Desdibujar las barreras de la discapacidad, una tarea pendiente

Comprar en un establecimiento, cruzar un paso de cebra o mantener una animada conversación con alguien son algunos de los gestos cotidianos, aparentemente sencillos, que pueden suponer todo un reto para las personas con diversidad funcional.

barreras de la discapacidad

Un par de escalones en un establecimiento impiden la entrada de un cliente en silla de ruedas, un semáforo sin señal sonora puede poner en peligro a una persona ciega que cruza la calle y una mascarilla que no permite leer los labios dificulta enormemente la comunicación a alguien con problemas de audición. Todas estas situaciones, por insignificantes que parezcan, forman parte de las barreras de la discapacidad.

Esto demuestra que, en muchas ocasiones, la falta de adaptación de espacios y entornos convierten en una tarea hercúlea, para unos, lo que para otros son simples acciones diarias, dejando en evidencia las desigualdades a las que se enfrentan las personas con discapacidad. La Organización Mundial de la Salud define este término como aquel que engloba “las deficiencias, las limitaciones de la actividad y las restricciones de la participación”, un fenómeno complejo en el que no solo intervienen las características físicas y mentales humanas, sino también las facilidades ofrecidas por la sociedad en la que conviven.

Según el Observatorio Estatal de la Discapacidad, son 4,12 millones los españoles que sufren  alguna diversidad funcional. Esta cifra corresponde al 9% de la población total del país. A escala de la Unión Europea, la cifra llega a superar los 80 millones de personas con discapacidad, en todos los Estados miembros.

Barreras de la discapacidad: causas y consecuencias

Las personas con discapacidad se enfrentan diariamente a múltiples barreras que impactan en su vida diaria. Estas barreras de la discapacidad suelen nacer de estereotipos, prejuicios y discriminación. La sociedad ve la discapacidad como una tragedia, como algo que se tiene que curar o prevenir, o como una indicación de la falta de capacidad para participar en la sociedad.

Si la discapacidad no se considera como una limitación, y se la concibe como una responsabilidad social por la cual todas las personas deben ser apoyadas sin tener en cuenta sus capacidades, se hace más fácil reconocer y abordar las necesidades de la gente con discapacidad. De no ser así, el colectivo se enfrenta a unas consecuencias que pueden impactar negativamente en su calidad de vida, como la exclusión social.

El riesgo de exclusión social de las personas con discapacidad

Este colectivo, además, tiene que enfrentarse a problemas estructurales que acarrean dificultades añadidas a su vida diaria. En todo el planeta, las personas con discapacidad obtienen peores resultados académicos y cuentan con una tasa de abandono superior (en el caso de España, del 43,2%) y encuentran más trabas a la hora de acceder a sus tratamientos o atención primaria en la Sanidad. Asimismo, reflejan un preocupante índice de paro, dado que las personas con discapacidad en situación de empleo apenas superan el 23,4% en nuestro país, según las alarmantes cifras facilitadas por el Informe de la Discapacidad en España, lo que las aboca a unas tasas de pobreza y de exclusión social muy elevadas con más de un 30% de personas discapacitadas en esta situación en nuestro país.

Las barreras de la discapacidad y la COVID-19

La crisis sanitaria desencadenada por la pandemia del coronavirus ha azotado todos los sectores y grupos sociales en el último año, un huracán de precariedad que se ha cebado particularmente con los colectivos más vulnerables como las personas con diversidad funcional. De esta forma, los binomios que ya presentaban mayores riesgos de desigualdad (como discapacidad + mujer, discapacidad + juventud, discapacidad + desempleo…) han incrementado aún más su brecha durante este periodo, agudizando las barreras de la discapacidad.

A pesar de que es un momento difícil para todo el conjunto de la sociedad, existen algunas vías que ayudarían a derribar muchas de las barreras a las que estas personas se enfrentan. Son propuestas del Observatorio Estatal de la Discapacidad para allanar esta carrera de obstáculos que libran hacia una igualdad patente y efectiva:

  1. La implementación de protocolos relativos a la COVID-19 que incluyan en la atención hospitalaria a las personas con discapacidad.
  2. El blindaje de las citas médicas relacionadas con procesos de rehabilitación y evitar la suspensión de tratamientos especializado
  3. La inclusión de intérpretes de lengua de signos en todas las comunicaciones oficiales televisadas a nivel nacional, regional y local.
  4. La adaptación de la señalización visual y carteles con información sobre el coronavirus para las personas ciegas y con información en lectura fácil y/o pictogramas para las personas con discapacidad intelectual.
  5. La planificación de las clases online teniendo en cuenta a los estudiantes con diversidad funcional, dado que la suspensión del modelo presencial suele dejarlos desamparados y les afecta en mayor medida que a los niños sin discapacidad.
  6. La garantía de que las entidades públicas tienen en cuenta a las personas con diversidad funcional y de que las incluyen como una parte activa de la reconstrucción social y económica del país tras la pandemia.

Europa por una igualdad real

Por su parte, la Comisión Europea expresó, a inicios de marzo de 2021, su deseo de proteger y garantizar los derechos del colectivo de personas con diversidad funcional. Para ello, se ha propuesto lanzar una tarjeta europea de discapacidad que pondrá el foco en la inclusión y en poner freno a la discriminación en los ámbitos social, educativo y laboral. Esta tarjeta se incluye dentro de una batería de medidas de la estrategia comunitaria de los derechos de las personas con discapacidad que la Unión Europea adoptará de cara a los próximos 10 años. Esta estrategia, está basada en tres pilares fundamentales: el disfrute de los derechos europeos, la defensa de una vida independiente y autónoma y la no discriminación con el acceso garantizado a una igualdad real de oportunidades.

barreras de la discapacidad

 

El informe de la institución europea incide en la importancia de que las personas con discapacidad tengan el mismo derecho que el resto de ciudadanos a la libre circulación. Para garantizar este derecho, la Comisión Europea se servirá de esta Tarjeta Europea de la Discapacidad, que tiene previsto lanzar a finales de 2023, un documento que facilitará el reconocimiento del estatus de discapacitado dentro de los Estados miembros para circular libremente entre los Veintisiete, desde una perspectiva de equiparación de derechos, desdibujando, de este modo, las barreras de la discapacidad existentes.

Del mismo modo, la Unión Europea se ha comprometido con esta estrategia a blindar la autonomía de los ciudadanos con diversidad funcional desarrollando una iniciativa para mejorar los servicios sociales y evitar la segregación de este colectivo en las áreas educativa y laboral. Helena Dalli, la comisaria europea de Igualdad, defendió en la presentación de esta estrategia que la crisis del coronavirus no debía ser una excusa para dejar a nadie atrás: "Debemos garantizar sus derechos y lograr una Unión de igualdad. Tenemos que aprovechar la crisis actual como oportunidad para construir una sociedad más justa, la Unión Europea debe ser un área común de respeto e igualdad de oportunidades”.

 

Pablo Rodríguez

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