Roser Batllé: «Si los niños toman parte en las soluciones, se convierten en ciudadanos activos»

Entrevistamos a Roser Batllé, pedagoga e impulsora del aprendizaje-servicio en España, una metodología que no solo forma a futuros profesionales, sino que educa a ciudadanos comprometidos.

Hay muchas maneras diferentes de entender la educación y, cada vez más, los maestros, profesores y pedagogos buscan formas más globales e integradoras de formar a los más pequeños para que, en un futuro, no solo sean profesionales sino también miembros a tiempo completo de la sociedad en la que viven. Roser Batllé es licenciada en Pedagogía e impulsora del aprendizaje-servicio (ApS) en España. Su labor educativa la llevó, en 2008, a ser nombrada emprendedora social de Ashoka para promover y difundir el ApS en nuestro país. Hablamos con ella sobre los beneficios de esta metodología educativa que, poco a poco, se está haciendo un hueco entre el profesorado. 

360: ¿En qué consiste el aprendizaje-servicio y cómo se engloba dentro de la educación tradicional?

Roser Batllé: Se trata de una manera de aprender haciendo un servicio a la comunidad. Es decir, frente a un problema o una necesidad social que los niños y niñas detectan, se articulan acciones solidarias para compensarlo, de manera que eso ayuda a desarrollar sus competencias académicas, educativas, morales, habilidades sociales, aptitudes y valores. Puede ser un problema medioambiental, de afluencia de tráfico, de soledad de los ancianos, de falta de reservas en los hospitales… Pero siempre del entorno o de la sociedad. Al tomar parte en la solución, los niños y niñas –también los jóvenes– se convierten en ciudadanos activos. El protagonismo de ese servicio a la comunidad recae en los niños y niñas que realizan estas acciones solidarias.

360: ¿Cómo se puede implantar esta metodología para que sea efectiva?

Roser Batllé: El aprendizaje-servicio aplica los conocimientos, capacidades, aptitudes, valores y destrezas a la resolución de un problema social. Por ello, la manera más sencilla de implementarlo sería que los centros educativos reconociesen cuáles son las acciones solidarias que ya llevan a cabo, ya las que muchas veces no les sacan beneficio académico. Es muy difícil encontrar escuelas, institutos, centros de formación profesional o universidades que no hayan realizado nunca acciones solidarias; el problema es que se desvincula del rendimiento académico como si no tuviera nada que ver, como si fuera una cuota de acción solidaria que el centro tiene que hacer por responsabilidad moral. Lo hacen de buen gusto, pero no le sacan todo el partido educativo que podría tener. Por ejemplo, una campaña de captación de fondos para llevar material de ayuda humanitaria al Sáhara puede dar pie a trabajar contenidos de Lengua, de Matemáticas, de Ciencias Sociales… Además, también se cultivan habilidades como el trabajo en equipo, la capacidad de expresarse en público y muchísimos más contenidos educativos que se movilizan al tomar parte una acción solidaria en la que los niños y niñas son protagonistas. Para una escuela, lo más sencillo es empezar con algo en lo que ya han trabajado o que tengan muy próximo y sacarle el rendimiento educativo. O al revés: si han llevado a cabo trabajo de campo –una observación de la contaminación de la playa o una investigación sobre el deterioro del bosque–, a lo mejor no han potenciado la parte de servicio a la comunidad. 

360: En la búsqueda de formar ciudadanos capaces de transformar el mundo, ¿qué agentes sociales son los principales responsables de promover el cambio?

Roser Batllé: Es importante remarcar que el aprendizaje-servicio, aunque es una metodología educativa, también es una herramienta de desarrollo comunitario porque fortalece el capital social de las poblaciones, de los barrios, de las comunidades, de los pueblos… En ese sentido, como fortalece a la ciudadanía, no solo interesa a los educadores, sino también a las entidades sociales, a los movimientos ciudadanos, a las asociaciones, a las ONG y, por supuesto, a las administraciones locales y autonómicas. No solamente es bueno para aprender –que lo es–, también se trata de una manera de potenciar la ciudadanía para que la gente, desde pequeños, se haga cargo y se responsabilice de los problemas y forme parte de la solución. 

Roser Batllé: «Una escuela de calidad e inclusiva no puede ser una escuela excluyente»

360: ¿Asociaciones y administraciones se han implicado lo suficiente en esta misión?

Roser Batllé: La Plataforma de Voluntariado de España (PVE) ha demostrado que lo entiende muy bien. En la redacción de la nueva Ley del Voluntariado le ha dedicado espacio a la aplicación del aprendizaje-servicio como una metodología que, desde la escuela, acerca a los niños y niñas a las entidades sociales y sus causas. Se considera, desde ese punto de vista, como una manera de familiarizarse con las organizaciones sin ánimo de lucro para que cuando tengan la edad de formar parte de ellas puedan hacerlo de manera informada. Por otra parte, las administraciones públicas también han tomado medidas específicas. Una de las más intensas es la del departamento de Educación de la Generalitat de Catalunya, que ha incluido en los últimos cursos de la ESO, a partir de este curso 2019-2020, una práctica obligatoria de aprendizaje-servicio. En el caso del Gobierno de Asturias, la implicación es diferente, pero también es decidida: está promoviendo unos contratos-programa que funcionarían como una especie de proyectos de innovación de cuatro años en las escuelas asturianas cuyo último año está dedicado al ApS para que los colegios conozcan e implementen esta metodología. Además, hay también una implicación creciente de los municipios. Por ejemplo, Hospitalet de Llobregat recibió en 2016 un premio de la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras por su política pública de promoción del aprendizaje-servicio y existe una red de ayuntamientos que promueven políticas públicas con municipios como Mataró, Barcelona, Coslada, Majadahonda, Alcalá de Henares, Pamplona, Portugalete…

360: ¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta actualmente el sistema educativo en España?

Roser Batllé: En primer lugar, hay que darle más importancia a la educación en valores, porque la obsesión que tenemos por las competencias no agota la educación: se puede ser muy competente y muy mal ciudadano. Si solamente pusiéramos el acento en las competencias estaríamos olvidando y marginando cosas que necesitamos para la convivencia de la sociedad. Además, deberíamos superar el divorcio que hay entre la inclusión y la calidad educativa. Una escuela de calidad e inclusiva no puede ser una escuela excluyente. El binomio inclusión-calidad tiene que estar unido con un pegamento inquebrantable porque, en caso contrario, estamos segregando en lugar de trabajando a favor. En definitiva, de lo que se trata es de recuperar la función social de la educación. No puede servir solo para mejorar el currículum de los niños –que también–, sino para mejorar la sociedad. Por último, otro reto que detecto en la educación formal es el trabajo en red. El colegio y el instituto son instituciones relativamente endogámicas y deben aprender a trabajar con las entidades sociales y con el entorno, aunque también existen organizaciones que no trabajan con la escuela. Para hacer un trabajo educativo realmente eficaz hacen falta muchas manos y, aunque el colegio juegue un papel central en la educación de los niños, no puede ser el único actor.

360: El economista Jeremy Rifkin habla de promover una civilización empática, un concepto que desde la Red Española de Aprendizaje-Servicio intentáis fomentar en los niños y niñas. ¿A qué se refiere y cómo ayuda a afrontar estos retos?

Roser Batllé: La civilización empática es una civilización que pasa del yo al nosotros, hace que la persona, como dice Rifkin, «se sienta pegada, formando parte del entorno». Por lo tanto, los retos del entorno son sus problemas también. Rompe con el individualismo de la sociedad actual, que lleva a la destrucción. Si buscamos la máxima comodidad para cada uno de nosotros, entre otras cosas, nos cargamos el medio ambiente. Hay que pasar del yo al nosotros de la misma manera que hay que pasar de una ética de la estricta justicia del ojo por ojo a una ética del cuidado: preocuparse por la vida, por las personas, por el medio ambiente, por las relaciones… Solo desde la ética del cuidado la persona puede hacerse responsable de lo que ocurre alrededor y no solo de sus propios asuntos. El aprendizaje-servicio es una filosofía educativa fuertemente influenciada por esta perspectiva, no es solo una metodología y una herramienta de desarrollo comunitario. 

360: La lucha contra el cambio climático es uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos en la actualidad. ¿Cómo se pone en práctica el aprendizaje-servicio en esta área?

Roser Batllé: Hay muchos ejemplos. Un proyecto de aprendizaje-servicio actual sería, por ejemplo, lo que se ha hecho con una campaña a nivel mundial de la Fundación Jane Goodall que se llama Movilízate por la selva y que promueve el reciclaje de móviles para reducir la demanda del coltán –el mineral que se utiliza en la fabricación de los teléfonos, pero que favorece la explotación de las personas y de los chimpancés–. El instituto de secundaria Pablo Ruiz Picasso de Barcelona ha transformado esta campaña en un proyecto de aprendizaje-servicio para los estudiantes de 4º de la ESO. Los chavales crearon su propia campaña de barrio, consiguieron 35 móviles para reciclar y, con ello, apadrinaron a dos chimpancés rescatados que viven en estado salvaje en Senegal. Esto implicó, por parte de los chicos, el estudio del coltán y su impacto económico y medioambiental en África, la búsqueda de información sobre la fundación… También aprendieron a montar una campaña de recogida, practicaron habilidades de comunicación y fabricaron elementos de difusión de la campaña, un trabajo académico notable en el área tanto de Ciencias como de Lengua en el que, además, han colaborado con una causa de esta envergadura. Estos chicos y chicas, por el barrio del que vienen, podrían parecer, a primera vista, necesitados de ayuda, pero con este proyecto ha demostrado que como ciudadanos pueden ayudar y aportar a los demás. 

Por Jara Atienza

Etiquetas: Entrevista

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