Cinco proyectos para resetear nuestra manera de consumir

Según el barómetro Edelman, dos de cada tres consumidores de todo el mundo comprarán o boicotearán una marca únicamente por su posicionamiento ante un determinado problema social o político. Cada vez más proyectos apuestan por un modelo más sostenible que cambie nuestra manera de consumir… o de vivir: supermercados colaborativos, ropa de segunda mano o buscadores que plantan árboles con cada consulta son algunos de ellos.

manera de consumir

El mundo está cambiando a pasos agigantados, y no solo como resultado de la aparición del coronavirus. Los milenials y, especialmente, la generación Z son cada vez más capaces de transformarse y adaptarse a las nuevas circunstancias. Pero, sobre todo, son conscientes de que cada decisión que toman tiene un impacto en el planeta y en la sociedad. Por eso, en los últimos, años la manera de consumir ha cambiado drásticamente y los jóvenes han tomado las riendas de una transformación que parece haber llegado para quedarse: el efecto Greta es ya una realidad. El consumo responsable está cada vez más presente y los proyectos que apuestan por atraer a esos consumidores responsables que buscan la sostenibilidad del planeta aparecen en todos los rincones de la Tierra. Aunque hay cientos de ejemplos ahí fuera, estos son solo cinco de ellos.

Productos de cercanía para reducir nuestra huella ecológica

Proximidad, libertad de elección, comodidad, ahorro y precios justos. Los supermercados colaborativos o cooperativos se presentan como la alternativa más sostenible y socialmente responsable a las grandes cadenas de supermercados. La Osa coop, que abrirá sus puertas en Madrid a lo largo de este año, nace debido «al desencanto con los modelos de consumo convencionales» y como un espacio de consumo ético y responsable, sin ánimo de lucro. Al más puro estilo de la neoyorquina Food Coop –cooperativa que lleva funcionando desde los 70–, y con sus 800m2, La Osa quiere revolucionar las cooperativas de alimentos en España.

Los clics también contaminan

Y generan residuos digitales. Almacenar todos los datos que recorren las invisibles autopistas de internet también tiene un coste pare el medio ambiente. Para contrarrestar la huella ecológica que tiene un mundo cada vez más conectado y digitalizado existen herramientas como Ecosia, un buscador que utiliza los ingresos generados por la publicidad que aparece en cada búsqueda para reforestar el planeta. «Los árboles son sinónimo de un medioambiente feliz, personas sanas y una economía estable», explican desde la compañía alemana, que apuesta por compensar las emisiones de CO2 de nuestro historial. Tras plantar 60 millones de árboles, el próximo paso será construir una planta de energía solar para el autoconsumo y, lo más importante, para alimentar las búsquedas en la plataforma.

Local y ecológico: una apuesta segura por el mundo rural

«La historia de Asturcilla es una historia colectiva», aseguran los miembros de la cooperativa asturiana Kikiricoop, que nace con la intención de promover el comercio local e impulsar la producción de avellana, un cultivo cada vez más abandonado en la región a pesar de su valor ambiental. Su producto estrella, esa Asturcilla, es una crema de cacao puro ecológica que no tiene nada que envidiar a las grandes marcas. Sus valores son claros: economía feminista y solidaria, sostenibilidad social y medioambiental, productos sanos (para «cuidar a nuestra tierra y a las personas»), producción 100% local y trabajo cooperativo. Además, esta marca apuesta por reactivar el mundo rural y apoyar a los pequeños productores que deciden quedarse.

Desperdicio de comida: nuestra manera de consumir puede reducirlo 

En España se tiran a la basura más de 7,7 millones de toneladas de comida. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ese número ascendería a los 1.300 millones de toneladas en todo el mundo. Pero ese despilfarro no solo implica el derroche de alimentos en sí, si no el de toda la energía utilizada en su producción y distribución, y las emisiones de gases de efecto invernadero que todo este proceso produce. Para evitar que productos aún aprovechables acaben en los vertederos, nacen aplicaciones como Too Good To Go o Komefy. La primera le declara la guerra al desperdicio con packs sorpresa en los que un establecimiento incluye aquellos alimentos que al final del día tendrían que tirar, y el ciudadano los adquiere desde su móvil sin conocer cuáles son exactamente. La segunda sí permite al usuario elegir el producto que quiere comprar. Pese a esta pequeña diferencia, ambas son dos buenas opciones para consumir de manera consciente, económica y con un impacto positivo.

Viva la segunda mano

Lo vintage y cada vez son más las personas que apuestan por darle una segunda vida a la ropa y alejarse de la fast fashion. Este tipo de tiendas, repletas de conjuntos y accesorios conservados desde los ochenta y los noventa, cada vez son más comunes en las ciudades de todo el país. Pero para aquellos que prefieren comprar desde casa, también hay opciones en forma de aplicación: la berlinesa Vinted, por ejemplo, apuesta por la economía circular a través de la compra-venta y el trueque de ropa, calzado, accesorios e, incluso, cosmética en doce países diferentes.

Por ETHIC

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