenamiento mejora la salud cerebral, según la American Heart Association, que establece que la práctica de ejercicio durante la edad adulta puede retrasar la pérdida de volumen cerebral en la vejez. A esta conclusión se llegó tras analizar a cerca de 1.300 participantes: a los 41 años se les pasó un test de forma física y, al cumplir los 60, se les hizo una resonancia magnética del cerebro y un test cognitivo. ¿El resultado? Aquellas personas con una peor forma física sufrían una mayor subida de la presión sanguínea y de la frecuencia cardíaca cuando se ponían a hacer deporte, y tenían menos tejido cerebral.

Si aún nos quedaban dudas sobre los beneficios del deporte, la Fundación Marcet pone la guinda al pastel. Esta escuela de fútbol presente en 25 países asegura que gracias a la actividad física, además de liberar tensiones, se generan endorfinas, que son las proteínas transmisoras del placer: las generadoras naturales de la felicidad, por lo que las personas deportistas son más optimistas ante la vida. El deporte nos abre sus puertas.

¿Aún crees que existen motivos para no disfrutar de los beneficios del deporte?

Etiquetas: Salud

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