Desconexión digital o cómo garantizar el tiempo de descanso

El impacto del COVID-19 ha cambiado la realidad de nuestro día a día. Una de sus consecuencias ha sido la implementación del teletrabajo siempre que fuera posible. Reuniones, proyectos, correos electrónicos y videollamadas, nuestro hogar ha pasado a ser una segunda oficina. ¿Pero cómo preservar nuestra desconexión digital en este contexto?

¿Qué es exactamente la desconexión digital del trabajo?

La desconexión digital se trata de un término que, si bien hace años ya generaba un debate sobre las relaciones laborales, ahora se encuentra a la orden del día"El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura. Por favor, inténtelo de nuevo más tarde". ¿Cuánto tiempo hace que no escuchas estos mensajes? O, peor aún, ¿cuánto hace que tu smartphone no dice estas palabras? Desde que apagamos el despertador por la mañana hasta el último vistazo a las redes sociales antes de dormir, nuestros dispositivos están permanentemente operativos y dispuestos a recibir llamadas y mensajes.

De hecho, según un estudio reciente de la agencia We are Social los españoles pasamos una media de cinco horas y 41 minutos al día conectados. La misma encuesta refleja que casi 43 millones de personas se conectan diariamente a Internet. Por otra parte, una investigación del portal Rastreator indica que 7,6 millones de personas se consideran ‘adictos’ a ello. Podemos estar constantemente online, consultar nuestras redes y permanecer en contacto con nuestros seres queridos, nuestros jefes o nuestros clientes

Un artículo de RRHH Digital muestra una comparativa de la situación en diferentes años. Mientras que en el año 2018, el 51% de la población activa española afirmaba que respondía correos electrónicos fuera de horario laboral, durante el periodo pre-covid la cifra aumentó al 62,5%. Ahora, en nuestra nueva normalidad, es el 67% de la población activa quien declara estar pendiente de su correo electrónico en su tiempo de descanso.

¿Pero cuál es el precio de permanecer conectados y disponibles a cualquier hora del día?

La Fundación Personas y Empresas explica las consecuencias que esto puede tener. Desde ansiedad, escasa energía, cansancio excesivo, dificultad para conciliar el sueño hasta sentirse más solos o aislados. La necesidad de estar disponible cada momento, no saber descansar ni poder diferenciar el hogar de la oficina puede generar todo este malestar si no se gestiona adecuadamente. Un aspecto interesante y que es el causante de gran parte de este malestar es, tal como argumenta la Fundación, el síndrome FOMO, es decir, Fear of Missing Out. Se trata de un temor a olvidar algo importante o a perderse algo si no se está continuamente conectado.

Además de estas consecuencias físicas y emocionales, como indica la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo (Eurofound), aquellos trabajadores que realizan su jornada laboral desde casa con poca o nula desconexión digital son dos veces más propensos a trabajar superando el límite máximo de horas semanales (48). Por lo tanto, pueden  descansar menos de las 11 horas requeridas entre días laborables.

desconexión digital del trabajo

¿Cómo podemos conseguir esta desconexión digital?

Para poder garantizar un tiempo de descanso o al menos mejorar la calidad de nuestra jornada laboral desde casa, se pueden seguir algunos de los consejos que propone la Fundación Personas y Empresas. Uno de ellos es gestionar el tiempo con pausas ya pautadas. Tener unos descansos previstos a lo largo de la jornada laboral para evitar estar continuamente conectados.

También puede ser beneficioso saber descansar en espacios diferentes y no encadenar tiempos de trabajo profesional con tiempos de logística del hogar, ya que esto generará un mayor estrés familiar. Por otro lado, algo tan simple y complicado a la vez, como puede ser tener claro y diferenciado el saber enganchar, es decir, empezar a trabajar, saber tener descansos (pausas temporales) y saber desconectar y terminar de trabajar sin volver a conectarse.

Estos consejos no los deben seguir únicamente los trabajadores, sino también se deben propiciar desde la empresa. El blog de recursos humanos Wofflu destaca que se debe fomentar la desconexión con acciones como crear un decálogo de buenas prácticas, sensibilizar sobre la importancia para la salud física y mental de la desconexión o no programar reuniones fuera de las horas límites o que se solapen con el tiempo personal de los trabajadores. Además, es preferible que sean con una duración bien definida.

Por último, como indica Forbes, es necesario recordar que el trabajo no lo es todo y  que no hay que realizar más tareas de las necesarias o alargar horas y horas la jornada laboral para tratar de  “demostrar” que se está siendo productivo, puesto que puede generar un gran estrés y acabar con un burnout.

Cuando estos consejos no son suficientes hay que recordar la existencia del derecho a la desconexión digital del trabajo reconocido por la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales.

Como hemos explicado a lo largo del artículo, la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo (Eurofund) ya alertaba que el aumento del teletrabajo y la poca desconexión digital habían puesto de manifiesto los frágiles límites entre la vida laboral y la vida personal. Por este motivo, es fundamental que los gobiernos y las empresas introduzcan iniciativas relativas al derecho a la desconexión y evitar así el agotamiento físico y emocional de muchos trabajadores.

¿En qué consiste la Ley de la desconexión digital?

La Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales reconoce la desconexión digital del trabajo como una condición indispensable en las relaciones laborales por primera vez en nuestro país.

En su artículo 88, esta nueva normativa afirma que los trabajadores y empleados públicos tienen derecho a que se respete su tiempo de «descanso, permisos y vacaciones». Además, se pide a las empresas que elaboren políticas internas dirigidas a los trabajadores -incluidos los que ocupan puestos de alta dirección- para definir cómo ejercerán su derecho a la desconexión. En definitiva, se trata de una medida para poder preservar el tiempo de descanso y de ocio de los empleados.

En Francia pueden denominarse pioneros en la desconexión digital del trabajo, ya que en la reforma laboral de 2017, ya se introdujo esta medida con la que los empleados pueden negarse a abrir un correo electrónico, o un mensaje de trabajo más allá de su jornada laboral. Esta desconexión digital pretende que el empleado no se sienta culpable por no abrir un correo electrónico de su jefe fuera de su horario laboral.

Cabe destacar que, para que esta medida funcione correctamente, debe haber una voluntad por parte tanto del trabajador como de la empresa para que se lleve a cabo. Son necesarias una serie de políticas internas en la empresa que respeten esta ley. Sin embargo, algunos sectores empresariales, apoyados por expertos economistas de la rama conservadora, han criticado una excesiva intrusión en las normas de funcionamiento de las compañías, pretendiendo aplicar reglas generales en situaciones que difieren mucho unas de otras. Existen otras corrientes que han criticado la nueva norma justo por todo lo contrario: no hay multas ni medios coercitivos para las compañías que la incumplan.

La gestión de las tecnologías es clave en la desconexión digital del trabajo

Bruno Mettling, director de recursos humanos de Orange, en un informe para el Gobierno antes de que entrara en vigencia la nueva ley, indicaba que “Con esta acumulación de correos electrónicos, y estos empleados que regresan agotados del fin de semana porque no se han desconectado, no es la mejor manera de ser eficaces en las empresas”. Las nuevas tecnologías y el teletrabajo han acabado de borrar cualquier límite entre la vida laboral y la personal.

Por este motivo, carecer del derecho a la desconexión digital del trabajo cuando acabamos nuestro horario, puede ser incluso negativo para la productividad dentro de la jornada laboral. Sin duda, un efecto adverso que muchos empresarios no tienen en cuenta a la hora de enviar correos electrónicos  a sus empleados en horarios no adecuados.

 

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