Disruptores endocrinos: una amenaza para la salud, incluso en dosis bajas

Se conocen más de 1.500 agentes químicos con capacidad para interferir en nuestro sistema endocrino. Se trata de agentes presentes en una gran cantidad de envases y productos de consumo a cuya exposición es difícil escapar y que, sin embargo, se asocian con efectos adversos sobre la salud.

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¿Qué son los disruptores endocrinos?

Los disruptores endocrinos son un grupo de químicos presentes en gran variedad de productos de uso diario, materiales electrónicos y agricultura. Dada su naturaleza y estructuras químicas, se trata de compuestos con capacidad para interferir en la regulación hormonal y afectar tanto al sistema endocrino como a otros órganos del cuerpo, dando lugar a numerosos efectos en salud. Se trata de unos compuestos extensamente producidos: aproximadamente más de 300 millones de toneladas cada año en la UE (Eurostat 2020).

¿Qué compuestos son y dónde se encuentran los disruptores endocrinos?

Se han detectado más de 1.500 agentes químicos con capacidad disruptora, de los cuales podemos destacar los siguientes grupos de contaminantes por estar presentes en productos de uso y consumo diario: bisfenoles, ftalatos, parabenos, triclosán, compuestos perfluorados (PFAS) y retardantes de llama bromados.

Por ejemplo, los podemos encontrar en envases plásticos de alimentos (Bisfenol A, ftalatos), en productos de limpieza (ftalatos, triclosán), productos cosméticos e higiene personal (parabenos, ftalatos, triclosán), tiques de compra (Bisfenol A), recubrimientos antiadherentes de sartenes (PFOS, PFOA), materiales electrónicos y recubrimientos textiles (retardantes de llama bromados).

¿Estamos expuestos a los disruptores endocrinos?

Dada su extensa producción y uso, la población se encuentra continuamente expuesta, aunque generalmente a dosis bajas. Estudios de biomonitorización han detectado algunos de estos compuestos en más del 95% de las muestras biológicas (orina, sangre, pelo, etc.) de los participantes (Silva et al., 2004; Tamayo-Uria et al., 2019; Vandenberg et al., 2010).

La exposición a estos compuestos se puede dar por diferentes vías: a través de la dieta, por contacto directo con la piel o al respirar. Incluso muchos de ellos pueden cruzar la barrera placentaria y consecuentemente exponer al feto.

Afectan los disruptores endocrinos a la salud?

El papel de los disruptores endocrinos en el desarrollo de enfermedades no es despreciable. Un gran número de ellos han sido asociados a efectos de salud adversos tales como defectos de nacimiento, cáncer, obesidad, infertilidad, enfermedades metabólicas, neurológicas y respiratorias.

Un estudio reciente estimó el coste sanitario de estos compuestos en la Unión Europea (UE) en 157.000 millones de euros anuales, equivalente al 1,23% del PIB de la UE (Trasande et al., 2015). Son ejemplos el Bisfenol A y los compuestos perfluorados (PFAS).

La exposición a Bisfenol A presente en envases plásticos de comida o bebida, latas o tiques de compra, se ha asociado a alteraciones metabólicas, reproductivas, de neurodesarrollo, e inmunitarias. De forma relevante, estos efectos se han detectado también bajo dosis actualmente permitidas.

Los compuestos perfluorados, usados en sartenes y otros utensilios de cocina por sus capacidades antiadherentes, se han asociado a alteraciones en los niveles de hormonas tiroideas, alteraciones del neurodesarollo como trastornos de hiperactividad, y cáncer de riñón y testículo (Demeneix & Slama, 2019).

Existen poblaciones más vulnerables

La exposición prenatal o durante los primeros años de vida a este tipo de sustancias es de especial relevancia, ya que se trata de un periodo especialmente vulnerable a exposiciones ambientales adversas. Exposiciones durante este periodo crítico pueden llegar a tener consecuencias a largo plazo, ya que no se dispone de ciertos mecanismos de detoxificación suficientemente maduros y el cuerpo se encuentra en un momento de pleno desarrollo especialmente susceptible (Barker et al., 1989; Miller & Marty, 2010).

Numerosos estudios apuntan que algunas enfermedades crónicas durante la infancia y la edad adulta pueden tener, en parte, su origen en exposiciones durante esta etapa. Se ha relacionado la exposición prenatal a disruptores endocrinos con alteraciones metabólicas, reproductivas, tiroideas e inmunitarias, así como con obesidad, cáncer, o pérdida de coeficiente intelectual, entre otras (Demeneix & Slama, 2019).

No existen exposiciones seguras a los disruptores endocrinos

Los disruptores endocrinos se caracterizan generalmente por no seguir el patrón habitual de dosis-respuesta, sino que tienen patrones “no monotónicos”. En otras palabras, una mayor dosis de estas sustancias no siempre provoca un mayor efecto en el cuerpo. Estos compuestos pueden tener efectos adversos en la salud en concentraciones muy bajas que, en dosis mayores, por mecanismos que todavía no se conocen plenamente, desaparecen (Vandenberg et al., 2012).

Asimismo, los disruptores endocrinos pueden presentar el llamado “efecto cóctel”. Es decir, que dada su gran presencia en los productos de uso diario, las personas no estamos expuestas a un solo compuesto, sino a gran variedad de ellos a la vez. Como consecuencia, estos pueden interaccionar entre sí, modificando, multiplicando o inhibiendo el efecto que tendría un compuesto en solitario.

Dadas estas propiedades, establecer un umbral de exposición considerado seguro parece tarea imposible, lo que ha llevado a que todavía no exista un consenso general sobre su regulación.

¿Cómo podemos reducir la exposición a los disruptores endocrinos?

Es importante recordar que una buena salud no depende únicamente de la exposición a disruptores endocrinos. Es importante mantener un estilo de vida activo y saludable así como evitar hábitos nocivos.

Aun así, hay pequeños cambios que como consumidores podemos aplicar en nuestro día a día como por ejemplo: priorizar el uso de envases de vidrio, acero inoxidable o cerámica para guardar y calentar los alimentos y bebidas; evitando los productos cosméticos que contengan alguno de estos compuestos; priorizar el consumo de alimentos ecológicos y de proximidad no envasados en plásticos o enlatados. También se recomienda mantener la casa bien ventilada y limpiar el polvo frecuentemente con una tela humedecida, ya que muchos de estos compuestos se pueden acumular en el interior de la vivienda.

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Artículo de Alicia Abellán, del Instituto de Salud Global de Barcelona 

Alicia Abellán es investigadora predoctoral en ISGlobal.

El Instituto de Salud Global de Barcelona nace de forma oficial en el año 2010 bajo el impulso de la Fundación “la Caixa” e instituciones académicas y gubernamentales que buscan dotar a Barcelona de un centro de referencia de investigación y traslación que dé respuesta a los retos de la salud global del siglo XXI. Sin embargo,  ISGlobal acumula más de 30 años de experiencia en el campo de la salud y consolida un nodo de excelencia basado en la investigación que tiene su origen en los ámbitos hospitalario y académico.

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Referencias bibliográficas

Barker, D.J., Winter, P.D., Osmond, C., Margetts, B., & Simmonds, S.J. (1989). Weight in infancy and death from ischaemic heart disease. The Lancet, 334(8663), 577–580.

http://archive.wphna.org/wp-content/uploads/2013/12/1989-09-09_Lancet__Barker._Margetts_et_al.pdf

Demeneix, B., & Slama, R. (2019). Endocrine disruptors: from scientific evidence to human health protection. European Parliament Reports, 128 p. | QA-01-19-272-EN-N.

https://doi.org/10.2861/802173

Eurostat. (2020). Chemicals production and consumption statistics.

https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Chemicals_production_and_consumption_statistics.

Miller, M.D., & Marty, M.A. (2010). Impact of environmental chemicals on lung development. Environmental Health Perspectives, 118(8), 1155–1164.

https://doi.org/10.1289/ehp.0901856

Silva, M.J., Barr, D.B., Reidy, J.A., Malek, N.A., Hodge, C.C., Caudill, S.P., … & Calafat, A.M. (2004). Urinary levels of seven phthalate metabolites in the U.S. population from the National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES) 1999-2000. Environmental Health Perspectives 112(3), 331–338.

https://doi.org/10.1289/ehp.6723

Tamayo-Uria, I., Maitre, L., Thomsen, C., Nieuwenhuijsen, M.J., Chatzi, L., Siroux, V., ... & de Castro, M. (2019). The early-life exposome: description and patterns in six European countries. Environment International, 123, 189–200.

https://doi.org/10.1016/j.envint.2018.11.067

Trasande, L., Zoeller, R.T., Hass, U., Kortenkamp, A., Grandjean, P., Myers, J.P., ... & Skakkebaek, N.E. (2015). Estimating burden and disease costs of exposure to endocrine-disrupting chemicals in the European Union. The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 100(4), 1245–1255.

https://doi.org/10.1210/jc.2014-4324

Vandenberg, L.N., Chahoud, I., Heindel, J.J., Padmanabhan, V., Paumgartten, F.J., & Schoenfelder, G. (2010). Urinary, circulating, and tissue biomonitoring studies indicate widespread exposure to bisphenol A. Environmental Health Perspectives, 118(8), 1055–1070.

https://doi.org/10.1289/ehp.0901716

Vandenberg, L.N., Colborn, T., Hayes, T.B., Heindel, J.J., Jacobs Jr, D.R., Lee, D.H., ... & Zoeller, R.T. (2012). Hormones and endocrine-disrupting chemicals: low-dose effects and nonmonotonic dose responses. Endocrine Reviews, 33(3), 378–455.

https://doi.org/10.1210/er.2011-1050

 

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