Campamentos de verano inclusivos: hacia una sociedad más tolerante

Los colegios y campamentos que se preocupan por la integración son esenciales para crear una sociedad más respetuosa y solidaria. Poner en valor nuestras diferentes características físicas y sociales es el camino hacia un mundo más igualitario.

Los campamentos de verano inclusivos, así como todos aquellos centros y organismos que educan en un ambiente de tolerancia y respeto, son esenciales para crear una sociedad más igualitaria. Su reto es lograrlo de una forma eficaz y sin grandes recursos.

La inclusión es un proceso, una búsqueda continua y constante para encontrar diferentes (y mejores) herramientas que nos ayuden a responder a la diversidad social existente, sobre todo, cuando hablamos de niños y niñas. En las aulas, esta diversidad puede presentarse en infinidad de formas: podemos encontrarnos a un alumno cuyo idioma materno no es el castellano, otro que posea una discapacidad, otro que tenga problemas de aprendizaje... La educación inclusiva se puede entender como aprender a vivir con la diferencia, a entenderla y asimilarla como algo natural. Esa variedad de perfiles en el aula, bien ejecutada, podría favorecer el aprendizaje tanto de niños como de los adultos que les rodean. 

La educación inclusiva llegó a España en 1985 y, aunque comparándola con esa fecha el avance es evidente y podría parecer que todo está ya conseguido, aún queda mucho trabajo por hacer. Los centros inclusivos aún son escasos debido a la falta de presupuesto y de inversión. Las asociaciones de padres y madres denuncian que, si la situación de los colegios es complicada, aún más lo es la de los campamentos de verano inclusivos, un recurso que ayuda de forma importante al desarrollo correcto de los más pequeños. El debate ya no está en el sí o no a la integración, sino en cómo llevarla a cabo de manera eficaz y que favorezca a todos. 

Campamentos de verano inclusivos

Los padres y profesores destacan que la integración no puede desaparecer de golpe con el cierre estival de los centros educativos. Tanto en los colegios como en los campamentos de verano inclusivos, niños y niñas diversos conviven, aprenden los unos de los otros, juegan y se socializan en un ambiente de tolerancia y respeto. Este tipo de entornos favorece el desarrollo social e individual de los más jóvenes. Aquellos que no tienen discapacidad son capaces de romper con los estereotipos y con las barreras que, a veces sin quererlo, nos separan. Como asegura Miguel Ángel Verdugo, catedrático de Psicología de la Discapacidad de la Universidad de Salamanca, «la educación inclusiva genera resultados superiores en rendimiento académico, interacción social y habilidades en todos los alumnos». Compartir el día a día con personas que presentan algún tipo de dificultad provoca que la mayoría de los jóvenes se vuelvan más solidarios y comprendan mejor que lo diferente es normal, consiguiendo que la integración entre unos y otros se convierta en una realidad mucho más fácil de alcanzar.

Para que la inclusión salga de las aulas y no desaparezca en verano, varias asociaciones organizan todos los años campamentos en los que los pequeños con discapacidades o sin ellas comparten sus días y juegos. Los campamentos Aspaym son una buena forma para que los jóvenes aprendan a relacionarse entre ellos y con la naturaleza en el Bosque de los Sueños, entre Ponferrada y León. La Fundación Once también organiza campamentos inclusivos dirigidos a estudiantes con discapacidad visual grave y abiertos a la participación de familiares y amigos. Además, la organización Plena Inclusión propone varios programas vacacionales y campamentos urbanos en Madrid donde niños con discapacidades y sin ellas aprenderán juntos. Por su parte, Fundaland dispone de campamentos inclusivos de verano y Navidad, en inglés y con contenidos adaptados por edades. Como ellos, muchas otras asociaciones, instituciones y entidades locales, regionales y nacionales organizan diferentes actividades a lo largo de todo el año para que ningún niño se quede sin campamento de verano por ser o aprender de manera diferente. 

Por Raquel Nogueira

Etiquetas: Discapacidad Ética