Desconexión digital o cómo garantizar el tiempo de descanso

El término conocido como "desconexión digital" generará un debate sobre las relaciones laborales en un futuro cercano. Este desafío ya ha entrado en la agenda de las grandes empresas con una nueva ley que, siguiendo la senda de Francia, regula este derecho para preservar el tiempo de ocio y descanso.

El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura. Por favor, inténtelo de nuevo más tarde. ¿Cuánto tiempo hace que no escuchas este mensajes? O, peor aún, ¿cuánto hace que tu smartphone no dice estas palabras? Desde que apagamos el despertador por la mañana hasta el último vistazo a las redes sociales antes de dormir, nuestros dispositivos están permanentemente operativos y dispuestos a recibir llamadas y mensajes. Según un estudio reciente del portal Rastreator, los españoles pasamos una media de tres horas y 51 minutos al día pegados al teléfono móvil. La misma encuesta refleja que 7,6 millones de personas se consideran ‘adictos’ a ello. 

No hay duda de que el teléfono móvil nos ha permitido mejorar nuestras comunicaciones -muy atrás quedaron los tiempos en los que las cabinas que ahora se acumulan sin sentido en las aceras eran una cuestión de supervivencia, cuando tenías que esperar que alguien llegara a casa para localizarlo- y ha facilitado también nuestro trabajo. Podemos estar constantemente enchufados a Internet, consultar nuestras redes y permanecer en contacto con nuestros seres queridos, nuestros jefes o nuestros clientes. ¿Pero cuál es el precio de permanecer conectados y disponibles a cualquier hora del día?

"Se vendió como un artefacto que nos liberaría de las cadenas; pero lo que realmente hace es alargarlas", escribe el escritor y periodista Sergio C. Fanjul en su libro Pertinaz freelance, en el que refleja el sentir de esos profesionales que son, probablemente, unos de los que lo tienen más difícil para apagar el teléfono móvil: no cogerlo podría suponer la pérdida de un trabajo o un encargo que, si no realizan, no cobran. Y, en un entorno donde la precariedad laboral es, por desgracia, una situación habitual -ya seas trabajador por cuenta propia o ajena- poner límites a una conectividad constante que la tecnología ya hace posible se torna complicado.

Sin embargo, algunos países ya han comenzado a legislar para que los trabajadores disfruten de su tiempo de descanso sin vivir pendientes de su teléfono. Francia fue una de las naciones pioneras en regular lo que se conoce como el derecho a la desconexión, incluido en su reforma laboral del año 2017. Aunque se trata de una legislación bastante abierta que deja la cuestión como algo a negociar entre las empresas y sus empleados, el Gobierno galo declaró que, con esta medida, su intención inicial era que el trabajador «no se sienta culpable por no abrir un correo electrónico de su jefe fuera de su horario laboral». 

Adicción al trabajo vs. desconexión digital

Aunque esta premisa pueda resultar un tanto inocente o fácil de conseguir, no lo es tanto. O, al menos, eso es lo que se desprende de las últimas investigaciones. Según un estudio de investigadores de la Universidad Jaume I, un 12% de los trabajadores españoles sufren algún tipo de adicción al trabajo -es decir, dedica más de doce horas diarias a actividades laborales en casa o en la oficina-. Incapacidad para delegar tareas en el resto de los compañeros, distanciamiento de las relaciones familiares y sociales, irritabilidad, ansiedad, problemas para conciliar el sueño… Son algunos de los síntomas que podrían indicar que somos workaholics, la palabra que utilizan los angloparlantes para definir este tipo de problema.

La situación se ha visto agravada, más si cabe, por la posibilidad que ofrecen las nuevas tecnologías de estar permanentemente en contacto con la oficina, incluso cuando estamos de vacaciones: las cifras de una encuesta realizada por la consultora Randstad refleja que casi tres de cada 10 personas no consiguen dejar de pensar en el trabajo durante sus vacaciones, un 15% sigue pendiente de llamadas de la oficina y el 8% sigue conectado través de internet.

Este verano que casi toca ya a su fin ha sido el primero en que los trabajadores españoles han podido irse de vacaciones con el derecho, reconocido por ley, a que su jefe, sus compañeros y sus clientes no les molesten en vacaciones. La Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales, que entró en vigor en diciembre del pasado año, reconoce la desconexión digital como una condición indispensable en las relaciones laborales por primera vez en nuestro país. En su artículo 88, esta nueva normativa reconoce que los trabajadores y empleados públicos tienen derecho a que se respete su tiempo de «descanso, permisos y vacaciones». Además, se pide a las empresas que elaboren políticas internas dirigidas a los trabajadores -incluidos los que ocupan puestos de alta dirección- para definir cómo ejercerán su derecho a la desconexión, con acciones formativas y de sensibilización del personal laboral para evitar el riesgo de fatiga informática y para usar la tecnología de manera razonable.

Aunque con los cambios laborales de los últimos meses -incluida la normativa para contabilizar las horas extra- aún muchas empresas no lo hayan puesto en práctica, el derecho de los trabajadores a la desconexión digital ya está sobre la mesa. Y, en un tiempo digital de hiperconexión, su cumplimiento se configura como algo imprescindible para que otros derechos laborales no retrocedan. Si no, la jornada laboral de ocho horas -conquista histórica de los trabajadores- volverá a ser una utopía... Eso sí, tecnología mediante.  

Etiquetas: Emprendimiento

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