Consumir menos carne, la receta para una alimentación sostenible

Cambiar nuestros hábitos alimentarios es vital para el cuidado del medioambiente. El modelo actual de alimentación humana es responsable de entre el 20% y el 33% de las emisiones de efecto invernadero y del 70% del consumo de agua.

alimentación sostenible

La población mundial, en continuo crecimiento, representa una de las principales amenazas para la salud del planeta.  En el informe Climate Change and Land, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU advierte que es imposible mantener unos niveles de temperatura seguros si no se lleva a cabo una transformación del actual modelo de producción hacia una alimentación sostenible.

Se estima que entre el 20% y el 33% de las emisiones de gases de efecto invernadero que produce el ser humano están relacionadas con los sistemas alimentarios. El desperdicio de alimentos por sí solo genera el 8% de estas emisiones. Únicamente el sector energético muestra cifras de emisiones superiores . Además, se prevé que incrementen en los próximos años, a medida que aumente la población mundial. Asimismo, el actual modelo agrario perjudica a la capacidad de suelos y plantas para captar dióxido de carbono (CO2), principal gas causante de la crisis climática.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, los impactos negativos de la dieta humana van mucho más allá de su contribución al calentamiento global:

  • La producción de alimentos implica el uso del 48% de los recursos de la tierra y el 70% de los recursos de agua a nivel mundial.
  • El incremento del 800% en la utilización de fertilizantes nitrogenados en el sector agrícola, en los últimos 40 años del siglo XX, es una amenaza para la biodiversidad, la calidad del aire, la contaminación de suelos y aguas y la propia producción de alimentos.
  • La ganadería industrial está detrás de la deforestación y la destrucción de ecosistemas como la Amazonia.
  • El cambio en los patrones de alimentación en los últimos años ha llevado a que en el mundo vivan 2.830 millones de personas con sobrepeso u obesidad, mientras 821 millones de personas sufren desnutrición.

La receta para una alimentación más sostenible

Para la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) las dietas saludables sostenibles son: “Patrones alimentarios que promueven todas las dimensiones de la salud y el bienestar de las personas; tienen una baja presión e impacto ambiental; son accesibles, asequibles, seguros y equitativos; y son culturalmente aceptables”.

Llevado a la mesa, implica un drástico recorte del consumo de carne y una mayor ingesta de productos de origen vegetal. El motivo: porque las frutas, verduras y legumbres tienen un comportamiento ambiental mucho más eficiente que la producción de carne, ya que suponen un uso menos intensivo de tierras, energía y emisiones de gases de efecto invernadero. Además, la mitad de la población mundial ya consume un 50% más de proteínas animales de las necesarias.

A grandes rasgos, la receta para una alimentación sostenible y saludable es una dieta variada y equilibrada, con alto contenido en frutas, verduras, legumbres, con poca proteína de origen animal y alimentos de proximidad. Por otro lado, se recomienda consumir preferentemente carne de animales criados en ganadería extensiva (en la que los animales pastan) y alimentos de proximidad y/o ecológicos.

Los tres alimentos que más contribuyen a la crisis climática

  • Ternera. De todas las carnes, es considerada la que más superficie de tierra necesita (con la deforestación que ello conlleva), la responsable de un mayor número de emisiones de gases de efecto invernadero y la que tiene un mayor impacto negativo sobre el clima. 
  • Mantequilla. Todos los alimentos relacionados con la producción animal tienen una elevada huella de carbono. Dejando a un lado la carne, de entre todos ellos se considera que la mantequilla es la que más contribuye al calentamiento global. 
  • Aguacate. La expansión de su cultivo ha supuesto la pérdida de miles de hectáreas de bosque. Por otro lado, sus altos requerimientos hídricos están causando graves problemas sociales en países como Chile. 

Los tres alimentos que menos contribuyen a la crisis climática

  • Manzana. Es una de las frutas que supone menos emisiones de efecto invernadero. Eso sí, debe ser de temporada y de proximidad. Y no hay que olvidar el papel de los árboles frutales como sumideros de CO2. 
  • Legumbres. Se encuentran entre los alimentos considerados menos perjudiciales para el medio ambiente , según varios estudios científicos. 
  • Bivalvos de granja (mejillones y ostras). Por su capacidad para filtrar el agua, mejorar el hábitat y eliminar las emisiones de carbono del medio ambiente, este tipo de moluscos son considerados un aliado clave en la lucha contra la crisis climática global.
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De la granja a la mesa, una estrategia para una alimentación sostenible

En plena pandemia por la Covid-19, la Comisión Europea presentó su estrategia ‘De la granja a la mesa’. Se trata de un plan para recuperar el equilibro entre la preservación de la naturaleza, la producción de alimentos sanos y la biodiversidad, a la vez que se impulsa la economía europea. Es decir, un plan hacia una alimentación más sostenible.

“La crisis del coronavirus ha revelado nuestra vulnerabilidad y la importancia de restablecer el equilibrio entre la actividad humana y la naturaleza. La Estrategia sobre Biodiversidad y la Estrategia ‘De la Granja a la Mesa’, elementos centrales del Pacto Verde, apuntan hacia un equilibrio nuevo y mejorado entre la naturaleza, los sistemas alimentarios y la biodiversidad para proteger la salud y el bienestar de nuestros ciudadanos y, al mismo tiempo, incrementar la competitividad y la resiliencia de la UE. Estas estrategias son una parte fundamental de la gran transición que estamos emprendiendo”. Frans Timmermans, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea

Con la estrategia “De la granja a la mesa”, las autoridades europeas buscan facilitar la transición hacia una alimentación sostenible que proteja la seguridad alimentaria y garantice el acceso a dietas sanas procedentes de un planeta sano. La meta final es reducir la huella ambiental y climática del sistema alimentario de la Unión Europea y reforzar su resiliencia, protegiendo la salud de los ciudadanos y garantizando los medios de subsistencia de los agentes económicos.

 Objetivos de la Comisión Europea para una alimentación sostenible:

  • Reducir un 50% el uso y el riesgo de plaguicidas químicos, y reducir un 50% el uso de los plaguicidas más peligrosos.
  • Reducir las pérdidas de nutrientes al menos un 50% sin deteriorar la fertilidad del suelo; esto reducirá el uso de fertilizantes al menos un 20%.
  • Reducir un 50% las ventas de antimicrobianos para animales de granja y de acuicultura.
  • Conseguir que, al menos, un 25% de las tierras agrícolas de la Unión Europea se dediquen a la agricultura ecológica y que se incremente significativamente la acuicultura ecológica.

En general, la sociedad es cada vez más consciente de la importancia de una alimentación sostenible, tanto para su salud como para la salud del planeta. Esta mayor sensibilidad lleva a las personas a querer sentirse más cerca de su comida, a preferir alimentos frescos, menos procesados y provistos de forma sostenible, con cadenas de suministro más cortas.

 

Lorena Farràs

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