El estrés infantil y la falta de conciliación laboral

Uno de cada tres hijos de padres trabajadores sufre ansiedad, una patología que afecta al 8% de la población infantil y al 20% de los adolescentes. Un mayor apoyo a la conciliación rebajaría este problema.

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Clases de inglés, alemán o chino, interminables tardes con el profesor de refuerzo o en el conservatorio, entrenamientos de fútbol, baloncesto u otros deportes de equipo… Todo ello sin dejar de lado los deberes del colegio. En los últimos años, los casos de estrés infantil han aumentado un 60% y no es para menos: las agendas de los niños se parecen cada vez más a las de un adulto cargado de trabajo. Y la clave para solucionar el problema, más que en los pequeños, está en sus padres.

Aunque no es, ni mucho menos, el único motivo de este aumento porcentual, la falta de políticas de conciliación familiar necesarias después de la incorporación de la mujer al mundo laboral tiene incidencia en esta cifra. Aunque aún queda mucho por avanzar hasta la igualdad real de género –que no llegará antes del año 2050, según Mercer, la mayor consultora de Recursos Humanos del mundo–, las empresas aún no han implantado las medidas necesarias para que padres y madres puedan compaginar su trabajo con el tiempo que pasan con sus hijos. Así lo ha revelado un estudio de Denken, un centro especializado en mindfulness como terapia para combatir problemas de ansiedad o estrés, que provee sus servicios a empresas. El ritmo de vida actual de los progenitores, con horarios incompatibles en muchos casos con un ritmo familiar, y la falta de apoyo en conciliación o de un entorno laboral saludable, repercute en la vida personal de los pequeños de la casa. 

¿Cómo saber si tu hijo padece estrés infantil?

Según el estudio, casi tres de cada diez niños con padres trabajadores sufren un aumento de la irritabilidad y cambios constantes en el estado de ánimo. «Cada vez recibimos más niños con problemas de estrés infantil derivados de horarios imposibles en los que los padres se ven desbordados y ellos, a pesar de su corta edad, también sufren estas consecuencias», explican los responsables del centro. Este es uno de los motivos por los que aumenta cada año el número de colegios que incorporan clases de meditación y mindfulness entre sus actividades educativas, con el objetivo de rebajar los elevados niveles de estrés de los niños de edades tempranas, especialmente en las grandes ciudades. Según la Sociedad Española de Estudios de Ansiedad y Estrés, las cifras se acercan al 8% de la población infantil y al 20% de los adolescentes.

Los síntomas, según describe el estudio, son «problemas para dormir, terrores nocturnos o hábitos nerviosos, irritabilidad y enfermar de forma habitual. Las consecuencias del estrés en los niños además no sólo son de origen físico, sino emocional y cognitivo». Esto se traduce en bajo rendimiento en las actividades de su rutina diaria, pérdida de concentración y desmotivación a la hora de realizar tareas no solamente académicas, sino en las labores de la casa o en sus momentos de ocio y diversión.

Los expertos recomiendan «observar la conducta del menor, mantener su vigilia y descanso intactos, regular su alimentación y fomentar vínculos de confianza». Para eso, claro, hace falta que sus progenitores estén muy pendientes, lo que se traduce en un tiempo del que muchos padres trabajadores, inmersos en el ritmo frenético de las grandes ciudades, carecen. Por todo ello, el estrés es uno de los principales el males del siglo XXI con el que debemos estar alerta para evitar que entre en nuestros hogares.

Etiquetas: Salud